8.4.06

'SI LA GENTE NO VE CINE NACIONAL ES PORQUE NO REFLEJA LA REALIDAD'.

Por Ezequiel Fejler, especial para Babilonia Periodística

EL DIRECTOR DE 'PIZZA, BIRRA, FASO' CONVERSÓ CON EZEQUIEL FEJLER ANTES DE ESTRENAR SU NUEVO FILM, 'CRÓNICA DE UNA FUGA', QUE CUENTA LA HISTORIA DE CUATRO JÓVENES QUE ESCAPARON DE UN CENTRO DE DETENCIÓN DE LA ÚLTIMA DICTADURA. OPINA SOBRE LOS DIRECTORES Y LA CALLE, Y SE DEFINE EN POCAS PALABRAS: 'ME GUSTA HACER CINE Y YA ESTÁ'.

Adrián Caetano es un tipo común que hace películas. Es, también, un tipo común que entra al bar en bermudas y sandalias. Que se llena el brazo de pulseritas de feria hippie. Que escucha cumbia y no se pierde un partido de Independiente. Que pregunta "Cómo va, che" y se sienta como si fuera un amigo que nos llamó para contarnos algo.
Adrián Caetano es un tipo común que hace películas, pero sus películas no son nada comunes y tal vez, por eso él pueda seguir siendo como es. La primera, de hecho, fue tan poco común, que marcó un antes y un después en el cine nacional: "Pizza, birra faso", que hizo hace 10 años junto a Bruno Stagnaro. Como tipo común que es, le pone paños fríos al asunto. "Fue un quiebre relaivo, porque metió 120 mil espectadores, no fue un boom. A'Pizza...' creo que le dio más bombo la prensa que otra cosa". Tal vez sea cierto, tan cierto como que a partir de ese momento, y de otras películas como "La ciénaga" de Lucrecia Martel, y "Mundo grúa" de Pablo Trapero, se haya comenzado a hablar de un nuevo cine argentino que hoy, ya no es tan nuevo.
Caetano tuvo el guiño de la crítica, los festivales y los espectadores con "Bolivia" y "Un oso rojo"; hizo ruido en la tele con "Tumberos" y algo menos con “Disputas". Le gusta charlar y tomar café, como a la gente común, y tuvo la suerte o la habilidad de haberle escapado a las fotos, lo que le permite conversar sin que la gente se pare a mirarlo o a pedirle autógrafos.
"Es un problema cuando sos un tipo público y no tenés ganas de serlo. A mí me gusta hacer películas y ya está", define con la elocuencia de un vozarrón demasiado grave para sus 36 años, tal vez resabio de algunos cigarrillos de más.

LA OTRA HISTORIA
El tipo común que hace películas que no son comunes, estrena el 13 de abril una de las menos comunes de sus películas: "Crónica de una fuga" que cuenta la historia de un arquero profesional (Claudio Tamburrini), que fue secuestrado por los militares después de un partido, y que junto a tres detenidos logra escapar del campo de detención clandestino. El film está basado en el libro "Pase libre" del propio Tamburrini, que hoy vive en Suecia.

¿No te dio algo de miedo meterte con un tema tan grande como el de la dictadura?
En realidad, yo no me meto con un tema muy grande. Me meto con otra historia, que es la de cuatro pibes que se fugan. La época es el marco contextual. Lo que a mí me interesaba era la fuga de cuatro tipos, una historia que yo ignoraba y que mucha otra gente también.Bueno, pero el tema está.
Obvio. Pero no es más que el marco, la película no se trata de eso. Si yo tengo que contar la película digo que es la historia de cuatro jóvenes que fueron secuestrados ilegalmente durante un proceso dictatorial en la Argentina, de cómo estrechan lazos sin conocerse y deciden fugarse. Como dice el título, es la crónica de una fuga, no habla de la dictadura. Me parece que si sos grandilocuente, pecás de salame.

¿Qué dirías, si tuvieras que ser grandilocuente?
Que acá hubo un gobierno dictatorial y criminal que de lo único que se preocupó fue de instalar un modelo económico. Acá no es que vinieron los milicos para matar a los zurdos y ya está, o para acabar con la guerrilla y se le fue la mano. Acá vino un gobierno con directivas muy concretas de los Estados Unidos, para instalar un modelo económico que es el que padecemos hoy. No era el que había en los 70.
En ese momento había otra sociedad...Sí, y creo que de esa sociedad se perdió, entre otras cosas, la solidaridad. Yo no creo que la solidaridad exista, hoy en día, acá. Creo que esta sociedad es machista, represora y atrasada. y creo que de eso habla "Crónica...". Los personajes cuando son secuestrados entran vestidos como estamos nosotros ahora, y con los ojos vendados. Después se fugan totalmente en bolas y en posición simiesca, como si fueran monos. Es como una metáfora del retroceso que se produjo en la sociedad y la mentalidad de la gente durante la dictadura.
"Crónica..." deja un gusto a largo como otras películas tuyas... Es una fuga, lo que la hace un poco más esperanzadora y emocionante, pero a la vez tiene un dejo amargo. Primero, porque es evidente que así como ellos se escaparon la mayoría no lo hizo. Y además, porque los pibes que salen no son los mismos que entraron. Hay una frase muy linda de la película que dice 'Si nos queremos escapar tenemos que pensar como antes de entrar acá. Porque si pensamos como estamos pensando ahora, no 'salimos más'. Es como si ahora nos arrestaran por. estar fumando en zona de no fumadores. Nos meten en la cárcel y pensamos que nos largan mañana o en unas horas. Y pasa el tiempo, y pasa, y de repente estás tres meses ahí adentro. y seguís pensando que te van a largar mañana. Ahí te quebraron, te hicieron percha; te largan, y sos un salame.
¿Cómo fue la inclusión de Pablo Echarri en el elenco?
No parece un actor tuyo...Siempre quise que actuara en alguna de mis películas; hasta pensé en él para hacer "Un oso rojo". Después, me encontré con él por segunda vez cuando estaba trabajando en un guión que se llamaba "Caudillo", al que no le encontré la vuelta. Pablo es un tipo fenómeno, es hincha de Independiente como yo, coincidimos en muchas cosas. Me parece que es un gran actor y fue mi desafío ponedo en ese lugar. Además, el tipo estaba muy entregado, muy dispuesto a hacer un papel diferente. Acá hace de jefe de un grupo de tareas. Tiene bigotes, pelo corto, rapado. Hace de hijo de puta, pero seductor, que es la peor clase de hijo de puta. Digamos, no es el Echarri que las chicas o la tele están acostumbrados a ver.
Sin embargo, las chicas siempre lo quieren ver. Y tenerlo a él es tener a ese público sin querer...
No, está apuntado a tener ese público queriendo. Pero por sobre todo, para mí, Echarri es un gran actor. Igual, también es un gran actor Rodriga de la Serna, que es el protagonista. El papel más difícil lo tiene él, porque es un personaje que va sufriendo una transformación en la película.

TIEMPO DE REVANCHA
El tipo común que hace películas poco comunes tuvo trabajos bastante comunes o, mejor dicho, variados. De familia de metalúrgicos, trabajó de tornero durante un tiempo. "Me rajaron por quilombero, por militante", cuenta con orgullo. "Después laburé en mil millones de cosas, hasta que desemboquéen el cine. Fui panadero, trabajé en una fábrica de pastas, fui tachero. De todos aprendés un montón. Por ejemplo, en la panadería, el dueño nos hacía barrer la harina que se caía al suelo y tamizada para poder usada de nuevo. Y mirá que era un tipo de plata con una panadería muy bien puesta. Ves la miseria en todos lados."

¿Sentís cierta revancha al poder mostrar eso en las películas?
Puede ser, una mini revancha. Pero no es el motor. A mí lo que me mueve ahora es hacer películas..¿Estudiabas cine mientras trabajabas de otras cosas o lo hiciste después?En realidad, más que estudiar, tuve nna formación enorme de chico. Entre los 6 y los 12 años debo haber visto unas mil películas. Vivía en un barrio, en Montevideo, y tenía el cine a dos cuadras. Como era amigo del hijo del dueño, veía cine a patadas; y nunca pensé que iba a hacer películas. Lo que sí, empecé a fascinarme, era un creyente absoluto del cine. Quería ser un James Bond, me asustaban las películas de terror, me encantaban las de aventuras, siempre me hubiera gustado quedarme con la chica de la película. Y no siempre pude (risas).El tipo común que siempre quiso quedarse con la chica de la película tuvo una novia no tan común, cuando era adolescente. Ella, que estudiabá cine, lo convenció de que tenía una gran formación cinematográfica, mucho más grande de los que estudian. "Algunos de ellos no ven una puta película y quieren ser directores. Cuando estuve en Cuba, hablando con gente de allá, me di cuenta que hay una gran diferencia entre el "ser" y el "hacer". Hay gente que quiere ser director, no quiere hacer películas. Hay gente que quiere ser doctor, no quiere curar gente. Yo conozco a casi todos los directores de cine de acá, y la verdad que los que quieren hacer películas son muy pocos", se queja Caetano, quien considera que el cine argentino tiene bien ganado el prejuicio que pesa en su contra. "Si la gente no, ve cine nacional es porque no la refleja, no refleja la realidad", asegura. "Los directores de cine tienen que caminar por la calle y dejar de encerrarse en sus casas caras, Internet y las computadoras".

SOBRE HÉROES Y TUMBAS
¿No sentís contradicción al mostrar mundos tan hostiles desde una posición medianamente cómoda, como la que tenés detrás de una cámara?
No, no siento culpa de estar filmando eso. Tampoco me sale el progre bienpensante. No soy un tipo políticamente correcto. Es gente común y corriente que vive en otras condiciones.
Lo que hice fue observar; tengo contacto con ese mundo. De todos modos, tampoco están retratados comoratones de laboratorio, que es lo que suele hacer la gente que se mete con ese tema. Lo mejor es darle un marco de película, no caer en el documental y fascinarse porque un chabón roba o porque un pibe se droga o un niño pide en la calle. Para mí no hay fascinación por eso.

¿Por qué tus personajes están siempre al margen de la ley?
El otro día me pidieron que escribiera algo para la presentación de prensa de "Crónica...", y mientras lo hacía me di cuenta que me gustan los héroes y los inconscientes, aquellos que trascienden lo que son sin darse cuenta. Son los mejores héroes. Por ejemplo, estos tipos que se fugaron, mientras lo estaban haciendo no se dieron cuenta que estaban haciendo historia. Porque si vos decís 'vaya hacer historia' sos un pelotudo. Entonces, más que por fuera de la ley, mis personajes van por fuera del modelo ,de ser humano que esta sociedad propone: alguien que piensa, que planea, que dice me voy a recibir de tal cosa.Algunos de tus personajes tampoco tienen donde dormir.

¿Te pasó algo así a vos?
Puf, un montón de veces; viví en pensiones como algunos de ellos. En realidad, de Uruguay me vine para ácá, me fui a Córdoba, y otra vez volví. Soy bastante nómade. Y lo cierto es que no veo la hora de irme de Buenos Aires. Es una ciudad rarísima. Por un lado la adoro y, por otro, creo que no es el mejor lugar para vivir. Pero no por Buenos Aires en sí, sino por las ciudades en general. Siento una gran atracción por el campo, por la naturaleza.¿

Y por qué no te vas?
Tengo tres hijos y estoy separado dos veces. Si me voy, me alejo de mis hijos. Estoy anclado acá. Pero debe haber algo inconsciente mío de no tener algún lugar propio. Incluso en fa profesión de cineasta, todavía no tengo una obra. O quizás sí, pero es bastante despareja. Tengo algunas cosas en televisión, otras en cine. En realidad me gustaría dedicarme sólo al cine.

¿Tener obra es algo así como el "ser" del que hablabas?
Exacto. El tema es que hay que hacer para ser. Eso de 'pienso luego existo' es una estupidez enorme. Existí, después pensá. Si no existís no podés pensar.

TV: TE AMO. TE ODIO
El hombre común que no hace películas comunes, también hizo televisión; e hizo programas que, previsiblemente, fueron todo menos comunes. Tuvo una experiencia en el 7, pero el desembarco fuerte fue "Tumberos", que alcanzó los 20 puntos de rating en América, y más tarde con "Disputas", en Telefé. El factor económico fue una de las razones que lo llevaron a probar suerte en el nuevo medio. "En principio, debo partir de que tengo que trabajar para cubrir ciertas necesidades básicas", dice.

¿Te atrajo algo más de la televisión, además de lo económico?
La posibilidad de trabajar con actores profesionales. En realidad, ya había hecho algo antes, que era "La cautiva", en Canal 7. Ahí aprendí mucho de cómo se trabaja en televisión; en "Tumberos" ya conocía el proceso. El tema, en cambio, no me atrajo tanto: no me interesaba demasiado retratar el mundo carcelario. Me empezaron a atraer otras cosas, dentro de la trama. De hecho, "Tumberos" tiene más que ver con un delirio onírico que con el retrato de la cárcel en sí. Y me gustó la idea de ver a los seres humanos ahí dentro, la posibilidad de ver gente. Hay que ver gente, no realidades sociales ni verdades universales. Hay que ver gente y cuando vos ves gente, entre esa gente hay mundos, y ahí está lo atractivo: los mundos que hay adentro de cada gente.

¿No te dio algo de temor meterte en televisión?
La tele es una porquería. Y me puso en un lugar de exposición insoportable. Una vez me llamaron unos tarados de una radio de Mendoza porque había unos pibitos que se tajeaban, supuestamente emulando a "Tumberos". Y yo les dije que mejor hablen con los padres de los pibes, en lugar de conmigo.

¿Tenés algún proyecto nuevo para tele?
No sé, la verdad es que no me llaman a mí de la tele. Debe ser por las cosas que digo...

Periodismo de hoy

Por Tomás Eloy Martínez (Diario La República, Perú)

Hace tres décadas, durante el apogeo de la investigación de The Washington Post sobre el caso Watergate, lo que ya entonces se conocía como nuevo periodismo alcanzó su punto de máxima influencia y credibilidad.
Se puede disentir con lo que después hicieron Carl Bernstein y Bob Woodward, autores de aquellos memorables relatos impecablemente investigados, pero no con la decencia, la tenacidad, la eficacia en la información y la calidad en la narración que exhibió el Post al anudar los hilos de aquella historia.
Desde entonces, el periodismo narrativo ha tropezado y ha caído más de una vez, en los Estados Unidos y en otras latitudes, acaso por haber olvidado que narración e investigación forman un solo haz, una alianza de acero indestructible.
No hay narración, por admirable que sea, que se sostenga sin las vértebras de una investigación cuidadosa y certera. Así como tampoco hay investigación válida, por más asombrosa que parezca, si se pierde en los laberintos de un lenguaje insuficiente o si no sabe cómo retener a quienes leen, la oyen o la ven.
Solas, una y otra son sustancias de hielo. Para que haya combustión, necesitan ir aferradas de la mano.
Véase lo que sucedió con la historia de Watergate. Dos periodistas jóvenes, en pocos meses, alcanzaron notoriedad universal al desatar algunos nudos de corrupción y abuso de poder. Todo empezó por algo en apariencia insignificante: un robo en las oficinas del partido político de oposición. Y terminó con un hecho notable: la renuncia forzada del presidente de los Estados Unidos. El punto de partida era ínfimo; el resultado, en cambio, fue espectacular.
Una lectura superficial de ese fenómeno hizo que muchos llegaran a conclusiones también superficiales. Si un incidente pequeño podía, por obra y gracia de los medios, transfigurarse en una historia mayor, entonces, pensaron algunos, había que salir en busca del escándalo.
El periodismo narrativo parecía perfecto para alcanzar ese fin. Los dramas bien contados podían conmover e hipnotizar a millones.
En cuanto a la investigación, se llegó a pensar que era legítimo tejer trampas aquí y allá, corregir sutilmente la dirección de ciertos hechos, agrandar otros, inventar testigos, multiplicar las gargantas profundas. Así el periodismo fue convirtiéndose en mercancía lo que es, esencialmente, un servicio a la comunidad.
Suele evocarse con melancolía y con la admiración que se siente por lo que no se tiene aquel periodismo revolucionario de los tiempos en que empezó todo, hacia fines de los años 1950s. Creo decididamente que ese periodismo no era tan bueno como el que se podría hacer ahora, porque hay más talentos que entonces y, los que hay, están intelectualmente mejor preparados.
Lo que sucede es que hemos caído, todos a la vez, en las trampas de la fiesta neoliberal. No sólo van quedando pocos lugares donde publicar lo que se quiere escribir, sino que a la vez (y lo uno va con lo otro) cada vez hay menos empresarios dispuestos a arriesgar la paz de sus bolsillos y la de sus relaciones creando medios donde la calidad de la narración vaya de la mano con la riqueza y la sinceridad de la información.
Informar bien cuesta mucho dinero, porque requiere invertir un tiempo para el que a veces no basta una sola persona, e informar con honestidad roza con frecuencia intereses ante los que se preferiría estar ciego.
Lo que está enfermando a la profesión periodística es una peste de narcisismo. Una inmensa parte de las noticias que se exhiben por televisión están concebidas sólo como entretenimiento o, en el mejor de los casos, como diálogos donde las preguntas no están sustentadas por información.
Y entre las radios y los periódicos se ha creado un atroz círculo vicioso, que empieza o termina con entrevistas que las radios hacen a personajes destacados por los periódicos, para que éstos publiquen, a su vez, las reacciones de esos personajes, y así hasta el infinito.
Por supuesto, hay periodismos brillantes a los que nadie les ha encontrado mancha alguna. Un modelo a imitar es el de Seymour Hersh, del semanario The New Yorker, que fue el primero en desenmascarar las atrocidades del ejército norteamericano en Vietnam al contar la matanza de los aldeanos de My Lai y el primero también en sacar a la luz los abusos de la cárcel de Abu Ghraib.
Seymour Hersh ha salido airoso de todos los intentos por desprestigiarlo, y ha demostrado, una vez y otra, que el mejor periodismo narrativo se fundamenta en la investigación. Esa señal de eficacia superlativa sólo es posible cuando los textos se trabajan con tiempo y con recursos.
Los diarios de América Latina son, en su mayoría, reticentes a ese cambio mayúsculo. Conozco a empresarios que se afanan en competir con la televisión e Internet, lo que me parece suicida, publicando píldoras de información ya digeridas u ordenando infografías para explicar cualquier cosa, como si tuvieran terror de que los lectores lean.
La necesidad de cortejar a los poderes de turno para asegurar el pan publicitario ha convertido a muchos periódicos en meros reproductores de lo que dicen los edictos de los gobiernos u ordenan las empresas de propaganda.
Algunos de los mejores medios en los Estados Unidos olvidaron esa lección elemental cuando empezaron los abusos de la cruzada contra el terrorismo, y las historias de torturas en Abu Ghraib y en Guantánamo fueron lavadas por muchas aguas antes de saltar desde sueltos menudos en la décima página a crónicas bien informadas en la primera.
Narrar fue lo primero que hicieron los periódicos en el espacio que dejaban las noticias telegráficas. Narrar es todavía su razón de ser, porque para comunicar los hechos de la vida es necesario que las palabras estén impregnadas de vida, y eso se consigue sólo con un cuento bien contado.

7.4.06

ENCUENTRO CON FIDEL CASTRO: 'ESTE PAÍS PUEDE AUTODESTRUIRSE'.

ENTREVISTA DE IGNACIO RAMONET PUBLICADA POR EL DIARIO ´EL PAÍS´, DE MADRID.
IGNACIO RAMONET, DIRECTOR DE 'LE MONDE DIPLOMATIQUE', PUBLICA EN UN LIBRO SUS CIEN HORAS LARGAS DE CONVERSACIÓN CON EL PRESIDENTE DE CUBA.

Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia, ha concedido pocas entrevistas, y sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a lo largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel Castro, biografía a dos voces, resumen de la vida y el pensamiento del jefe de Estado de Cuba en cien horas de conversación. La primera se inició a finales de enero de 2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas páginas se publica un extracto de la entrevista acerca de la sucesión de Castro, de 79 años. Como dice el comandante, seguirá ahí "mientras lo decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo cubano".
El libro, de próxima aparición, se edita en Debate.Pregunta. ¿Cómo se encuentra de salud?Respuesta. Bueno, me encuentro bien. Por lo general, sí me siento bien, sobre todo me siento con energía, me siento con entusiasmo por las cosas. Me siento muy bien física y mentalmente. En esto seguramente ha contribuido el hábito del ejercicio; yo creo que el ejercicio físico no sólo ayuda a los músculos, ayuda también a la mente. (...)
P.El 23 de junio de 2001 sufrió usted un desmayo durante un discurso público, y el 20 de octubre de 2004 tuvo usted una caída, también en público, que le causó la fractura de una rodilla. ¿Cómo se ha repuesto usted de esos dos percances físicos?
R. Mire, como siempre, se ha especulado mucho con eso. Es cierto que, aquel 23 de junio de 2001, en un barrio de La Habana, en El Cotorro, bajo un calor intenso y durante un discurso que duró más de tres horas, transmitido en directo por televisión, conocí una ligera pérdida de conciencia. Algo muy venial. Fue un desvanecimiento ligero de apenas unos minutos, debido al calor y al sol excesivos. Unas horas después, los que allá, en Miami, ya lo estaban celebrando, se llevaron la sorpresa de verme reaparecer en un programa televisivo donde pude darle al pueblo, directamente, la versión auténtica de lo sucedido. (...)
P. ¿Y su caída en Santa Clara?
R. Sobre lo del 20 de octubre de 2004 ya he tenido ocasión de contarlo en una carta enviada el día siguiente al pueblo. Al finalizar un discurso en Santa Clara, fui afectado por una caída accidental. Algunas agencias y otros medios divulgaron varias versiones sobre las causas del accidente. Como protagonista, le puedo explicar con toda precisión lo ocurrido.Yo había concluido mi discurso alrededor de las diez de la noche. Varios compañeros subieron a la tribuna para saludarme. Estuvimos allí varios minutos y bajamos a reunirnos de nuevo por una misma pequeña escalerita de madera que usamos para acceder a la tribuna. Yo iba a sentarme en la misma silla que me habían asignado antes de que llegara mi turno en la tribuna, y caminaba sobre el pavimento de granito a la vez que, de vez en cuando, saludaba a los invitados al acto.
Cuando llegué al área de concreto, a unos quince o veinte metros de la primera hilera de sillas, no me percaté de que había una acera relativamente alta entre el pavimento y la multitud. Mi pie izquierdo pisó en el vacío, por la diferencia de altura. El impulso y la ley de gravedad, descubierta hace tiempo por Newton, hicieron que, al dar el paso en falso, me precipitara hacia adelante hasta caer, en fracción de segundos, sobre el pavimento. Por puro instinto, mis brazos se adelantaron para amortiguar el golpe; de lo contrario, mi rostro y mi cabeza habrían chocado contra el piso. (...)
Alrededor de las once de la noche, tendido sobre una camilla, me trasladaron en ambulancia hacia la capital. Algunos analgésicos, en cierto modo, aliviaron mis dolores. (...)La operación duró tres horas quince minutos. Los ortopédicos se dedicaron a reunir y ubicar cada uno de los fragmentos en los sitios que les correspondían a cada uno de ellos y, como tejedores, proceder a unirlos, cosiéndolos con fino hilo de acero inoxidable. Un trabajo de orfebrería.
Solicité a los médicos que no me aplicaran ningún sedante, y utilizaron anestesia por vía raquídea, que adormece la parte inferior del cuerpo y mantiene intacto el resto del organismo. Dadas las circunstancias, era necesario evitar la anestesia general para estar en condiciones de atender asuntos importantes. (...)
P. Yo quisiera, a este respecto, abordar el tema del porvenir. ¿Ha pensado usted en algún momento en retirarse?
R. Mire, sabemos que el tiempo pasa y que las energías humanas se agotan. Pero le voy a decir lo que les dije a los compañeros de la Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003, cuando me reeligieron presidente del Consejo de Estado. Les dije: "Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida". Y les prometí estar con ellos, si así lo deseaban, todo el tiempo que fuera necesario mientras tuviera conciencia de poder ser útil. Ni un minuto menos, ni un segundo más. (...)
P. La CIA ha anunciado, en noviembre de 2005, que usted padece la enfermedad de Parkinson. ¿Qué comentario le inspira esa "información"?
R. Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso, me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo: asesinarme. Si yo fuera un vanidoso, podría estar incluso orgulloso de que esos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera. Todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que inventaron es que tengo Parkinson. Dice la CIA que descubrió que yo tenía Parkinson. Bueno, no importa si me da Parkinson. El papa Juan Pablo II tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo el mundo. (...)
P. Usted va casi siempre armado, y como consecuencia de esa caída perdería, me imagino, el uso de su brazo derecho y la posibilidad de usar su arma. ¿Le preocupó eso?
R. (...) Dispongo de una Browning de 15 tiros. He disparado mucho en mi vida. Siempre he tenido buena puntería, fue una suerte, y la he conservado. En cualquier circunstancia, no temo al enemigo. Lo primero que quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo siempre usé. Ésa está al lado de uno. Moví el peine, la cargué, le puse el seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y dije: "Tranquilo". Eso fue al día siguiente. Me sentía con fuerza para disparar.
P. Usted, en varios de sus discursos y de sus entrevistas, ha evocado la cuestión de su eventual sucesión, de lo que ocurrirá en Cuba el día que usted no dirija este país. ¿Cómo ve usted el porvenir de Cuba sin Fidel Castro?
R. Bien, voy a tratar de ser breve sobre eso. Ya le conté los planes de eliminación física. Al principio, mi papel era más decisivo porque había que librar una batalla de ideas muy importante, había que persuadir mucho. Le dije que había prejuicios y que las leyes revolucionarias los fueron transformando. Había prejuicios raciales, prejuicios antisocialistas, todo el veneno sembrado durante mucho tiempo.
P. ¿Quiere decir que desde hace mucho tiempo ha pensado en una eventualidad de que pudiesen asesinarlo y ha tenido que pensar en lo que podría pasar?R. Ya casi me está preguntando por la sucesión.
P. Sí, sí, por la sucesión.R. Bueno, mire, al principio, con todos esos planes de atentados, yo tenía un papel decisivo, papel decisivo que no tengo hoy. Hoy tengo, tal vez, más autoridad y más confianza de la población que nunca.Nosotros, ya se lo dije, estudiamos todos los estados de la opinión pública. Seguimos con un microscopio los estados de opinión. Y le podemos decir los estados de opinión en la capital, por ejemplo, y en el resto del país, y le puedo presentar todas las opiniones. Aunque sean adversas. La inmensa mayoría nos son favorables.
El nivel de autoridad, después de cuarenta y seis años de lucha y experiencia, es más alto de lo que era. Es muy alta la autoridad de aquellos que luchamos y que hicimos la guerra, condujimos al derrocamiento de la tiranía y a la independencia de este país. (...)
P. Si usted, por cualquier circunstancia, desapareciera, ¿Raúl sería su sustituto indiscutible?
R. Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el buró político y lo eligen.Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación. Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas... Mucha gente con muchos méritos. (...)
P. Es decir, usted piensa que su verdadero sustituto, más allá de una persona, más allá de Raúl, sería más bien una generación, la generación actual...
R. Sí, ya son unas generaciones las que van a sustituir a otras. Tengo confianza, y lo he dicho siempre, pero estamos conscientes de que son muchos los riesgos que pueden amenazar un proceso revolucionario. Están los errores de carácter subjetivo... Existieron errores, y tenemos la responsabilidad de no haber descubierto determinadas tendencias y errores. Hoy, simplemente, se han superado algunas y se están combatiendo otras.Ya le dije lo que pasaría mañana; pero ya son nuevas generaciones, porque ya la nuestra va pasando. Ya el más joven, digamos, le he mencionado el caso de Raúl, es apenas cuatro años y tantos más joven que yo.
Esta primera generación todavía coopera con las nuevas que acatan la autoridad de los pocos que vamos quedando... Está la segunda; ahora, la tercera y la cuarta... Yo tengo una idea clara de lo que va a ser la cuarta generación, porque tú ves a los muchachos de sexto grado haciendo su discurso.
¡Qué talento hemos descubierto! Hemos descubierto miles de talentos, esos niños impresionan, impactan. No se sabe cuánto genio y cuánto talento hay en el pueblo. Yo albergo la teoría de que el genio es común, si no para una cosa es para otra, es para la computadora o es para la música, es para la mecánica; el genio es común y unos lo tienen para una cosa y otros para otra. Ahora, desarrolla y educa a una sociedad completa -eso es lo que estamos haciendo- y veremos entonces lo que da. Ésos son los ocho millones que después del primer año de "periodo especial" suscribieron: "Soy socialista".
Yo tengo mucha esperanza, porque veo con claridad que estos que yo llamo de la cuarta generación van a tener tres, cuatro veces más conocimientos que nosotros los de la primera y, más o menos, más de tres veces los conocimientos de la segunda. Y la cuarta debe saber, con todo lo que se está haciendo ahora, por lo menos, dos veces y media lo de la tercera. (...)
P. ¿Usted está diciendo que esta revolución no está agotada?
R. No hemos terminado ni mucho menos. Vivimos en la mejor época de nuestra historia y la de más esperanza de todo, y usted lo ve en todas partes. Es cierto, es correcto, yo estaría dispuesto a aceptar la crítica de que cometimos algunos errores de idealismo, quizá quisimos ir demasiado rápido, quizá subestimamos fuerzas, el peso de los hábitos y eso. Pero ningún país se ha enfrentado a ningún adversario tan poderoso, tan rico, a su maquinaria de publicidad, a su bloqueo, a una desintegración del punto de apoyo. Desapareció la URSS y nos quedamos solos, y no vacilamos. Sí, nos acompañó la mayor parte del pueblo, no le digo que todo, porque algunos se desalientan, pero nosotros hemos sido testigos de las cosas que ha hecho este país, cómo resistió, cómo avanza, cómo se reduce el desempleo, cómo crece la conciencia. (...)P. ¿Usted cree que el relevo se puede pasar sin problema ya?
R. De inmediato no habría ningún tipo de problema; y después tampoco. Porque la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La revolución se basa en principios. Y las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo.
P. Veo que no está usted preocupado por el porvenir de la Revolución Cubana; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos años del derrumbe de la Unión Soviética, del derrumbe de Yugoslavia, del derrumbe de la revolución albanesa, Corea del Norte en esa situación tan triste, Camboya, que se hundió también en el horror, o la propia China, donde la revolución ha tomado un cariz muy diferente. ¿No le angustia a usted todo eso?
R. Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la URSS, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crea que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás. (...)
En cuanto a China, es otra cosa, una gran potencia que emerge y una gran potencia que no destruyó la historia, una gran potencia que mantuvo determinados principios fundamentales, que buscó la unidad, que no fragmentó sus fuerzas. (...)
P. Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso revolucionario, socialista, en Cuba, puede también derrumbarse?
R. ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos.Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos.
Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos muy difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Y lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso.Habrá una participación cada vez mayor y seremos el pueblo que tendrá una cultura general integral. Martí dijo: "Ser cultos es el único modo de ser libres", y sin cultura no hay libertad posible, Ramonet.

6.4.06

INFORME SOBRE "RED BULL", ¿Te da alas?

POR TRATARSE DE UN TEMA DE SALUD PÚBLICA ANEXO INFORME DE KHALET GEBARA

Por Jorge Mier Hoffman, especial para Babilonia Periodística

RED BULL fue creado para estimular el cerebro en personas sometidas a ungran esfuerzo físico y en "coma de estrés" y nunca para ser consumido comouna bebida inocente o refrescante.
RED BULL ES LA BEBIDA ENERGIZANTE Que se comercializa a nivel mundial con sueslogan: Aumenta la resistencia física, agiliza la capacidad de concentración y la velocidad de reacción, brinda más energía y mejora el estado de ánimo. Todo eso se puede encontrar en una latita de RED BULL, la bebida energética del milenio..
Red Bull ha logrado llegar a casi 100 países de todo el mundo. La marca del TORO ROJO tiene como público a jóvenes y deportistas, dos segmentos atractivos que han sido cautivados por el estímulo que causa la bebida.
Fue creada por Dietrich Mateschitz, un empresario de origen austriaco que descubrió la bebida por casualidad. Sucedió en un viaje de negocios a Hong Kong, cuando trabajaba para una empresa fabricante de cepillos de dientes.
El líquido, basado en una fórmula que contenía cafeína y taurina, causaba furor en ese país. Justamente, imaginó un rotundo éxito de esta bebida en Europa, donde todavía no existía el producto, además de ver una oportunidad inmejorable de convertirse en empresario.
PERO LA VERDAD DE ESTA BEBIDA ES OTRA, FRANCIA y DINAMARCA la acaban de prohibir por ser un cocktail de muerte, que ocasionan sus componentes de vitaminas mezcladas con "GLUCURONOLACTONE", químico altamente peligroso, quefue desarrollado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante los años 60 para estimular la moral de las tropas acantonadas en VIETNAM, pues actuaba como una droga alucinógena que calmaba y paliaba el stress de la guerra. Pero sus efectos en el organismo fueron tan devastadores que fue descontinuado ante el alto índice de casos de migrañas, tumores cerebrales y enfermedades del hígado, que mostraron algunos soldados que la consumieron.
Y, a pesar de ello, en la lata de RED BULL aún se lee que entre suscomponentes está el GLUCURONOLACTONE, catalogado médicamente como un estimulante.
Pero lo que no dice la lata de RED BULL son las consecuencias de su consumo,que obligan a colocar una serie de ADVERTENCIAS:
1. Es peligroso tomarlo si después no haces un ejercicio físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardiaco y te puede
ocasionar un infarto fulminante.

2. Corres el peligro de sufrir una hemorragia cerebral, debido a que el RED BULL contiene componentes que diluyen la sangre para que al corazón le cueste mucho menos bombearla, y así poder hacer un esfuerzo físico con menos agotamiento.
3. Está prohibido mezclar el RED BULL con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una "Bomba Mortal" que ataca directamente al hígado provocando que la zona afectada no se regenere nunca más.
4. Uno de los componentes principales del RED BULL es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en un coma etílico; de aquí la hipertensión y el estado de excitación en el que te encuentras después de tomarla, como si estuvieras en estado de embriaguez.
5. El consumo regular del RED BULL desencadena la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles.

3.4.06

´CIENTOS DE PALABRAS´, UN ANÁLISIS SOBRE EL FENÓMENO JOAQUÍN SABINA.

Por Sergio Pujol, especial para Babilonia Periodistica

EL FENÓMENO SABINA NO SOLO SE VE REFLEJADO EN LA VENTA DE ENTRADAS PARA SUS CONCIERTOS.

Desde que irrumpió en el horizonte argentino, allá por finales de los 80, Joaquín Sabina no ha hecho otra cosa que afirmar sus vínculos con un público que lo agasaja hasta lo indecible. El hombre está en todas partes: en afiches fotocopiados anunciando “tributos” a su repertorio. En la radio y la tevé, obviamente (“La noche del 10” supo tenerlo ahí, puteando con salero). En discos de su amiga Chavela Vargas - él tuvo algo que ver en la recuperación de la gran cantante - y en uno que hizo, peleas y maledicencias de por medio, con Fito Páez.
Es cierto que su influencia sobre cantautores argentinos no es relevante, más allá de las bandas que lo recrean textualmente y alguna que otra referencia en el cancionero de Andrés Calamaro. Pero sobre el público argentino, Sabina ejerce un gran magnetismo. Como todo el mundo sabe, las entradas para su regreso, después de una ausencia prolongada y bastante dramática, se agotaron en pocas horas, y no hubo agregado de fecha suficiente para saciar la sed de Sabina que parece haber atacado a miles y miles de argentinos. (Si uno llama por teléfono para comprar tickets para cualquier evento musical o teatral de marzo, lo primero que escucha es una grabación que advierte que “Las entradas para Sabina están agotadas”).
¿Por qué pasa esto con Sabina? Para los que no compartimos los fervores por el autor de “Alivio de luto”, la pregunta es válida, acaso necesaria. Indudablemente, Sabina no es Arjona: ni sus canciones ni sus públicos parecen tener muchas cosas en común. Tampoco los usos sociales de uno y otro son los mismos. En ese sentido, Sabina no responde al modelo de cantante romántico popular. No es Arjona, entonces. No es el típico galán sonoro que circunvala el “te quiero, te querré”, y su llegada entre chicas de condición humilde es muy escasa. Sus canciones tienen otra aspiración: buscan perdurar - y evidentemente lo han logrado - por la felicidad de sus versos. En ellos observamos siempre un cierto valor literario, que él mismo se ha encargado de remarcar en artículos, poemas sueltos y entrevistas. (Cuando lo han ido a entrevistar a su casa, Sabina ha elegido la biblioteca como pintura de fondo). Decía hace poco al diario “El País”: “Como yo no tenía una gran voz ni era un excelente guitarrista, a los veinte años decidí que lo que podía aportar a la canción eran cientos de palabras”.
De este modo, Sabina se inscribe en un doble linaje: el de sus pares españoles y el de los maestros de la canción francesa. No es casual que de vez en cuando cite a Brassens o que en algunas de sus baladas rockeras recuerde un poco al último Gainsbourg. También admira, como puede imaginarse, a Bob Dylan y a Leonard Cohen (de este último tomó la idea para “Pie de guerra”, de su nuevo CD). Consciente como sus modelos de las dificultades de hacer poesía en los dominios de la canción, agregaba Sabina: “En estos dos años que he estado retirado de los escenarios he estado escribiendo sonetos, e incluso versos en revistas de actualidad, y me he dado cuenta de que las canciones no son sonetos, y no son poemas; si no nacen con la música puesta, no nacen. Ahora tengo claro, desde el primer verso, qué cosa es una canción y qué cosa no será jamás una canción”.

Después de Serrat
La apoteosis Sabina responde a una primera historia de amor: la de la clase media argentina con la canción española. Serrat, Victor Manuel, Paco Ibañez, Luis Eduardo Aute... Pasaron los años, se renovaron las generaciones, pero nunca faltó algún referente peninsular entre los más vendidos. Recientemente, lo hemos tenido a Ismael Serrano. Podríamos considerar esto como un pequeño triunfo de la lengua, y bien haría la Real Academia en premiar a estos cantantes solitarios que supieron filtrarse entre los géneros vernáculos y las tendencias internacionales. Recordemos: otras tradiciones cancionísticas tuvieron su cuarto de hora (la italiana, la francesa) y hoy son apenas disparadores de nostalgia. Los españoles, en cambio, se hicieron un lugar más estable.
A esa serie de cantautores más poetas que músicos - si bien Serrat fue, al menos en sus primeros discos, un melodista superior - Sabina se suma como expresión del Madrid post-franquista. No encontramos en su lírica los tonos de la resistencia cultural, ni las asignaturas de una España rota en dos, ni los modos elusivos para decir por medio de la canción lo que no podía decirse directamente. Por ejemplo, cuando Serrat cantaba “Poco antes de las 10” planteaba valientemente una realidad que la moral burguesa se resistía a aceptar : la chica le hacía creer a sus padres que seguía virgen, porque respetaba los horarios paternos. Sabina, en cambio, ya no tiene esos límites: pocos padres y ningún hogar hay en sus canciones. Y cuando le dedica una canción a una de sus hijas le dice, cariñosamente, “hija de puta” (“Ay Rocío”). ¿Escandaliza? No, él sabe cómo decirlo, calcula el efecto de sus palabras. La frontera que separaba lo que podía o no podía decirse se ha corrido, en un proceso de acelerada modernización: cocaína, erección, amantes despechados, eyaculación, hijas de puta...Pero esas licencias de modernidad - o de posmodernidad, con algunos guiños al cine de Almodovar - no son radicales, no incomodan, no perturban, porque las fábulas que canta Sabina son a la vez románticas y desprejuiciadas, privadas y emblemáticas. Esa medianía entre la vida burguesa y el corazón bohemio resulta seductora, y en algún punto indulgente: el cantante es como los tiempos que corren, como los tiempos que le ha tocado vivir. Sólo que él intenta seguir cantándole a los sentimientos, por más camuflados que estos estén: “En el diario no hablaban de tí...” es tal vez su mejor verso, de su mejor canción (“Eclipse de mar”), porque allí cruza con ingenio el mundo exterior de las noticias con la confesión más privada.
Esto no significa que sus canciones hayan encontrado eco rápidamente. Cuando aparecieron los primeros discos - Inventario, en 1978, y luego Malas compañías y Ruleta rusa - hubo algún malestar por esos retratos de vida finisecular que Sabina solía entonar en los pubs madrileños. De modo equidistante, el cantautor empezó su carrera irritando tanto a los abultados sectores conservadores de su país como a los rockeros más intransigentes. Para los primeros, se trataba de un pícaro moderno, pecador confeso y zumbón, indiferente ante los símbolos de la España de sacristía, que se alimentaba de la nocturnidad del destape español. Para el público más joven, en cambio, el cantante de Mentiras piadosas y Física y Química era un falso transgresor, un falso rocker, un “blando” que coqueteaba aquí y allá con los riffs y la crudeza del rock sin perder de vista el gusto de una audiencia amplia y un tanto amorfa. En estos términos fue juzgado y condenado en 1987 por la revista “Rock de Lux”: “Todo cargado de un trascendentalismo casero muy asequible al gusto de la generación PSOE, embobada ella con el adocenamiento más simplón”.
Sin embargo, para el público argentino aquellas acusaciones no hicieron mella, y Sabina, como una generación antes Serrat, encontró en Buenos Aires la mejor recepción, en parte favorecido por la chatura de los cantautores locales, y en parte porque supo combinar distintos registros culturales, del pop flamenco al rock and roll ; de las guajiras y sones al tango ; de la balada romántica a la balada blusera, todo con dicción y retórica bien españolas y sin generar mayores tensiones ni conflictos. Con bases instrumentales variadas, Sabina creó un mundo cancionístico inclusivo, amplio y tolerante, bastante pobre en términos musicales y con algunos hallazgos literarios. En una época de subculturas y ofertas musicales muy fragmentadas, el español logró llegar a una audiencia hispanohablante con una idea de canción moderna “bien escrita” y de indudable instinto etnográfico: su comedia humana rescató tipos y situaciones axiales de su país y de sus reflejos rioplatenses. En ese sentido, las “chicas” de Sabina son más universales que las de Almodovar.

Cerca del tango
La relación de Sabina con el tango resulta central en toda hipótesis que se tenga en relación a su éxito. No porque sus canciones ni su estilo interpretativo pertenezcan ex profeso al género porteño, sino porque sus historias, y las maneras empleadas para contarlas, son tangueras. ¿O acaso no es tanguero el angustioso balance que hace el personaje de “19 días y 500 noches”, una canción central en el corpus del español? ¿Cómo no encontrar empatía tanguera “Quién se ha robado el mes de abril” o en “Camas vacías”? También en sus peores canciones (“Así yo estoy sin tí”, por ejemplo) hay una voz que enuncia desde la soledad existencial del tango. En todos estos temas, los puntos de vista - el confesional de la primera persona y el apóstrofe de la segunda - nos resultan familiares, se acoplan fácilmente a nuestra literatura popular. Lógicamente, Sabina no apela al lunfardo, pero emplea su propio glosario y “malas palabras”, en un constante cruce de registros lingüísticos. Le gusta decir con Brassens: “Cada vez que se canta mierda asoma una flor por detrás”. ¿No es esa la flor de fango?
Mientras una nueva generación de poetas intenta renovar el tango-canción con resultados aún poco convincentes, y se sigue especulando sobre las continuidades entre la canción de Buenos Aires y el rock, Sabina ha sabido colarse entre el público argentino con su personaje de humo y alcohol y su repertorio de “corazón en los huesos”, como dice en “19 días y 500 noches”. Por ahora, todo parece indicar que sus canciones no serán desalojadas fácilmente.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...