29.7.06

A un año de la muerte del periodista Julio Nudler

UN COMPAÑERO DE IRREPROCHABLE HONESTIDAD INTELECTUAL

Por Adriana Meyer (*)

Los redactores nuevos suelen estar muy solos. Ya no hay maestros, dicen. Pero Julio Nudler se tomaba el trabajo de leer sus textos y hacerles algún comentario crítico o lapidario, como también elogioso, aunque sólo a unos pocos. Así se empezaba a gestar una relación que excedía el saludo de rigor pero que no pasaba de un ocasional rato de charla, siempre muy jugosa y ácida. Con el correr de los años esas conversaciones eran más una catarsis sobre los padecimientos cotidianos adentro de la redacción.
Quienes retomaron la herencia de la causa sobre la “mafia del oro”, que hizo famosos a colegas y funcionarios, tuvieron que acudir a él, que descubrió la veta del caso. Siempre parecía apurado, muy en lo suyo, pero con insospechada paciencia se sentó a traducir la esencia de la maniobra económica. Y con su talento lo logró, como en sus notas. Aunque un poco irascible, era un hombre de consulta y no sólo en asuntos de economía.
Quienes compartieron más de una redacción con él lo recuerdan como gruñón y provocador, incluso hiriente, y como un jefe muy exigente cuando le tocó ese rol.
Nudler no sólo era un referente en lo suyo, y una de las pocas plumas prestigiosas que fueron quedando en Página/12. Prefería seguir trabajando durante las asambleas, lo cual lo distanciaba de algunos compañeros. Lo suyo era individual, pero cuando hubo que poner el cuerpo lo hizo, como ocurrió durante una tanda de despidos en Clarín en 1982.
Nudler tenía cáncer, y a los sinsabores habituales del trabajo se le habían agregado en los últimos tiempos los “retoques” en sus notas, las sugerencias. Hasta que un día se cansó, y escribió un panorama económico en el que puso toda la carne al asador. Él mismo sabía que era mucho, pero quería provocar un hecho. Y se produjo: aquel panorama que cuestionaba la designación de Claudio Moroni en la SIGEN, y hablaba de su relación con el jefe de Gabinete Alberto Fernández, nunca fue publicado. Según explicó el periodista en una entrevista con lavaca.org, escribió un mail en el que relataba haber sido censurado para que los amigos no se preocuparan al ver que no aparecía el panorama, dada su grave enfermedad. “Y al escribir, fue saliendo todo”, explicó.
Nudler decía haber sido censurado porque describió “un acto de grave corrupción”, que en realidad era un “refrito” de varias notas suyas ya aparecidas en Página/12. La respuesta fue un editorial del diario contra el periodista, que la asamblea de trabajadores y la UTPBA repudiaron con firmeza. Ambos respaldaron a un “compañero respetado en el gremio y de una irreprochable honestidad intelectual”, con una “impecable trayectoria y que, como muy pocos, ha alcanzado un indiscutido prestigio entre sus colegas y lectores”. Se desató una vorágine que superó incluso al propio Nudler. Por esos días se quejaba que había quedado tapado el hecho que quiso denunciar.
La asamblea de Página/12 pidió el pronunciamiento de las organizaciones “que dicen defender el derecho a la información y la libertad de prensa”. La Asociación Periodistas estalló en pedazos por las disidencias que tuvieron ante el hecho, ocurrido a fines de octubre de 2004. Nueve meses después, el 27 de julio, su vida se extinguió. Había pasado catorce años en su último trabajo, donde llegó a ser jefe de la sección Economía. Se fue con la tristeza de la duda sobre cuán útil fue haber pateado el tablero.
Nudler no volvió a escribir el panorama de los sábados, y sus notas fueron menguando hasta casi desaparecer. Pero su impronta permanece intacta en la memoria de algunos que tuvieron el privilegio de conocerlo.

(*) Periodista de Página/12 y Marca de Radio

27.7.06

Las innovaciones tecnológicas

¿Globalización o globocolonización?

Por Frei Betto (*)

Vivimos en tiempos de globalización. Esta traduce el fenómeno actual: gracias a los medios de comunicación (radio, TV, Internet) el mundo se "encogió". Otrora, el futuro tardaba. De la ventana de la casa, veíamos la arquitectura externa modificarse con el cambio de la tienda por el supermercado; el antiguo bazar da paso a la comida rápida, la carretera gana en asfalto.
Hoy, por la ventana electrónica de la TV, el mundo se transforma cada segundo a nuestros ojos. La red de computadoras posibilita a un muchacho de São Paulo enamorar a una china de Beijing sin que ninguno de los dos salga de su casa.
Todos los días, miles de millones de dólares se transfieren electrónicamente de un país a otro en el juego de la especulación, ocupación de ricos, pasando de la Bolsa de Valores de Nueva York a la de Londres o de ésta a la de París.
Caen las fronteras culturales y económicas, se aflojan las políticas y morales.La generación de nuestros padres presenció la era de las invenciones (teléfono, radio, automóvil, etc.). Nuestra generación vive en la era de las innovaciones. Ahora tenemos Internet, TV de bolsillo, teléfono celular, etc.
Estas innovaciones tecnológicas rompen las barreras del tiempo y del espacio. Del tiempo, en la medida en que, en una cinta de video, podemos ver "viva" a una persona que ya murió. Del espacio, porque lo que pasa en China entra por la TV a la sala de nuestra casa.
¿Como valor, la globalización es positiva? De un lado, sí. Gracias a ella las guerras entre naciones se vuelven más difíciles. Basta ver el papelón que Estados Unidos y el Reino Unido hacen en Iraq. En nombre de la democracia, asesinan niños y torturan sin escrúpulos, y todo es exhibido en el horario de mayor audiencia.
La globalización tiene sus sombras y luces. Destruye las culturas propias de cada pueblo y nación, corroe los valores étnicos y éticos, privilegia la especulación en detrimento de la producción. Por otro lado, vuelve más vulnerable al capitalismo. Hoy, una caída de la Bolsa de Nueva York repercute en todo el mundo.
Bajo la avalancha electrónica que reduce la felicidad al consumo, entramos por dos callejones sin salida. El primero, el mimetismo: tendencia a imitar. "Lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para Brasil", dicen algunos. Nuestra cultura es reducida a mero entretenimiento de quien se acerca a la parafernalia expuesta en las vitrinas de los centros comerciales. Recorremos aceleradamente el trayecto que conduce de la esbeltez física a la ostentación pública de bienes, haciendo como que nada tenemos que ver con la deuda social.
Al segundo callejón se entra por el fanatismo religioso y por la intolerancia que insiste en ignorar el pluralismo y la democracia, no sólo como igualdad de derechos y oportunidades sino también como derecho de ser diferente.
Pero la globalización tiene sus luces. A Pedro Alvares Cabral le tomó 43 días para venir de Portugal a Brasil. Hoy, el viaje en avión dura nueve horas. En el siglo XIX, la encíclica social Rerum Novarum, del papa León XIII, demoró cuatro años para llegar a América Latina. Hoy, vemos instantáneamente lo que sucede al otro lado del mundo.
El "mundo, mundo, vasto mundo..." del poeta se transformó en una pequeña aldea -la aldea global, donde la TV aproxima a cada uno de nosotros a los hechos que merecen ser noticia.
En el siglo XXI, cerca de 6,5 mil millones de habitantes del planeta Tierra están tan próximos unos a otros que no es fácil que alguien pueda estar a solas, aunque esté solo, al menos que deje de lado su parafernalia electrónica: radio, CD, TV, móvil y ordenador.
Hay una mundialización de la economía. Las naciones-estados, económicamente autosuficientes, tienden a desaparecer. El presidente del Banco de Boston o de la Honda tiene más importancia -y poder- que el presidente o el primer ministro de muchos países. Los ejecutivos del mundo de los negocios acumulan más poder que los políticos del Parlamento o del Poder Ejecutivo.
Hay también una globalización de la pobreza: los países industrializados del norte del mundo albergan menos de un cuarto de la población mundial y consumen un 70% de la energía del mundo, un 75% de los metales, un 85% de la madera y un 60% de los alimentos, según informa la ONU. Del otro lado del mundo, más de mil millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar por día.
En la primera mitad del siglo XX, el capitalismo tenía interés en fortalecer el Estado, del que las grandes empresas "mamaban" recursos financieros, exenciones fiscales y privilegios legales (como aún sucede en Brasil). Ahora, las empresas transnacionales, que controlan la economía del Planeta, insisten en privatizar las empresas estatales. O sea, quieren debilitar el Estado y fortalecer el mercado: menos leyes, más competitividad desenfrenada.
Desde el correo y la previsión social, hasta la educación, redes hospitalarias y escolares, los neoliberales quieren privatizarlo todo, incluyendo playas, calles y el aparato policial: basta darse la vuelta y constatar el número creciente de calles cerradas con controles y garitas, y la multiplicación de empresas de seguridad privada. Corremos el riesgo de que todos los derechos sociales sean transformados en mercancías, a las cuales sólo tienen acceso quienes pueden pagar por ellas.
¿Son positivos los valores de la globalización? No siempre coinciden los valores que tenemos con los valores que queremos. La globalización tiende a destruir un valor importante: nuestra identidad como nación. Un brasileño no es igual a un estadounidense o a un hindú. Cada pueblo tiene sus raíces, su cultura, su modo de encarar la vida. ¿No es verdad que un nativo de Minas Gerais adoraría encontrar, al viajar por el mundo, un "tute" de frijol? ¿El nordestino no se muere de ganas de una carne de sol con frijol revuelto?
Es posible que, en el futuro, el mundo tenga un solo gobierno. Pero, antes, es preciso alcanzar la paz, y para ello no hay otro camino que la justicia entre los pueblos.

(*) Frei Betto es escritor, autor de "A Obra do Artista - uma visão holística do Universo".

26.7.06

Conmovedora carta de un palestino al soldado israelí capturado en Gaza

¿Gilad, te acordarás de nosotros?

Por Nasser Atallah Al-Falastiniya (*)

Sonríe, Gilad Shalit, estás en Gaza. Mira, tenemos un mar azul y pan caliente. Nos quedan también algunos niños que vuestras balas no han abatido, pero que sufren el hambre que les imponéis. Pero no te preocupes. Curaremos tus heridas y no dudaremos un segundo en recurrir a nuestra pobre reserva de medicamentos para darte los que puedas necesitar. Tranquilízate, Gilad Shalit, no te haremos ningún daño. Te pondrás bien. Y mañana, cuando vuelvas a casa, hablarás de nosotros. Escribirás tus memorias en calma, y verás a tu pueblo vivir próspero, con sus calles animadas y perfumadas por la flor del naranjo. Y si vuelven a tu mente imágenes de árboles caídos, de casas destruidas, de cementerios de adolescentes, de callejuelas obstruidas por los escombros y horadadas de cráteres, recordarás que todo eso es obra vuestra.
Aquí eres nuestro invitado, Gilad Shalit. A pesar de tu uniforme. A pesar de las órdenes que ejecutas, y de que te mandan a rociarnos con plomo y fuego. Como buen soldado, tu única preocupación es obedecer órdenes y cobrar tu sueldo cada fin de mes. ¿Sabes, Gilad Shalit, que a mí hace cuatro meses que no me pagan mi salario?
Con tu permiso, Gilad Shalit, vamos a conservarte algún tiempo entre nosotros. Para que vengas a mi casa y conozcas a mis hijos. Les preguntarás tú mismo de qué tienen ganas en ese momento, y por qué no pueden ir de vacaciones a lo de esos parientes que viven lejos, a quienes no se les permite venir a visitarnos. Le preguntarás al más pequeño por qué últimamente su papá es tan duro con él y sus hermanos. Te lo llevarás aparte, porque quizás en mi presencia no se anime a decirte que ya no se le da dinero. Fíjate, entrarás en la cocina y abrirás el refrigerador. ¡No te sorprendas, está vacío!
Conocerás a mi vecina. Viene a casa a menudo. Todavía no se ha recuperado de la pérdida de su marido, muerto estúpidamente cuando llevaba a casa el vestido comprado ese mismo día para festejar su primer aniversario de casamiento. ¡Tuvo la mala suerte de pasar por la calle El-Cheikh-Radwane [en Gaza] justo en el momento en que explotaba un coche alcanzado por tu aviación! A la vecina solo le quedará la pérdida de su amado, mientras que tú, Gilad Shalit, pronto estrecharás a tu novia entre tus brazos y la llevarás a bailar. Y olvidarás completamente que aquí tus manos han derramado la sangre de una inocente, que allí han derribado un árbol o desplomado el techo de una casa sobre sus habitantes.
No tengas miedo, Gilad Shalit, comerás lo mejor que tenemos… Por cierto, somos muy conscientes de que lo poco que tenemos no es digno de un soldado como tú, acostumbrado a tres comidas diarias equilibradas, acompañadas de esa agradable bebida estadounidense y seguidas de un buen postre. Pero sé indulgente, pues no sabemos ser como vosotros. Vosotros que nos habéis oprimido tanto, que habéis usurpado tanto nuestros derechos y que insistís en sembrar la muerte entre nosotros.
Gilad Shalit, sé que la potencia de tu ejército te hace sentir invulnerable, que tu Parlamento se ha movilizado al máximo por tu caso, que tus agentes y amigos se esfuerzan para conseguir devolverte a tu madre, que llorará de alegría cuando te estreche entre sus brazos, y a tu hermano que te hará un bonito regalo para aliviar tus sufrimientos y hacerte olvidar la difícil prueba que has atravesado. Quizás hasta te ofrezcan hacer un largo viaje para ayudarte a olvidar tu estancia entre nosotros. Pero nosotros, nosotros no deseamos que nos olvides, como tus dirigentes olvidan el dolor que infligís a nuestras madres y a nuestros niños. No queremos que olvides las casas destruidas, las calles intransitables, los árboles derribados ni los prisioneros que se pudren en vuestras cárceles e hinchan de dolor el corazón de los suyos. No queremos que olvides los cementerios, cada vez más grandes, donde están enterrados nuestros adolescentes. No queremos que olvides la consecuencia de vuestro bloqueo sobre nuestras reservas de medicamentos o de harina.
Pero recuerda, Gilad Shalit, que no te hemos traído para matarte, ni para asustarte, sino para que tus dirigentes sepan que nada podrán contra nosotros que no hayan intentado ya, y que la injusticia hace crecer en nosotros la fuerza de mover montañas.

(*) Traducido para Rebelión por Sebastián Risau

25.7.06

Rincón Literario

WAIT

Por Gabriel Schnitman

Otra vez es el mañana,
el placer se revuelca en un abismo peligroso.
Las musas brillan en la oscuridad y se disfrazan de colores,
tonos claros y agradables.

La quietud no se detiene,
atenta contra la razón y no se detiene.
Pretende romper el equilibrio y con destellos lo logra.

La palabra, el adiós, el aroma triste, tu receta, mi valor.
El idilio, la verdad, los baches que queman, mi ardor.
La salida, el dolor, las puertas abiertas, mí fuera de foco.

La espera detiene al caminante,
lo retrasa y lo entretiene.
Le habla del desamor y suspira bocanadas de recuerdos.

Y la plaza de tu infancia
y tu juguete preferido
y tu sabor olvidado
y tu primer cigarrito
y tu noche eterna
y tu maldito reloj
y los pañuelos de tu abuelo
y tu inocencia cordial
y tu prisión sin barrotes
y tus escritos encontrados
y tu espera que no llega.

18.7.06

TRASPAPELADOS

Por Fernando Neira

Terminó le Mundial. Y esto estimados lectores sabrán que no es ninguna novedad. Pero me parece que este acontecimiento es una buena bisagra para vislumbras ciertas cuestiones puntuales. Problemas que volvieron a afectar a la sociedad como por arte de magia y que durante el mes que duró el torneo permanecieron ocultas.

¿Por qué digo esto?, porque no me pareció haber escuchado a nadie reclamando por las decenas de chicos que mueren en el Gran Buenos Aires por consumo de Paco mientras Maxi Rodríguez clavaba un zapatazo en el ángulo del arquero mexicano y le daba la clasificación al equipo nacional a los Cuartos de Final de la Copa del Mundo.

Pero ahora que la clase Media-alta y Alta están de regreso y desempacaron las maletas parece que volvieron a tener tiempo para reclamos. Entre esos temas, como no podía ser de otra manera, el principal es: La falta de seguridad.
Todo esto desatado por el lamentable hecho ocurrido en pleno Belgrano cuando un tipo de buenas a primeras sacó un arma y mató a un joven de 18 años e hirió a otras tantas. O también el otro hecho repudiable donde un grupo de ladrones mataron a sangre fría a dos personas que festejaban un cumpleaños en una parrilla a puertas cerradas.

Ya dijimos que las casualidades en el ámbito político son casi nulas. Y tampoco pierdan de vista que estamos a poco menos de un año para las próximas elecciones presidenciales. Y que por supuesto “todo tiene que ver con todo”.

Otro de los temas que quedó postergado por el Mundial fue el de la instalación de las plantas de celulosa en Fray Bentos. Y es este tema es el que voy a tratar hoy.

Por lo que estuve notando, tanto en los medios como en parte de la sociedad se estuvo abordando el tema como si fuese un partido de fútbol. Tanto Mundial, tanta pelota dando vuelta que la gente se confunde.
¿Por qué digo esto?, porque tras la determinación inicial del tribunal de La Haya escuché a muchos decir que la “Argentina perdió”. ¿Cuánto perdió me pregunto?, ¿1-0, 2-1?.
Incluso un colega, que un poco en broma y un poco en serio, como suele escribir en su columna dominical del “gran diario Argentino”, dijo que “la Argentina fue a los penales por las papeleras y perdió por 14 a 1”. Argumentando que existía una conspiración universal previa contra nosotros y que por ejemplo el juez mexicano Bernardo Sepúlveda Amor votó en contra nuestra porque los eliminamos del Mundial. Todo esto como siempre con un poco de Azúcar y un poco de sacarina.

Así que vamos a tratar de aclarar el asunto.

Lo que el tribunal de La Haya dictaminó a fines de la semana pasada es que aún no hay pruebas concretas para frenar la construcción de las plantas.
Pero a mi consideración lo más importante fue que a las pocas horas de conocerse la polémica resolución, el tribunal le comunicó a la Argentina que tienen 6 meses para presentar todas las pruebas necesarias para comprobar las acusaciones que lanzó contra el país vecino sobre la contaminación de las celulosas y la violación del Estatuto del Río Uruguay.

Así que me parece que no debe tomarse tan a la tremenda la determinación sino que por el contrario hay que ponerse a trabajar muy fuerte (Basta de Evangelinas en bolas con pancartas), sino con especialistas, ambientalistas que comprueben profesionalmente todo lo que denuncian los vecinos de Gualeguaychu. Que por otra parte yo no tengo dudas que es cierto.

De lo que si tengo dudas es si en un principio las papeleras se hubiesen instalado en nuestras orillas, y los coimeados hubiesen sido los criollos, ¿habría igualmente tanto ambientalistas dando vuelta?, que lo veo perfecto, pero tampoco hay que se hipócritas.

Una de las cuestiones que tienen que fundamentar desde Cancillería, es la violación del Estatuto del Río compartido de 1975, y esto no sería muy complicado, simplemente sería cuestión de comprobar que Uruguay no lo respetó al decidir en forma unilateral la instalación de las plantas en los márgenes del río, sin los métodos de consulta previos.
Y el otro tema, básicamente el más complicado, que es comprobar que las papeleras una vez que estén funcionando vayan a contaminar.

Por qué insisto en que no nos tenemos que defraudar tras este revés del tribunal, porque:

- Desde el ángulo jurídico todavía se puede disponer del cese de las construcciones. Uruguay asume ese riesgo.
- El amplio plazo que le dieron a la Argentina, y no solo por el tiempo sino porque de esta manera el paso del tiempo influye indirectamente a desalentar la inversión extranjera en las plantas. Ya que puede transformarse en una inversión de riesgo.
- Con los plazos que se están tomando para dar el veredicto final (1 año más aproximadamente) las plantas no estaría terminadas, por lo tanto no empezarían a contaminar.

"Por lo menos así lo veo yo".-

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...