12.8.07

OTRA MIRADA SOBRE ´GRAN HERMANO´


Por Cesar Hazaki (*)





El programa de televisión Gran Hermano –exitoso en gran parte del mundo– gira en torno del eje inclusión/exclusión: los participantes son votados para quedar o salir expulsados. El formato se ha extendido a otros programas como Cuestión de peso, donde los participantes deben adelgazar semana a semana y el que no cumple queda afuera, en otros donde se trata de conseguir pareja o de bailar en busca de un sueño del que casi todos quedarán excluidos. En el orbe, semana a semana, en eventos televisivos, millones de personas toman partido para excluir a alguien. Lo notable es que el eje inclusión/exclusión propugna una identificación con el modelo social imperante.

Suele insistirse en que el discurso político ha decaído, que ya no produce efectos aglutinantes, apasionados en los ciudadanos; que hay un divorcio entre la población y la política. Sin embargo, la aceptación de la ideología predominante no se establece sólo de manera directa: muchas veces las propuestas mediáticas, sobre todo esas que hacen estallar pasiones masivas, hablan para y por los poderosos. Nos hacen ver lo que necesitan imponer en el día a día en la cultura del sometimiento.

Los exitosos Gran Hermano, con su eje en el par inclusión/exclusión, ponen en evidencia el darwinismo social con el que el poder procura someter a los excluidos y amenazar a los incluidos. El modelo social se hace entretenimiento masivo. Este proyecto de supervivencia del más apto abreva en las ideas de Malthus y Herbert Spencer, quien, en el siglo XIX, sostuvo: “Me limito a desarrollar las opiniones del señor Darwin relacionadas con la raza humana. Sólo aquellos que progresan llegan finalmente a sobrevivir y son los seleccionados de su generación”. Una clara división entre winners y losers, que establece como premio la inclusión social para los primeros y la desaparición de la vida comunitaria para los segundos.

¿Qué hace el público cuando asume un rol protagónico en la exclusión, cuando decide que una persona debe ser expulsada? Por de pronto, su “voto” lo constituye como consumidor: él debe pagar por su elección. En su subjetividad, se dan identificaciones que lo llevan a ser parte del proyecto. En éste, hay un adentro y un afuera. Y el consumidor-votante actúa con pasión: “Vos quedás afuera y yo, entre muchos miles, lo decido”. Pero el que quede afuera estará allí por sus propias dificultades o limitaciones.

El drama de la exclusión social se transforma así en una ordalía, una aventura: cada participante podría torcer ese destino si acertara con las actitudes adaptativas correctas. La transparencia de la exclusión mediática solicita explicar en forma exhaustiva, sesuda, las razones, los pecados que cometió el que queda afuera. Se lo echa porque no merece estar en esa comunidad. Es un inadaptado social, un perdedor.

En los noventa, el neoliberalismo necesitaba una ciudadanía que aceptara el desguazamiento del Estado y los índices de desocupación en alarmante aumento que vendrían. Se trataba de preparar a los ciudadanos para que no se indignaran ante la desigualdad creciente. El miedo a la desocupación fue el eje del sometimiento social. La televisión aportó lo suyo. Mientras los padres eran ganados por Grondona y Neustadt, hubo una propuesta dirigida especialmente a los jóvenes: los bloopers –también una moda mundial entonces–. Se trataba de disfrutar con un humor que sólo era una expansión sin límite del sadismo dirigido contra el débil. Para el poder era necesario un tipo de humor que reiteraba la celada a un inocente, un castigo que la víctima no sabía por qué debía recibir; y la traición era realizada por amigos. Había un correlato entre ese espectáculo y el proceso neoliberal que propugnaba la ruptura de todo tipo de lazo solidario para realizar, sin costo, la exclusión social que el capitalismo necesitaba.

Si durante la dictadura militar, la fórmula que sintonizaba con el poder era “Algo habrán hecho”, ahora “Es una jodita para Tinelli”: se trataba de reírse de la desgracia ajena. Aquella frase paradigmática justificaba la crueldad más terrible, dirigida hacia una sola persona y que contenía en sí los estereotipos del machismo. Con ese plafond, el menemismo completó el trabajo que la dictadura había dejado sin terminar.

Las transformaciones tecnológicas permitieron que los espectadores hayan dejado atrás la pasividad ante la pantalla que dominaba la inicial cultura televisiva. Hoy la velocidad e inmediatez de la comunicación necesita que el espectador sea un actor (de reparto) imprescindible en los medios. Pero las políticas de seducción que desarrollan los medios hacen jugar, en el entretenimiento, fenómenos masivos que son parte de las políticas neoliberales.



Gala de exclusión social



Tomemos por caso la “velada de gala” de Gran Hermano: históricamente, se trató de un tipo de reunión de las clases dominantes; retrotrae a lugares exclusivos y de selectivo acceso. Smoking, frac, vestidos largos; brillo y riqueza. La fiesta era a puertas cerradas, y el pueblo, “la chusma”, sólo podía ver entrar o salir a los elegidos, comentar quién venía con quién, admirar sus joyas, tomar partido por alguno, rechazar a otro.

Recogiendo esa tradición aristocrática, la partida de uno de los participantes se concreta en una “velada de gala”. El televidente que, por teléfono o por mail, excluye a alguien, se cree un partícipe más de la velada de gala. Así el proceso de identificación ha realizado todo el camino que el poder requiere. El televidente ha sido cooptado por la ideología del poderoso. Al votar (con más pasión que en una elección de diputados), está identificada con un modelo que banaliza la exclusión social.

Por vía del entretenimiento, se ha identificado con el agresor. La seducción del poderoso ya está en sus deseos y en sus actos. Acepta las reglas del juego, que lo llevan a aceptar y banalizar la injusticia social. Este circuito subjetivo va sumando voluntades para que la sociedad civil se incline hacia la aceptación creciente de la resignación.

Dado el contexto mundial de segregación, superpoblación y desempleo creciente, ¿por qué muchas sociedades que, en otros momentos históricos, rechazaron la injusticia y la exclusión, hoy asumen estos costos sociales sin mayor dificultad? Christophe Dejours, en La banalización de la injusticia social (ed. Topía), dice: “En 1980, frente a la creciente crisis del empleo, los analistas políticos franceses preveían que el número de desocupados no podría tolerar un índice del 4 por ciento de la población económicamente activa sin que surgiese una crisis política de envergadura, con disturbios sociales y movimientos de carácter insurreccional capaces de desestabilizar al Estado y la sociedad en su conjunto.

Ocurría, en esos años, lo mismo en Japón: los analistas políticos preveían que la sociedad japonesa no podría asimilar, ni política ni socialmente, una tasa de desempleo superior al 4 por ciento. Los franceses, como la mayoría de las sociedades del denominado Primer Mundo, pueden soportar hoy sin graves conflictos un 13 por ciento o más de su población desocupada”. Sigue Dejours: “Hay en Francia un cambio cualitativo de la sociedad en su conjunto que implica una atenuación de las reacciones de indignación, cólera y la justicia. Atenuación paralela al surgimiento de reacciones de reserva, duda y perplejidad o franca indiferencia, junto con una tolerancia colectiva a la inacción y una resignación frente a la injusticia y al sufrimiento del otro”.

Parafraseando a Dejours, podemos decir que esos programas son una preparación psicológica para soportar la infelicidad y colaboran en anular cualquier acción contestaria. Jugar a ser verdugo del que se ganó su ejecución es incorporarse a la banalización del mal, eje de las políticas del darwinismo social; es agregarse a los que resuelven sin dolor ni indignación cuánta gente debe quedar afuera de la distribución de bienes materiales y simbólicos. Las audiencias, al votar en la velada de gala, actúan las razones del exterminio. Claro que, para el poder, la mayoría de los televidentes son tan prescindibles como los expulsados.



(*) Extractado del artículo “La ordalía mediática de la exclusión”, que aparecerá en el próximo número de la revista Topía. Psicoanálisis, sociedad y cultura.

8.8.07

Pudo ser Fontanarrosa

Le pusieron Cablevisión al campeonato. Pudo ser Fontanarrosa. Pero al final, en un alarde de sinceridad, le dieron ese nombre al engendro miserable parido al cabo de la cópula del diablo con una bruja borracha.


Por Victor Hugo Morales

Le pusieron Cablevisión al campeonato. Pudo ser Fontanarrosa. Pero al final, en un alarde de sinceridad, le dieron ese nombre al engendro miserable parido al cabo de la cópula del diablo con una bruja borracha. Padres de una criatura desvalida, desamparada, la televisión del fútbol y los demás firmantes se levantan como un ejército de Hulks que aparece de atrás de la montaña y cada vez se hace más grande e invencible. Las modestas hondas y las pequeñas lanzas de madera de los aficionados, eso que vienen a ser sus protestas a los pocos medios que pueden escucharlos, están vencidas de antemano. Millones de excluidos, otros cientos de miles de rehenes del cable, el botín de decodificadores, nuevos abonados y el eterno robo perpetrado al fútbol se consuman en una lucha desigual.
Ante la batalla absurda –todo se resuelve con los Hulks caminando por encima del ejército derrotado– el Gobierno mira para otro lado y el periodismo cautivo aplaude frenéticamente. ¿Se puede hacer periodismo contando el miserable robo de un arquero suplente, diciendo que Estudiantes ganó un intenso partido y que Vélez se mandó una pequeña hazaña? Más del 90 por ciento de los actores de la noble profesión están en la onda. Y como se puede, se hace. El arte de disimular. Periodistas enérgicos (gente que parece decir la justa) se ocupan de los árbitros y los líneas, hablan de las barras bravas, discuten sobre las tácticas y el fútbol que le gusta a la gente, y pasan por caja a fin de mes, lo más campantes. El Gobierno sabe quién es Grondona, nadie puede no saberlo en el país. Trata diariamente con las empresas que lo dominan. Saben cuánto grupo hay en el asunto. Pero no está dispuesto a dar la batalla. Sueña, quizá, con destruir a un gigante que al final, lo sabe, le jugará siempre en contra, una vez consumados sus caprichos, y calmada su voracidad, pero no se anima.
El coraje del atril famoso conoce sus límites. Es esa inteligencia su debilidad moral. El Real Madrid, sólo el Real, recibió por sus contratos para 2007, unos cuatro mil cuatrocientos millones de pesos argentinos de Mediapro, la empresa que compra fútbol en España. El Atlético Madrid, más de 1.200 millones de pesos. Basten esos ejemplos –y no haga la suma, para poder hacer la digestión– para calibrar la estafa perpetrada cuando se menciona los 180 millones que recibe el fútbol argentino.
Los pobres dirigentes, cómplices o incapaces, no conocen los contratos. Esperan sentados algún viaje de familia a los próximos partidos internacionales o la jauja de los chárters del Mundial. Todo lo firman, nada desaprueban. La gremial de jugadores observa en silencio cómo son explotados por un mercado deprimido, esperando que algún pase los eyecte del país. El torneo se inicia al cabo de una sangría que lo arroja en los brazos de la indigencia. River roba un arquero de la reserva por la madrugada.
El técnico de Racing no sabe con qué jugadores cuenta para el debut. Boca y River no se pueden dar un sólo gusto y, si se va Riquelme, el mayor atractivo del campeonato –eso es bueno– es la ausencia de favoritos. La televisión ahora pasa diez partidos cuando hace un año, sólo un año, Grondona proclamaba que de ninguna manera se estaba estudiando dar el séptimo. Eran los días en los que aseguraba que los 180 millones que ofrecía el Hulk mayor del país, no alcanzaban para nada. Trescientos días después, los partidos son diez, y la plata es aquella que para nada servía a los clubes. El único drama de la vida de Grondona son los archivos con esa voz suya diciendo cualquier disparate que luego corrige o al revés, o todo al mismo tiempo. Serio, sincero, paternal, inimputable. Los juveniles ascienden sin quemar etapas.
Se compran jugadores del ascenso. Se repatría a los que se hastían de andar por el mundo y ya no pueden hacer una diferencia económica que lo justifique. Se arman de nuevo equipos que durarán cuatro meses. Y los periodistas, sobre todo los que nunca podrán mencionar la estafa, los grandes simuladores, dirán que se juega pegándole de punta y para arriba y criticarán a los sanjuaninos porque no tienen grandeza y se plantan defensivamente en la cancha de Boca. Le llaman Cablevisión al campeonato. Pudo ser Multicanal, TyC, Tricsa, Torneos y Competencias, un par de nombres de radios o de diarios. Estaba bueno para ponerle Fontanarrosa. Negro Fontanarrosa.
¿No suena lindo? Pero así está bien. Que le llamen Cablevisión. ¿Acaso un señor García, cuando pone un boliche, no lo bautiza Casa García? Cablevisión y hermanos S.A. en una puesta en el aire de Julio Grondona, con la asistencia de los dirigentes fulanos de tal, y la aquiescencia de los artistas que serán usados, presenta el Apertura 2007. Dale que va, dale nomás. ¿Será verdad, al menos, que allá en el horno nos vamo a encontrar?

2.8.07

Romea y Julieto

Debería darse por confirmado que el llamado kirchnerismo fue concebido por Montescos y Capuletos –es decir, por presuntos contrarios– en medio del último gran tumulto nacional.

Por Edi Zunino

“¡Cómo enseña a brillar a las antorchas! En el rostro de la noche es cual la joya que en la oreja de una etíope destella... No se hizo para el mundo tal belleza. Esa dama se distingue de las otras como de los cuervos la blanca paloma.” Romeo Montesco (En Romeo y Julieta, de William Shakespeare.)

“Que no tenga dudas el país, que se viene un gobierno mucho mejor del que me tocó llevar a mi adelante, que se viene la profundización del cambio. Cristina será el nuevo amanecer de la Patria”. Néstor Kirchner (En la Casa Rosada, 20 de julio de 2007.)

“¡Sí, está amaneciendo! ¡Huye, corre, vete! Es la alondra la que tanto desentona con su canto tan chillón y disonante. (...) ¡Vamos, márchate, que la luz ya se acerca!” Julieta Capuleto (En Romeo y Julieta, de William Shakespeare.)

“A usted, Presidente, los argentinos no lo van a olvidar. Lo único que espero, y permítanme un ejercicio de egoísmo personal –porque todos somos un poco egoístas-, espero que no lo extrañen demasiado”. Cristina Fernández de Kirchner (En el Teatro Argentino de La Plata, 19 de julio de 2007.)

Debería darse por confirmado que el llamado kirchnerismo fue concebido por Montescos y Capuletos –es decir, por presuntos contrarios– en medio del último gran tumulto nacional. Ahí está para comprobarlo una extensa fila de ex montoneros, ex menemistas, ex duhaldistas, ex cavallistas, ex frepasistas, ex piqueteros, ex radicales y otros ex que, abdicando prolijamente de sus pasados políticos, buscan convertir en un éxito rutilante la estrategia que debería convertir a la actual Primera Dama en presidenta y al Presidente, en novedosa primera dama. Al cabo del reciente viaje de Cristina K a España, el historiador y a la vez subdirector de Relaciones Internacionales del diario El País, Miguel Angel Bastenier, acaba de definir la movida en los siguientes términos: “Mejor Kirchner-Fernández que Kirchner y Cia o que el kirchnerismo, para lo que es un poco pronto, aunque exista un evidente afán de que todo esto acabe en un kirchnerato.
Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner, senadora, 54 años bien llevados con ayuda de la ciencia, es la primera piedra de un intento de ocupación a largo plazo de la jefatura del Estado por un matrimonio político, que puede llegar a rivalizar con otra pareja histórica, la del coronel Juan Domingo Perón y su esposa, la ex actriz y pasionaria de los descamisados, Eva Duarte”.
En síntesis, y más allá de algunas albricias públicas expresadas por la dirigencia hispana, lo cierto es que la visión eternizadora de los K ya trascendió las fronteras. Y promete convertirse pronto en materia de debate en más de un foro académico internacional. A Cristina se la ve un tanto crispada a la hora de explicar el experimento. Desde el lanzamiento de su candidatura en un teatro de La Plata hasta su estreno en la Madre Patria, debió entretenerse en aclaraciones como las que siguen: u “De aquí en más, soy Cristina Fernández o Cristina a secas”. u “Todo lo que soy me lo gané en elecciones”. u “Yo no quiero heredar nada de Evita ni de Kirchner”.
Es complejo el dilema de la señora. Como el joven Romeo al enterarse de que la hermosa Julieta era una Capuleto, a nuestra ya madura Romea parece erizársele la piel cuando alguien “descubre” que su amado Julieto –un “hombre poco común, aunque no un héroe”, según ella misma– es un Kirchner, con quien está casada desde 1975 y a quien casi seguro deberá aceptarle el bastón de mando el próximo 10 de diciembre.
El dislate no parece tener otra válvula de escape posible que el desarrollo, más temprano que tarde, de dos alas coincidentes y a la vez competitivas en el seno del Frente para la Victoria: algo así como un “nestorismo” por un lado y un “cristinismo” por el otro, polos que hace rato vienen insinuándose, aunque sin conflicto, acaso para ir abriéndole espacio a su nominación.
El problema de la política es que aquello que se actúa a paso de comedia en las alturas del poder, suele traducirse como tragedia cuanto más se llega a la base de la pirámide. Lo que por arriba “se dice”, por abajo “se hace” sin medir costos o consecuencias Traduzcamos: cuando Cristina niega su parte de Kirchner, está avisándole a un montón de kirchneristas que su tiempo en la función pública va llegando a su fin. De hecho, en el Teatro Argentino de La Plata lo hizo sin demasiados rodeos al criticar al propio entorno de su esposo porque ninguno de esos caballeros hubiera dado el paso al costado que él dio, habiendo podido quedarse otros cuatro años. Traduzcamos un poquito más: si Cristina dijo lo correcto, ¿por qué sería de esperar que la mayoría de los candidatos a futuros ex ministros o ex secretarios se vaya a casa sólo dando las gracias? El armado de las listas legislativas para las elecciones de octubre estará signado por esas tensiones. Se pregunta el editorialista español M. A. Bastenier, ya citado más arriba: “¿Qué queda de aquel peronismo en la actual versión de Cristina Fernández? ¿Una socialdemocracia europeizante en un conventillo?” Romea y Julieto. Versión sureña de la obra de William Shakespeare. No se la pierda. Está para alquilar balcones.

31.7.07

Entrevista: Maldita Suerte

“Con los chicos de La Renga jugábamos juntos al escalectrix”






Por Fernando Neira


Días antes de la presentación del 4 de agosto en el Salón Dorado de Unione y Benevolenza, Juanjo, el líder de Maldita Suerte, nos cuenta el pasado y presente de la banda under más popular de la República de Mataderos.

Pisando los 30 años de edad, con remera de Riff en el pecho y con un vaso de cerveza a su alcance, la voz y guitarra del grupo se predispone a disparar sin miedo de herir a nadie con sus declaraciones.

Conocé la historia de una banda de barrio que ya tocó en el estadio de Vélez ante 35 mil personas y se dio el gusto de debutar en Cemento con uno de los próceres del rock nacional.

¿Cuánto hace que existe Maldita Suerte?

Hace diez años que tocamos bajo el título de Maldita Suerte, pero un par de años antes ya lo hacíamos con otro nombre y con algunos integrantes que ya no están en la formación actual. Por ejemplo “El Quia” (baterista) entró al grupo en el año 2000.

La tapa de los discos de Maldita Suerte tienen un aire rocambolesco muy interesante, y el último álbum Detrás de tu mirada es una especie de historieta continuada. ¿Quién es el encargado de hacer el arte de tapa de sus discos?

Todo lo que es arte, ya sea la tapa, el interior y el concepto en general del diseño, lo hace Fernando Ávila, que es un amigo de la banda y que trabaja con nosotros hace 5 o 6 años.

El último disco está dedicado a las victimas de Cromagnon y a Norberto “Pappo” Napolitano.

Si, por un lado hay un tema que pertenece a la discografía de Riff, Necesitamos más acción, y también hicimos un tema dedicado al “Carpo” que se llama En tu memoria, y él por qué está más que claro, fue uno de los roqueros que influyó muchísimo en nosotros y en tantos otros grupos, creo que la mayoría de las bandas que recién empiezan a tocar hacen alguna vez un tema de Pappo o de Riff. Nosotros teníamos muy buena onda con él y le quisimos hacer este humilde homenaje.

¿Qué música hacen?

Rock and roll. No estamos muy de acuerdo con todos los rótulos que andan dando vuelta, hacemos rock con un sonido bastante crudo.

¿Qué banda espejo tiene Maldita Suerte, si es que tiene alguna, a la hora de grabar, trabajar, organizarse?

Nos sentimos reflejados en la manera de trabajar que tenía Riff, Pappo, lo que hace La Renga, son como referentes ineludibles. Con la gente de La Renga tenemos un acercamiento importante más allá de lo musical, nos ayudan muchísimo a la hora de grabar los discos, a producirlos.

¿Qué tipo de consejos les dan?

Lo que pasa con ellos es algo especial, hay una amistad que viene desde antes que sean lo que son hoy, es de toda la vida, para que se den una idea de chicos jugábamos juntos al escalectrix, son muchos años juntos. Entonces el consejo es del tipo “che que les parece si esto lo hacen de esta manera o esta otra”, es como un acercamiento más de amistad que otra cosa. Y le damos importancia porque es una banda referente para mucha gente, con varios discos encima y sabemos lo que significa La Renga para el rock nacional. Sin dudas que ellos son una banda ejemplo, como lo fueron también Los Redondos, que a mi entender de ahí nacimos todos, a nivel organización y un montón de otras cuestiones.

Además se dieron el lujo de tenerlo a “Chizzo” participando en uno de los temas

Si “Chizzo” puso su voz en el tema Pasado Pisado del segundo álbum Tiempos Duros.

¿Cómo fue para ustedes volver a tocar post Cromagnon?

Apenas ocurrió la tragedia fue bastante duro, pero la verdad que no nos podemos quejar en ese sentido, creo que en estos últimos meses tocamos más que nunca, hicimos como 15 o 20 fechas en tres meses, tocábamos viernes, sábado, domingo, viajábamos al interior, una locura.

¿Qué bandas recuerdan que arrancaron a tocar al mismo tiempo que ustedes?

Hubo varias: Callejeros, Jóvenes Pordioseros, El Bordo, Andando descalzo. Son todas bandas con las que tuvimos la suerte de crecer juntas, haciendo fechas compartidas, nos encontrábamos en las pegatinas por la calle promocionando los recitales, y está bueno ver que a un grupo que arrancó junto con nosotros, que la peleó desde abajo, le vaya bien.

¿Cuál fue el mejor lugar donde tocaron, no sólo por capacidad, sino por la conexión con la gente, el sonido?

Hubo muchos shows importantes, cuando tocamos con La Renga en Vélez fue una cosa muy flashera y emocionante para nosotros, había más de 30 mil personas.
Pero una fecha especial fue el primer Cemento. Con todo lo que significaba para una banda que venía del under tocar en un sitio donde lo hicieron Los Redondos, Las Pelotas, grandes maestros del rock, toda la historia que tenía ese lugar.
Y no solo que llegamos a tocar ahí, sino que además esa noche tuvimos la grata visita de “Chizzo”, y para completar el cartón se vino acompañado con nada más y nada menos que con “Pappo”, fue como cumplir el sueño del pibe. Yo creo que si en ese momento nos hubiesen filmado se cagarían de risa, no sabés como temblábamos. “Pappo” dentro del camarín pidiéndonos con su voz particular si podía tocar un tema con nosotros, no entendíamos nada. Y en una mini reunión con los chicos de la banda decidimos hacer el tema “El viejo”, y resulta que el “Carpo” no se acordaba la melodía, le tuvimos que pasar los tonos antes de subir al escenario, fue fantástico. Esa es la anécdota más loca que tuvimos y para colmo fue en nuestro debut en uno de los templos del rock.

¿Si tocaron en Cemento, entonces tuvieron algún tipo de relación con Omar Chabán, que tienen para decir de él?

Para nosotros y para cualquiera hablar del tema de Cromagnon es delicado, porque creo que hay que estar en el lugar de los padres, en el de los chicos. Desde nuestro punto de vista, nos hacemos cargo de un montón de cosas que hicimos mal, nosotros inconscientemente también entrábamos bengalas a los shows y por suerte nunca nos pasó nada, y lamentablemente si les pasó a los chicos de Callejeros. Pero tenemos que reconocer que Chabán nunca quería el ingreso de bengalas, esa es la verdad, porque cuando nosotros las queríamos entrar al lugar él mismo te las sacaba y se armaba una podrida bárbara.
Pero en esta tragedia también hay un montón de errores que no solo dependen de Chabán, el gobierno tiene mucho que ver. Lo único que podemos decir a favor de Chabán es que no quería bengalas. El tipo era un transa bárbaro, las quería todas para él, si te podía poner una sola persona de seguridad para controlar a mil personas te la iba a poner.
En este país sabemos todos como es la movida, nosotros hemos ido a tocar a Salta, Rió Negro, Mendoza, un montón de lugares, y cuando lo hacemos en Capital Federal te exigen: dos bomberos adentro del boliche, una ambulancia, un celular en la esquina, te exigen cualquier pelotudes que cuando tocamos en las provincias decimos acá llega a pasar algo y estamos listos, entonces no es todo tan estricto como dicen. Lamentablemente creo que el rock es muy castigado en ese sentido, entre otras cosas porque genera mucha plata.

Formación:


Juanjo: guitarra y voz
Gordo: bajo
Gusty: guitarra
El Quia: batería
Pablito: saxo alto
Guille: saxo tenor




Discografía:



Lejos de todo, 2001, Tiempos duros, 2003, Detrás de tu mirada, 2006






Website oficial: http://www.malditasuerte.com.ar/

30.7.07

Dólar y Cristina

Por Eduardo Aliverti

El dólar y Cristina Fernández se juntaron para provocar la sensación de que algunas cosas sólo son para entendidos. Y que de otras, para opinar, bastan las sensaciones.
Al salto del dólar le cabe lo primero. Hablaron y siguen hablando de bonos indexados que se cayeron por efecto de la tasa subprime afectada por el crac de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos, llevando entonces a la liquidación de esos títulos en los mercados emergentes y presionando a la compra de divisas. Hablaron y siguen hablando de que esto podría contrastarse con el crecimiento de la lira turca, como uno de los ejemplos mundiales de crecimiento de las monedas en contraste con la depreciación del peso argentino. Hablaron y siguen hablando de cómo el Banco Central opera con sus reservas para inducir a la baja o a la suba, mediante enunciados técnicos que hacen abandonar al más pintado. Hablaron y siguen hablando, en síntesis, como para que el común de los mortales sienta que aprender chino en tres clases es más sencillo que entender por qué subió el dólar.
Y a la señora de Kirchner, o mejor dicho a las interpretaciones de lo que dijo la señora de Kirchner en Madrid, le cabe lo de la sensación de que se puede opinar a la bartola porque, total, la economía es cara pero la política es gratis. Casi todos quedan enroscados con lo que dijo acerca de que Chávez es un demócrata, o con su definición de que se siente representada por el rodete y el puño crispado de Eva, del mismo modo en que reparan sobre su presunto o real carácter despótico o acerca de lo que se esconde tras su obsesión por la coquetería.
Ambos perfiles de descripción y discusión demuestran lo berreta del debate público, o de lo que se publica y dice como definición de “debate”.
Las cosas quedaron mezcladas al revés. La cotización del dólar como si su análisis fuese privativo de unos gurúes de “la City” que han vivido equivocándose (ahí anda lo más campante Miguel Angel Broda, por ejemplo, que en el 2001/2002 supo pronosticar un tipo de cambio 10 a 1). Y las andanzas declarativas de Cristina, junto con la generalidad de lo que se escupe en los medios, como si el análisis político pudiese privarse de rigurosidad sin que nadie exija cuentas. Pero lo cierto es que no se trata ni de lo uno ni de lo otro: ni el dólar es cuestión de especialistas, ni el pensamiento político en torno de lo que aseveran y hacen las grandes figuras es cuestión de bartoleros.
El dólar para arriba o para abajo es en el fondo política pura, pero además un asunto de coyuntura monetaria salvo que se hable de conmociones que lejos están de ser palabra de moda. No hay que ser entendido en nada para entender que hay casi 45 mil millones de dólares de reservas sin que eso se traduzca en la derrota de pobreza e indigencia, ni en créditos para acceder a la casa propia, ni en estímulos para que las exportaciones tengan valor agregado en lugar de seguir vendiendo soja e importando tecnología. El resto son jugadazas o jugarretas de especuladores financieros, Estado incluido. Hay una profunda victoria cultural de la clase dominante, y de su vigente neoliberalismo, en eso de que un tipo de cambio trepado a 3 con 15, 3 con 17 o 3 con 20 implica una perspectiva de sacudones e incertidumbre, de disección reservada a “los mercados”, en vez de ser un simple mecanismo, estimulado o aprovechado, para que las grandes corporaciones industriales exportadoras se cobren por vía del dólar las moneditas que les quitó la inflación real (en simultáneo con arcas oficiales que engordan por las retenciones a los dólares ingresados).
Cristina, precisamente, lo dejó bien clarito en su campaña madrileña, delante de los emporios españoles que –avatar más, avatar menos– continúan situando a la Argentina como su cabecera de playa en América latina. Las empresas españolas son la cola de león en Europa, pero la cabeza de ratón aquí. “Somos capitalistas, señores”, les dijo tanto como su marido ya les había dicho que no tenían que fijarse en sus dichos sino en sus hechos. Nada de sensibilidad, acá tienen las reglas de juego y no me vengan con que pierden plata, así no haya reajuste tarifario (que lo habrá, pero después de octubre o diciembre, naturalmente). Si soy o quiero ser Evita véanme la parte de defensa del sistema, y nunca la de lo que ella resignificó para las clases populares como custodia de sus aspiraciones. Les dijo también, frente a la cínica inquietud del mundo de los negocios por la marcha venezolana, que Chávez está avalado por las urnas –lo cual es rotundamente indesmentible– y que es para nosotros como Putin para los europeos: una especie de antipático tío rico, imprescindible a fin de asegurar sustentabilidad energética y respaldo de petrodólares. ¿Qué escuchó en lugar de todo eso un insigne seleccionado de operadores mediáticos y una interminable cantidad de pelotudos varios? Que Cristina es el fantasma de la Evita anticajetillas, con rodete y puño alzado; que es el ojo izquierdo de su esposo y que somos bolivarianos.
Maravilloso: la derecha no quiere aceptar ni lo que le muestran y los despistados ven como existente un clima autoritario por izquierda. Es un panorama complejo, muy complejo, en el que sin embargo, hasta ahora, terminará pasando que el oficialismo ganará las elecciones presidenciales. ¿Por qué? Porque ni la derecha es tan tonta como para no advertir que esto es lo mejor que puede pasarle hoy por hoy a la administración de sus intereses, y de allí que sus candidatos son un combinado espantoso que no procura seriamente el acceso al poder electivo. Ni los sectores progresistas son tan tontos como para no advertir que, así y todo, las condiciones objetivas auguran que esto es lo mejor que hay para intentar colarse y construir entre las contradicciones de la derecha. Ni los despistados son tantos ni tan tontos como para no advertir que con esto, al margen de las especulaciones de derecha e izquierda, se pudo sacar aunque sea un pelo por arriba del agua.
Significa que en medio del mamarracho de la bartola de los entendidos en la suba del dólar, y del entendimiento de los bartoleros que se dejan llevar por la cáscara de las declaraciones amplificadas de Cristina Fernández, hay algo de entendimiento real. Pero eso no quiere decir que deba dejar de apuntarse al desenmascaramiento de los análisis falsos, que hoy pueden derivar voluntaria o involuntariamente en opciones aceptables; y mañana en salidas catastróficas.
Como dice David Viñas, el hombre es un animal político. De manera que si se le quita lo político, termina siendo un animal. Tratemos de evitarlo.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...