24.11.07

CRISTINA FERNÁNDEZ, PRESIDENTA



Por José Pablo Feinmann



Pálida suerte tienen las mujeres cuando el periodismo elige nombrarlas. O les pone ese nombre que llamamos “de pila” (el primero) o les pone el apellido de sus maridos. Recordemos a la olvidada María Julia Alsogaray. Se la llamó siempre “María Julia”. Acaso fuera porque el “Alsogaray” le pertenecía a su padre. “María Julia” aceptó esa modalidad, gozosa. Siempre la recuerdo junto a otra señora que también la aceptó y luchó por imponerla: “Susana”. Aún las veo: son los comienzos de la década del noventa, el menemismo ya ha impuesto su estilo frívolo, su farandulismo, su “todo vale” ético y ellas, “María Julia” y “Susana”, se han ido juntas a algún lugar exquisito para hacer deportes de invierno. Salen en las revistas de la pavada. Se ríen, juegan en la nieve, tropiezan entre carcajadas, hasta se caen y son como niñas retozonas, diablillas incontenibles entregadas a su alegría sin límites. Después estaba “Adelina”. Que era “de Viola” a veces. Pero se ganó su “libertad”: fue ella, fue “Adelina”. Recuerdo otra foto: “Adelina” y “María Julia” cruzadas las piernas y muy sonrientes: vean qué piernas, chicos, no le falta con qué caminar al neoliberalismo ucedeísta. El papá de “María Julia” –apodado también el “Ingeniero” o, en los setenta (esa época irrespetuosa), “el chanchito de los yanquis”– se dedicaba a decir que él no era peronista pero apoyaba “el proyecto Menem”. De “Adelina” tampoco se sabe nada durante los últimos tiempos. La señora que almuerza es “Mirtha”. La señora que veranea es “Lilita”. Y creo que hay una a la que llaman “Moria”. Ninguna tiene apellido. O, sin duda, a ninguna la llaman por él. Cuando se les concede el apellido es porque son de alguien. De sus maridos. Cada vez me sorprende más esa atadura, esa absurda cadena de pertenencia que las mujeres del siglo XXI todavía toleran llevar. Se sabe que abuso de la primera persona o recurro a situaciones individuales para abordar ciertos temas. No veo el problema: lo único que nos va quedando por defender –ante tanta basura que nos arrojan cotidianamente sobre nuestra castigada subjetividad– es nuestro refugio inexpugnable, nuestro “yo” indelegable, nuestra individualidad. Desde ella podemos llegar hasta los otros auténticamente. Sólo desde ella. Tenerla es una conquista cotidiana. Porque el gran tema de nuestro tiempo es: ¿Qué diálogo puede establecer con sí mismo el hombre, la mujer de hoy sometido a la tecnología de los medios? ¿Puede haber un “sí mismo”, una interioridad libre en que el hombre se encuentre y pueda decidir a partir de sí dónde está el bien y dónde el mal?Retorno a mi tema: ese “de” que se les aplica a las mujeres casadas es una injuria a su individualidad. No acepto que mi mujer sea “de Feinmann”. ¿Cómo? Yo no quiero a mi lado a una mujer que sea “mía”. “Mía” es mi computer. “Mío” es mi sacapuntas a pilas y que nadie se atreva a robármelo. “Mío”, a veces, soy yo. Pero mi compañera es “de ella”. Tiene su nombre. Tiene su densidad ontológica. Sólo así puede ser mi compañera. Sólo no siendo mi posesión. Ese “de” que se les aplica a las mujeres cuando pierden, al casarse, su apellido es una vejatoria conquista de la vieja burguesía machista que amasó entre brutalidades históricas su perenne poder. Nadie es “de” nadie. El esclavo es “de” su amo. Pero toda mujer es libre: lo quiera o no. Cierto es que son muchas las que quieren ser “de” alguien. Está lleno de mujeres que se comportan como los hombres quieren y necesitan que lo hagan. Lleno de mujeres que actúan en contra de las mujeres. Lleno de mujeres que quieren ser “de” alguien para vivir tranquilas y que el tipo las mantenga y criar a sus hijos o hijas y preparar la comida y ver algo o mucho de tele y ser para siempre absolutas tontas, irrecuperables idiotas. Escuché a una, desafiante, decir: “Y bueno, qué hay, soy así: clase media, tarada y cobarde”. Lo dijo luego de justificar y reclamar policías, muchos policías por todas partes para controlar la inseguridad. Porque si consiguió la seguridad de ser “de” alguien no va a aceptar que se la arruinen esos “negros de mierda” que andan afanando a los triunfadores de la vida. Están esas minas que trabajan en la tele de ratoneadoras profesionales. Ya sabemos: las del caño del muchacho que sonríe y le grita a un micrófono. (Digresión: ¿no es increíble sostener un micrófono y gritar? Uno grita si no tiene un micrófono. Si lo tiene, no grita. Porque un micrófono es un aparato que amplifica el sonido. Si a la amplificación del sonido le añadimos el grito, ¿qué es lo que resulta? La sordera, el aturdimiento del receptor. Bien, eso quiere la TVVómito: receptores aturdidos, conciencias sordas.) Volvamos: las chicas del caño. ¿Qué hacen estas señoritas? ¿Tienen nombre? No. ¿Apellido? No. O, en todo caso, a nadie le interesa. Tienen un culo. Son, todo ellas, un culo. Y son felices por serlo. Han aprendido a sacarlo hacia atrás, exhibiéndolo. Uno ve la tele, ve las revistas de los kioscos, las propagandas de ropa interior y no hay caso, no puede zafar: lo invaden los culos. El mundo de la culocracia es el de la mujer sin rostro. Ni nombre, ni apellido, ni cara, nada. Sólo culo. Los hombres han conseguido en el siglo XXI lo que nadie consiguió en toda la historia humana. La creatividad de los diseñadores de moda (todos o casi todos hombres) ha creado su obra maestra: la mujer culo. Esa obra maestra se ve en los llamados desfiles de moda (que son, en verdad, desfiles de culos flacos), en las playas, en los caños del joven que grita y sonríe, millonario y poderoso hasta la náusea porque encarna el sentido profundo de la historia que vivimos y el papel que en ella los hombres les han asignado a las mujeres: o son “de” alguien o son vigorosos, circulares, anónimos culos para excitar a la gilada.Todo esto para decir que yo no le voy a decir “Cristina” a “Cristina”. Lo aclaro tempranamente (no bien acaba de ser elegida “presidenta”), porque sin duda habré de nombrarla en varios textos que vendrán. Además “Cristina” no merece ser “Cristina”. Tampoco merece ser “de” Kirchner. Todos conocemos a Cristina Fernández antes que a Néstor Kirchner. Cristina Fernández era senadora y Néstor Kirchner gobernaba una provincia lejana de los “centros urbanos”, de moda hoy en día. Cristina Fernández fue militante de la izquierda peronista en su juventud y de ahí le viene buena parte de su formación política. No se hizo de la noche a la mañana. Fue una militante política que se construyó a sí misma a través de los años. Yo, a Cristina Fernández, le voy a decir “Cristina Fernández”. Tampoco le voy a decir CFK –como se intenta ya imponer– porque la “K” implica el “de” Kirchner. Y también remite al JFK de Ke-nnedy. O al JPF que –quienes reciben mis mails lo saben– uso, con atroz inmodestia, yo. Tampoco le voy a decir “presidente”. Ni loco. Decirle “presidente” a una mujer conlleva la soberbia machista de usar la fórmula masculina de la palabra como “universal”. A todos los presidentes se les dice “presidente”. ¿Y por qué no “presidenta”? O sea, para mí, Cristina Fernández será la “presidenta” y no el “presidente” de este país. Porque será a ella, a Cristina Fernández, la presidenta argentina, a quien le voy a pedir, a riesgo de importunarla o ponerla, a veces, de malhumor o francamente encolerizada, que trabaje por la posibilidad imposible de un capitalismo nacional o más humanitario, que haga una reforma impositiva para redistribuir el ingreso, que bajen las tasas de los bancos para que los créditos no sumerjan o esclavicen a quienes los toman, que dialogue con la oposición y hasta que colabore para que esa oposición (que es un mamarracho patético) exista porque la democracia la necesita, que mejore la salud, la educación, la vivienda, que no prorrogue (no, por favor) las licencias de los medios de comunicación letrinógenos, que no se dé por contenta con el monocultivo de la soja porque el monocultivo condenó a la Argentina a ser siempre una factoría del imperio de turno, que frene la inflación del único modo posible: frenando la gula del empresariado oligopólico, extranjerizado, que la gente sencilla de este país, a la que sobre todo deberá llegar, la va a entender mejor si dice “mujer” en lugar de “género”, si dice “sociedad” en lugar de “tejido social”, que se oponga al ALCA, que se maneje bien con Evo, con Lula y (con cierta cautela) con Chávez, que sepa, que no olvide ni un solo día de que en este país rico hay hambrientos sin retorno, enfermos que mueren y podrían curarse, chicos sin escuela, chicos sin infancia, chicos perdedores, todo esto, en suma, le voy a pedir a ella, porque ella es ella, tiene su nombre y su apellido, no es “de” nadie y –si algo es– es lo que este país le encargó que sea: su presidenta.

20.11.07

Diálogo con Chávez

Por Fidel Castro

Hice referencia el pasado día 15 de noviembre a una tercera reflexión sobre la Cumbre Iberoamericana; dije textualmente “que por ahora no publico”. Me parece, sin embargo, más conveniente hacerlo antes del referéndum del 2 de diciembre.
Señalaba en aquella reflexión, escrita el día 13, lo siguiente:
Ayer nuestra población pudo escuchar a Chávez en el programa de la Mesa Redonda. Lo llamé cuando afirmó que Fidel era un hombre de otro mundo, que el 11 de abril de 2002 habló con él, cuando sus comunicaciones oficiales estaban interceptadas, a través de un teléfono ubicado en la cocina.
Yo estaba reunido el día del golpe con el presidente del gobierno del País Vasco. Los hechos se sucedían uno tras otro. Aquella fatídica tarde, por esa misma vía habían llamado para despedirse varios de los que allí estaban dispuestos a morir junto a Chávez. Recuerdo con exactitud lo que le dije ya de noche cuando le pedí que no se inmolara: que Allende no disponía de un solo soldado para resistir y él en cambio contaba con miles.
En nuestro diálogo telefónico durante el acto de la Cumbre de los Pueblos, traté de añadirle que morir para no caer prisionero –como me ocurrió una vez y estuve a punto de serlo nuevamente antes de llegar a las montañas– era una forma de morir con dignidad. Yo había afirmado lo mismo que él dijo: que Allende murió combatiendo.
De un balazo en la barbilla, dirigido al cráneo, sobrevivió uno de los generales más gloriosos de nuestras guerras de independencia, Calixto García Iñíguez. Su madre, que no creía la noticia de que su hijo estuviera prisionero, al conocer toda la verdad, exclamó con orgullo: ¡ése sí es mi hijo! Tal idea quise transmitirle por el teléfono celular sin amplificador, que esta vez portaba Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de Cuba. Chávez apenas podía oír mis palabras, como ocurrió también con la orden de callarse que le espetó el rey de España. En ese instante del acto llegó Evo, genuino indio aymara, que también habló, como lo hizo Daniel, en cuyo rostro Chávez observó, con razón, rasgos mayas.
Estoy de acuerdo con él cuando afirmó que soy una extraña mezcla de razas. Tengo sangre taína, canaria, celta y quién sabe cuántas más.
Estaba impaciente por escucharlos de nuevo a los tres. Antes dije: ¡Vivan los miles de chilenos que murieron combatiendo contra la tiranía impuesta por el imperialismo! Y concluí proclamando junto a Chávez la consigna bolivariana, guevarista y cubana de: “Patria, Socialismo o Muerte”. ¡Venceremos!
Ayer, lunes 12, escuché a través de una conocida emisora privada de televisión venezolana, al servicio del imperio, una declaración y un discurso elaborados de punta a cabo por la Embajada de Estados Unidos. ¡Qué hueco y ridículo sonaba todo frente al discurso vibrante de Chávez en el debate!

¡Gloria al Bravo Pueblo que el yugo lanzó!

¡Viva Hugo Rafael Chávez!

18.11.07

EL GABINETE DE CRISTINA KIRCHNER


El cambio que no cambia


Por Nelson Castro



La columna del domingo pasado, haciendo referencia a las primeras decisiones de Cristina Fernández de Kirchner, cerraba así: “¿Será –como lo afirmó en campaña– el cambio que no cambia? Esa es la pregunta, Hamlet dixit”. Pues bien, a juzgar por el anuncio de la conformación de su gabinete, la pregunta ya tiene una respuesta y hay que decir, en honor a la verdad, que CFK ha cumplido con su palabra. El nuevo gabinete, más allá de la designación del contador Florencio Aníbal Randazzo como ministro del Interior (atención Scioli), la de Martín Lousteau como ministro de Economía y la acertada creación del Ministerio de Ciencia, que estará a cargo de Lino Barañao, un científico de prestigio, demuestra que la presidenta electa ha cumplido su promesa de ser el cambio que no cambia. Primera nota al pie: no se incluye al profesor Juan Carlos Tedesco como ministro de Educación, otro buen nombramiento, porque ya se venía desempeñando como segundo del licenciado Daniel Filmus en el Ministerio. El nuevo gabinete se definió en medio de una trama de intrigas y operaciones políticas que obligaron al matrimonio presidencial a apurar los anuncios. Nótese, a todo esto, la total falta de protagonismo del vicepresidente electo. Al respecto de Julio Cobos –que de él se trata– sobrevuela entre los radicales K un estado de desasosiego y malhumor creciente. Las malas lenguas del Senado, que son muchas y muy malas, andan difundiendo a los cuatro vientos que, al recibir a Cobos en una reunión, algunos senadores kirchneristas le recordaron que tuviera en cuenta que no era un senador sino más bien un invitado. Segunda nota al pie: por las dudas, es conveniente recordarle al ingeniero Cobos el acotado número de tareas que le fija la Constitución Nacional al vicepresidente. Son dos, que quedan establecidas en dos artículos: el 57 y el 88, según se lee: Artículo 57: El vicepresidente será presidente del Senado; pero no tendrá voto sino en el caso que haya empate (situación, hoy día, inimaginable de acuerdo con la composición que tendrá la Cámara alta a partir del 10 de diciembre próximo). Artículo 88: En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación. La presidenta, afortunadamente, goza de buena salud y se sabe que, salvo el caso de Cámpora, los presidentes peronistas nunca renuncian. La realidad de Cobos en el Senado va a ser muy particular. Poco querido por muchos de los que integran el Frente para la Victoria, menos querido, aún, por sus ex correligionarios radicales y el resto de la oposición, y habiendo anunciado, a su vez, la conformación de un bloque de legisladores K, su situación va a ser compleja. Hay que decir, en honor a la verdad, que, hasta aquí, tanto el Presidente como la presidenta electa han tenido, para con el todavía gobernador de Mendoza, la generosidad de la nada, lo que es injusto ya que los hechos demuestran que el aporte de votos que trajeron Cobos y el resto de radicales K fue vital para permitir que CFK pudiera superar el porcentaje del 45% en la elección del 28 de octubre, según lo confirmó el escrutinio definitivo en la semana que pasó. Recordemos que el 45% es número mágico en la reformada Constitución del ’94 ya que, a partir de ahí, no hay segunda vuelta sea cual fuere la diferencia entre el primero y el segundo. Pero volvamos al matrimonio presidencial y a sus designaciones ministeriales. El centro de la atención se posó sobre el ministro de Economía, Martín Lousteau. Antes de focalizar nuestra mirada sobre él, cabe hacerse, una vez más, estas preguntas: ¿Por qué se fue Miguel Peirano quien, hasta unos días antes del domingo pasado, era número puesto? ¿Fue el problema de salud que aqueja a su madre, y que naturalmente le preocupa, la causa real o fue una excusa? ¿Cuánto pesó en la decisión de los Kirchner de deshacerse de él la disputa por sus desacuerdos con las formas y con el fondo del señor Moreno? Aquí las respuestas. El problema personal de Peirano existió así como también existió la pelea con Moreno. Y esa pelea lo dejó muy expuesto y desacreditado por partida doble. Quedó desacreditado frente a la gente del INDEK, ya que tuvo que reconocer que no pudo revertir la decisión de Moreno de echar a los trece despedidos, a los que se les había asegurado su continuidad en el Instituto; y quedó descolocado frente a Néstor Kirchner y a Cristina, que es Kirchner, al no comprender que Moreno también es Kirchner. Hablando de Moreno: es evidente que, por ahora, “Lassie” goza de buena salud. Su suerte podría estar definiéndose en estas horas en Olivos. Como dijo alguien desde las entrañas del poder: “Los días de este señor están contados. Eso sí, esos días pueden ser 21, 100, 400 o 1.461 o vaya a saberse cuántos”. Se sabe que Néstor Kirchner lo defiende a capa y espada y que Cristina es más crítica. Sin embargo, el final está abierto. De todos modos, que desde hace varios días la discusión gire alrededor de una persona que es un funcionario de segunda línea –al fin y al cabo, Moreno no es un ministro sino tan sólo un secretario– es una clara muestra del poder que representa y que es, obviamente, el de Kirchner. Un párrafo aparte merece la actitud de ciertos sectores del poder económico que clamaban por la continuidad de Peirano. Cuando supieron que se iba, expresaron, siempre por lo bajo, su disconformidad. Algunos dicen haber recibido un mensaje de parte del ministro saliente: apoyen a mi sucesor. En este universo de sobreactuaciones que genera el kichnerismo, ya hay quienes han salido a hablar de Lousteau como si fuera un candidato al Premio Nobel. Martín Lousteau es un economista con una muy buena formación y respetado en su ámbito profesional. En estas horas ha recibido elogios de sus colegas Ricardo López Murphy, Alfonso De Prat-Gay y Roberto Lavagna. No es poca cosa. Una de las primeras consecuencias de su nombramiento se ha visto reflejada en el mundo editorial ya que en la tarde del viernes pasado, durante una recorrida por varias e importantes librerías de la calle Florida, fue imposible conseguir su libro Sin atajos que, ante la súbita demanda producida a partir del jueves a media mañana, se agotó. Tercera nota al pie: hasta el jueves y ante su total fracaso de ventas, el libro se devolvía a la editorial de a cajas. No lo compraba nadie. En cambio, para mañana lunes, algunas de esas mismas librerías tienen encargados 400 ejemplares. Hay que reconocer que Sin atajos es un “ladrillo”. Pero, subidos a la “ola” de su lectura, rescatamos algunos párrafos (hay otros que se publican en distintas secciones del diario). Son los que se refieren a la inflación y dicen así: “… La verdadera receta ortodoxa para combatir la inflación no es de naturaleza cambiaria, sino múltiple: fiscal, evitando los déficits excesivos; monetaria, a través de un Banco Central que no genere expansión monetaria sino demanda; y regulatoria, con una apertura razonable al comercio internacional y una adecuada desregulación de los mercados internos que garantice la competencia. ”… La inflación actual también se explica por un defecto de falta de oferta. Es por ello que entre las principales medidas a tomar se cuenta el incentivo a la inversión. ”A mediano plazo, nada puede ser más efectivo que las empresas que están en los sectores recalentados inviertan para ampliar la capacidad instalada… Algunas de estas empresas no invertían en los años anteriores porque previamente tenían que reestructurar sus pasivos en dólares, y otras, extranjeras en su mayoría, porque el país se encontraba en default. ”... Hoy estas trabas prácticamente se han eliminado. Sin embargo, algunas de ellas tienen temores con respecto a la cuestión energética, clave en los sectores productores de materias primas industriales. ”Nadie quiere tener plantas inactivas por escasez de energía a precios competitivos, por lo que resulta prioritario despejar esta incógnita. Los acuerdos de precios sirven en el corto plazo pero no como imposición sino como parte de un esquema más amplio. ”Si el gobierno facilitara a ciertos sectores las herramientas necesarias para invertir podría exigir, a cambio, moderación con los precios en el corto plazo.” “En lugar de reaccionar intempestivamente, el combate contra la inflación requiere un diagnóstico y un rumbo claros. Despotricar e intentar imponer por la fuerza lo que a la larga resulta inconsistente con la realidad no resulta una buena política y crea una serie de psicosis colectivas, injustificadas en vista de las condiciones macroeconómicas imperantes. “En lugar de ello, sería mejor que el Gobierno hiciera pública su lectura de la situación en el corto, mediano, y largo plazo y que comunicase las medidas a tomar para cumplir con sus objetivos. ”Así podrá comunicar que la suba de precios es lógica luego de una crisis estructural como la vivida y dado el ritmo de crecimiento actual (pág. 64).” Como se desprende de este texto, queda claro que Lousteau reconoce la existencia de una crisis energética y señala que el manejo de la inflación con medidas intempestivas –es decir a lo Moreno, que es Kirchner– es algo que no comparte. Por lo tanto, surgen aquí varios interrogantes, a saber: ¿Qué pasará si sigue el señor Moreno y su método de la “imposición”? ¿Podrá lograr la normalización del INDEK? ¿Qué papel tendrá en el anunciado acuerdo social? Vista su justificada preocupación por el tema energético, ¿cómo será su relación con el señor Julio De Vido, el poderoso ministro cuyo plan de obras de infraestructura forma parte del “mañana que nunca llega” quien, a su vez, niega los apagones que muchos empresarios, temerosos de denunciarlos, sufren en sus fábricas? En fin, como verá el lector, la columna se ha acabado y estoy otra vez aquí, como en el comienzo, invadido por las preguntas. Buen momento para seguir leyendo Hamlet.

11.11.07

UN ESTUDIO SOBRE USOS PERIODÍSTICOS REVELA QUE EL 83% DE LAS NOTICIAS DE RADIO Y TELEVISIÓN PROCEDEN DE UNA ÚNICA FUENTE INTERESADA
El 83% de las noticias difundidas en radio y tv proceden de una sola fuente interesada, según el estudio 'El uso periodístico de las fuentes en radio y televisión' realizado por alumnos de la facultad de Ciencias de Comunicación de la Universidad Camilo José Cela, presentado en la sede de la Asociación de Prensa de Madrid.
La investigación, promovida por los profesores Emilio Pérez Prado, y coordinada el profesor Javier Mayoral Sánchez, ha analizado 270 informativos de televisión y 300 de radio. Una de sus principales conclusiones es que ambos medios de comunicación emplean información no contrastada en sus noticias, con un promedio de 0,71 fuentes por pieza en ambas.
Según señaló Javier Mayoral, "es frecuente, tanto en radio como en televisión, que se empleen fuentes falsas" que aportan más percepciones subjetivas a la noticia. "Un tipo de fuentes", añadió, "que representan el 20% de las empleadas en televisión".
El 83% de las fuentes citadas ofrece una versión que no encuentra la réplica de otras fuentes y casi el "65% de las ocasiones el periodista asume la fuente como propia", afirmó Mayoral, que también trabaja como reportero en los informativos de Telemadrid.Según asegura el estudio, la mayor parte de las fuentes (el 70%) remiten a organismos oficiales (un 72% en televisión y 65% en radio),siendo los actos declarativos el lugar principal donde la información es recogida. Además, en ocho de cada diez ocasiones la fuente aporta información interesada.
Las agencias de comunicación son una de las fuentes menos citadas, sin llegar a alcanzar el 2%. El estudio, que incluye una encuesta realizada a cien periodistas de los diez medios analizados, demuestra que exite una gran concienciación en torno a la importancia de las fuentes, aunque según Mayoral el estudio revela contradicciones "entre lo que los periodistas afirman que hacen y lo que realmente hacen".
La historia se repite



Atentan contra una muestra de la revista Barcelona en San Luis



Un grupo de militantes católicos hizo desaparecer tres obras de la muestra “Contratapa’s”, de la revista Barcelona, luego de que los organizadores, es decir las autoridades de la Universidad Nacional de San Luis, se negaran a censurar la exposición que, según los desaparecedores, “ofende la religión”.Los activistas se reunieron a rezar en una de las escalinatas de ingreso a la universidad y poblaron las paredes aledañas con leyendas como “UNSL=dictadura del relativismo”, “¡Viva Cristo Rey!” y “ni 30.000 ni inocentes”.


El viernes 9 de noviembre, durante la charla de inauguración de la muestra, un grupo de activistas católicos que se identificaron como estudiantes de la universidad increpó a los organizadores y a dos miembros del staff de Barcelona, exigiéndoles que se retiren tres de las 22 contratapas expuestas “porque insultan y se burlan de la religión”. Tras la discusión, uno de los jóvenes descolgó una de las contratapas cuestionadas y se la llevó. El sábado 10 por la mañana, en momentos en que se generó una fuerte discusión entre quienes apoyan la presencia de la muestra y los militantes católicos, otras dos obras fueron robadas.Los organizadores de la muestra realizaron la denuncia policial y se comprometieron a mantener la muestra hasta el día 23 de noviembre, tal cual estaba previsto, pero ahora sin las tres contratapas robadas.


Barcelona exige la pronta aparición de sus contratapas desaparecidas y espera que alguna autoridad puntana (o al menos algún representante del planeta Xilium, o la actriz Esther Goris) tome las riendas del caso para dar con los responsables de este robo. Asimismo, como ya sucedió con el atentado municipal contra la misma muestra ocurrido en Tucumán, Barcelona celebra que el fanatismo (en este caso, el fundamentalismo religioso) haya evolucionado favorablemente en las últimas tres décadas, al punto que hoy sus militantes se dediquen a secuestrar y hacer desaparecer paneles de vinilo en lugar de seres humanos.



Revista Barcelona(15) 5334-5081

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...