25.5.09

El simulador

Por Fernando Neira (*)

A diferencia de lo que algunos medios interpretaron acerca del cambio del modo de hacer campaña del líder del Partido Justicialista, Néstor Kirchner, a partir de la imitación que hicieron de su persona en el programa televisivo conducido por Marcelo Tinelli, las razones de la mutación del candidato por la provincia de Buenos Aires seguramente no sean tan superfluas como lo quieren hacer parecer.

Si bien hoy hay muchos personajes de la política que carecen de seriedad y rozan lo ridículo, caer en una conclusión tan precaria suena cuanto menos simplista.La primera señal clara de cambio que esgrimió el ex presidente de la Nación se notó la semana pasada durante el discurso del lanzamiento de la campaña del Frente para la Victoria en el Teatro Argentino de La Plata, donde utilizó un tono de voz sereno y sin sobresaltos, algo bastante inusual en sus oratorias, y donde escogió utilizar palabras conciliadoras en lugar de las descalificadoras. Tanto Kirchner, como sus colaboradores más cercanos, están muy pendientes de todas las encuestas que circulan por los medios, de las propias y las ajenas, y en los últimos sondeos notaron que aquella victoria holgada que otrora conseguían en la provincia de Buenos Aires ya no es tan cómoda.

Más allá del color y los intereses de las distintas mediciones, ninguna de ellas da como ganadora a la formula oficial encabezada por el santacruceño y Daniel Scioli por más de 4 o 5 puntos promedio por sobre su perseguidor inmediato, el polémico Francisco De Narváez del Pro. Si bien en el entorno del kirchnersimo saben que es difícil que cedan el liderazgo en las encuestas en el corto plazo que resta para la realización de los comicios parlamentarios, de consolidarse estos pronósticos el oficialismo perdería con la renovación de funcionarios entre 5 o 6 diputados en la cámara baja y pondrían en riesgo la mayoría propia que ostentan. En un primer momento y alertados de una baja considerable en la popularidad de la gestión del Gobierno, los K determinaron que lo mejor sería adelantar las elecciones de octubre para el 28 de junio para no seguir cayendo, y ahora, entre otras medidas estratégicas, optaron por atenuar el tono ofensivo de la campaña. Saben que en un futuro no muy lejano posiblemente necesiten de recomponer algunas alianzas parlamentarias para debatir leyes, más precisamente a partir de diciembre, cuando la renovación de los diputados y senadores se haga efectiva en las cámaras.

Hay algo claro en épocas electorales, y es que un político en campaña es capaz de todo, ya sea de la oposición o del oficialismo. De contestar preguntas con frases hechas y eslóganes utópicos vacíos de contenido, de decir lo que el común de la gente quiere escuchar a pesar de no estar convencido de poder cumplirlo, y sobre todas las cosas, de simular lo que no es.

(*) Artículo publicado en el sitio Cuarto Intermedio (www.cuartointermedio.com.ar)

16.5.09

Toda la carne al asador


Por Fernando Neira (*)




Como si se tratase de una elección presidencial y no una de término medio, el líder del PJ, Néstor Kirchner, se puso el delantal de parrillero y se cargó en el lomo la responsabilidad de “garantizar la gobernabilidad del mandato de Cristina Fernández”, según sus propias palabras.


Se trata de algo así como pregona el tango Sur de Homero Manzi paredón o después, o la famosa frase futbolera de la gloria o Devoto, para lo cual se ha acudido a una serie de artilugios ya mencionados en este medio, como las candidaturas testimoniales, los postulantes nómades o la incorporación de figuras del espectáculo para traccionar votos. Ahora bien, cabe analizar por qué el ex gobernador de Santa Cruz tomo tal protagonismo en la conformación de las listas para las elecciones parlamentarias del 28 de junio y por qué las considera tan importantes. ¿Será como denuncia la oposición porque nunca dejó verdaderamente las responsabilidades que tenia cuando era primer mandatario o porque ve debilitada la imagen actual del gobierno nacional encabezado por su esposa?


Lo cierto es que el kirchnerismo no tiene una buena noticia electoral desde aquel categórico triunfo con el 47 por ciento de los votos en las presidenciales del año 2007, y su mentor lo sabe. Kirchner debe remediar en el corto plazo una coyuntura política que no le es del todo favorable, que comenzó a desgastarse a partir de las medidas impositivas que despertaron diferencias con sectores agropecuarios a mediados del año pasado y que se hicieron carne con el voto “no positivo” de la Resolución 125 de Julio Cobos en el Senado. Si a este panorama le sumamos la inflación acumulada de los últimos trimestres, el estancamiento de sectores productivos claves para la economía y la crisis financiera mundial, es un combo cuanto menos comprometido.


Quizás este fue el cuadro que divisaron desde el oficialismo a la hora de tomar la determinación de adelantar los comicios que estaban previstos para octubre y al momento de optar por refugiarse bajo el ala de cierto sector del pejotismo tradicional y de establecer alianzas con algunos caudillos del conurbano. Más allá de las declaraciones apocalípticas, que deben ser tomadas como tales, que hablan de “volver a la crisis del 2001” si alguna agrupación suma o resta bancadas en las cámaras, es cierto que las elecciones de termino medio suelen marcar una tendencia. Pero no por esto el electorado debe atemorizarse y pensar que con la acción del voto puede causar un mal mayor. En todo caso podrá marcar, en mayor o menor medida, la discrecionalidad del poder de turno, o de mantenerlo si se está de acuerdo con él.
(*) Artículo publicado en la revista política Cuarto Intermedio (http://www.cuartointermedio.com.ar/)

15.5.09

Táctica y estrategia

Por Fernando Neira (*)


Al igual que algunos técnicos del fútbol argentino que especulan hasta minutos antes del inicio del partido para develar las formaciones de sus equipos, los políticos de turno hicieron lo propio para oficializar las listas de los candidatos para los comicios parlamentarios del 28 de junio.

Esta actitud, reprochable por cierto por la falta de internas y el exceso de billeteras, le dio a los medios de comunicación la posibilidad de derrochar millones de bits para tejer todo tipo de hipótesis acerca de quién entraba y quién se quedaba afuera, y no tanto para debatir otros puntos importantes.Desde que estalló el bipartidismo en la Argentina a comienzos de la última década, fue tal el deterioro de las instituciones partidarias clásicas, que en la mayoría de los casos los votantes se están viendo obligados a elegir “personalidades” o “caras conocidas” dentro del abanico político. En algunas ocasiones funcionarios con una basta trayectoria política, buena o mala, y en otros sólo por un reconocimiento mediático en otras áreas. Pero en ambas opciones basándose en las experiencias previas de estos personajes y no tanto en la estructura y el recorrido histórico del frente por el cual se presentan a la elección.


No es nuevo el hecho de que los políticos de raza recurran a figuras del espectáculo o del deporte para captar votos. Basta sólo con recordar algunos ejemplos resonantes como el de Ramón Ortega en Tucumán o Carlos Reutemann en Santa Fe, que surgieron bajo el padrinazgo del ex presidente Carlos Menem. Para estás elecciones de término medio se han barajado cientos de nombres, que fueron desde la actriz Nacha Guevara, (que irá tercera en la lista oficialista en la provincia de Buenos Aires), hasta la Tigresa Acuña, que ocupará el cuarto lugar en la boleta de concejales del PJ en el partido de Tres de Febrero.


Estas estrategias no suelen ser otra cosa que manotazos de ahogados, ya que son contados los casos donde estás figuritas externas a la política trascienden como grandes funcionarios. Si bien suelen tener previamente una buena aceptación en el votante, la relación que establecen suele ser epidérmica o muy superficial. Pero al momento de escucharlos debatir conceptos o de rascar un poco más en profundidad, las diferencias salen a la luz. A quién no se le erizó la piel cuando la vedette Moria Casán dijo que adoraba a Juan Domingo Perón porque el general “era un enamorado de Adolf Hitler y Benito Mussollini”.


Los medios masivos son los que les dan espacio y fogonean este tipo de discusiones sin sentido que no hacen más que alejar a la gente de la vida política. Habrá que preguntarse por qué aquellos candidatos racionales que quieren debatir ideas o proyectos concretos no aparecen tanto en pantalla, y cuál es verdaderamente la franja de aceptación de la sociedad que los consume. Y a prepararse porque el partido recién comienza.


(*) Artículo publicado en la revista política Cuarto Intermedio (www.cuartointermedio.com.ar)

18.4.09

ARTURO CARRERA: ‘LA POESÍA ES ARTE DE ESPERANZA; RESTAURAR UNA ESTACIÓN DE TREN, TAMBIÉN’

A VECES, LOS SUEÑOS Y LOS DESEOS NO QUEDAN SÓLO ATRAPADOS EN LA ESCRITURA. EN EL CASO DE ARTURO CARRERA, INVOLUCRADO EN CUERPO Y ALMA EN EL RESCATE DE LA CULTURA DE UN PUEBLO DE LA PAMPA HÚMEDA, LAS UTOPÍAS SON POSIBLES.

Por Claudio Martyniuk


Algunos pueblos chicos conservan el gesto antiguo, una luminosidad tenue, un ritmo marcado por el contraste insistente de la pausa. Antes el silencio y la geografía eran cortadas por el tren. Pero las estaciones vacías se convirtieron en monumentos nostálgicos. Aunque no siempre, no en todos los pueblos, ya que algunas han encontrado nuevas formas de respirar, con poéticas y políticas que desde la nada residual prefiguran otros modos posibles de existir. La recuperación, el aliento vital, tienen procedencias a veces extrañas, que rozan lo imposible y toman por asalto las ruinas.
El poeta Arturo Carrera es protagonista de la historia de una estación que atravesó su infancia -Quiñihual, en la zona agrícologanadera de la Provincia de Buenos Aires-, se hizo poesía y ahora deviene espacio cultural, centro de traducción, lugar de hospitalidad.

- El ferrocarril ha sido un emblema de la civilización. En medio de ramales clausurados o que apenas son transitados, quedan estaciones, como Coronel Pringles o Quiñihual. Estos espacios, ¿qué guardan, qué conservan, qué alimentan?

- Estos últimos años, en mi recorrido por las cuatro estaciones que signaron mi infancia (Lartigau, Quiñihual, Pringles y Krabbe), todas en ruinas (abandonadas, saqueadas, vacías), experimenté, acaso tarde, lo que me pone en alerta contra la poesía como "trabajo artístico". Contra la poesía como la leí en ciertos contemporáneos. Contra la poesía alejada de la vida. Como si la comprensión, para mí, al evaluar el sentido de un lugar donde hubo un "atisbo de civilización" -vos hablás de emblema de la civilización y las estaciones lo eran- llegara desde ese vacío. Es lo que el poeta Giorgos Seferis vivió en Asiné, el lugar de cuyo rey se habla una sola vez en la Ilíada, y donde Seferis concluyó que aquel páramo, después de la civilización, como aquel otro que había visto en Seleucia, no era para él sino una "invigorating emptiness", el vigor que da el vacío, y la posibilidad que éste abre para el que busca una verdad nueva. En mi caso, esa verdad es la poesía de la acción.

- ¿Por ejemplo?

- La comprensión de esa idea nueva también se la debo a Chiquita Gramajo -musa o Gradiva para mí- quien desplazándose por entre las ruinas de la estación Quiñihual dijo: "aquí hay que hacer un centro de traductores". Y eso fue como buscar en la herrumbre, una vez más, el ferrocarril, su movimiento; e insistir como la poesía misma, contra la memoria de lo "ignoto". Fue como nutrir allí, en Quiñihual, el aoristo de los momentos e "ilusión poética", el deseo simple de ser.

- Aoristo, un tiempo verbal del griego, significa "sin horizonte". ¿Pero todavía puede haberlo?

- La poesía, como yo no la entiendo pero es, en esta distracción discontinua de los días, es un arte de esperanza, o para utilizar el título de un poema de Yves Bonnefoy, es la tarea de la esperanza. De las utopías. Las utopías están sobre todo como el polvo vestigial sobre las cosas, sellando imperceptiblemente su apariencia. Fourier y sus mundos utópicos parecían disolverse y desaparecer al cerrar sus libros; pero fue el efecto de esa disolución lo que creó luego la magnífica cita de Italo Calvino cuando escribe: "La utopía que yo busco hoy no es más sólida que gaseosa: es una utopía pulverizada, corpuscular, en suspensión." Las utopías actuales quizá sean eso: pura energía corpuscular en suspensión.

- ¿Cómo es esta utopía suya?

- Nuestra asociación Estación Pringles, que presido con Juan José Cambre, fue planteada como una utopía corpuscular, una utopía realizable en la pampa húmeda. El abanico de proyectos que impulsa incluye actividades con escuelas rurales, otra utopía que está en marcha.

- ¿Por qué habría que ir a Pringles, si no es Delfos?

- Esa es la conclusión de mi poema: "Vengan a Pringles; ya sé, no es Delfos." Claro, no es Delfos pero al escribir ese poema, Casa del fauno, pensé en la idea del xenófilo (el que ama al extranjero) opuesto al xenófobo (el que odia a los extranjeros). Para los griegos la palabra 'xenos' quiere decir a la vez extranjero e invitado, amigo que se recibe por hospitalidad en la casa de uno. En eso pensé para nuestro lugar, en Pringles, como un anhelo. Que lleguen invitados, que lleguen extranjeros. La diferencia con Pringles está en la ausencia de templos para un oráculo, como fue el caso de Delfos. Siempre me gustaron esas palabras de Eurípides cuando dice que para los griegos es costumbre recibir a los "arruinados por el mar" y entregarles regalos de hospitalidad, incluso ropas. Me contó el poeta Arnaldo Calveyra (en Pringles) que visitando Delfos de muy joven quiso pasar la noche al lado del templo, y así lo hizo. Al despertar, alguien había dejado a sus pies una bandejita con leche, pan y queso de cabra.

- ¿Una posta poética puede ser popular?

- Es interesante tu pregunta porque a veces suele confundirse nuestra apuesta con una invasión, con una "colonización". Entender todo el proyecto como una estetización de lo popular es un error o una tergiversación maliciosa. Desde el comienzo buscamos todo lo contrario. Una acción poética que no descontara la vida. Acaso porque la cultura y lo popular como entendieron también Eliot o Pasolini o Giacometti no son sino la manera de volver a centrar nuestra conciencia en los gestos mínimos de la vida humana.

- ¿El compromiso con Pringles es un modo de hacer justicia con el pasado?

- No se trataría de eso. La escritura, según creo, trabaja con el aoristo. El aoristo era el tiempo verbal que le asignaba un valor instantáneo al ahora, como una especie de carpe diem, cosecha el momento. ¡Carpe el día, piensa vagamente en el venidero! Pero aquí se trata de momentos: ¡Carpe el momento! El aoristo convierte todo en momentos, es decir, considera la acción como un momento: mira una acción entera como algo que sencillamente ha sucedido para siempre, como la infancia para Pavese. Ahora, en la acción, este verano, trabajamos en el aoristo de las tareas de restauración de la estación Quiñihual. ¿El aoristo puede apartarse de la acción verbal? A mi juicio, sí. La tarea misma de la infancia revisitada continuamente es eso. El aoristo está allí donde no hay horizonte, pero alguien habla. Donde bastaría dibujar el invisible horizonte en diferentes mapas, como lo hacía Joyce según su hermano Stephen.

- Los trenes, las estaciones, ¿qué pueden decir de esa infancia que desapareció?

- El tren, para todos, las estaciones, para nuestras infancias, si puedo decirlo así, fueron lo maravilloso mismo, una especie de linterna mágica lentísima sobre la ajena velocidad de los caminos y los viajes. Me acuerdo de mi primer viaje en tren, con mi padre, a Bahía Blanca. Había visto su partida tantas veces desde la terraza de mi casa, con el humo de la locomotora del tren que lo llevaba a Lartigau, entre el azul de las sierras, al atardecer y me entristecía. Pero ahora estaba yo en la boca de esa giganta de hierro que escupía vapor. Estaba en ese ruido, en esa despedida sospechosa y feliz, en esa inquietud de la llegada, en la campana y silbato de cada estación. En fin, hasta el coche mateo y su caballo que tomamos al llegar a Bahía Blanca son la infancia y el ferrocarril.

- ¿Qué se hace en Quiñihual?

- El nombre Quiñihual proviene del arroyo que surca las tierras donde está la estación y donde dicen que vivió y murió el cacique Quiñihual, un indio fuerte y tozudo que no quiso abandonar su lugar ante el embate cristiano. Hacia los años 30, Quiñihual contaba con varias viviendas, una escuela, destacamento policial, comercios de diversos rubros y dos herrerías. Después del cierre del ferrocarril se produjo un despoblamiento del lugar. En la actualidad sólo funciona un antiguo almacén atendido por Pedro Meier. Nuestra "utopía realizable", porque ya se está realizando, es crear un centro descentrado: ni Buenos Aires ni Bahía Blanca sino Quiñihual, prueba de soledad en el paisaje. El Espacio Quiñihual, como se llama, se propone fomentar la producción literaria y artística y el intercambio creativo con la comunidad. También estimular la producción de los jóvenes escritores de la provincia de Buenos Aires (lo que está ya sucediendo con nuestro Premio literario Indio Rico) y generar (con la estación y sus viviendas) un lugar físico para recibir visitantes nacionales y extranjeros mediante un programa de residencias.

- Aira, Piglia, usted ..., ¿por qué la escritura argentina más exquisita se compromete en esta "fijación efímera" del proyecto que promueven?- Creo que tanto ellos como asimismo Daniel Link, Sebastián Freire, Edgardo Cozarinsky, Diana Aisenberg, Prior, María Moreno, Alan Pauls, Sergio Chejfec, Mario Bellatin, Kuitca entre los "amigos famosos" que nos ayudan con su presencia, comprendieron que no sólo a los "insignes artistas" roza este proyecto, sino que sus diferentes ramales (valga la metáfora ferroviaria) han producido ya muchísimo interés y participación en la región y en el exterior.

- Este compromiso que vincula y hace de manera muy local, ¿es un culto a la amistad?, ¿es una forma mínima y posible de política?

- Todo eso junto. Si esto fuera más que un sueño escrito, cabría recordar esas palabras de Barthes de que todo adjetivo lleva, como una hormiga, su carga de ideología. Y esto es un baile en piso de tierra para el hormiguero de los adjetivos: ¡Qué maravilla inmigrante! ¡Qué utopía descamisada! ¡Cuánta felicidad irrefutable!.-

28.3.09

De eso no se habla (y de lo otro, demasiado)

Por Tomas Abraham

Uno de los componentes primarios del funcionamiento de los medios masivos de comunicación es el manejo de los silencios. No digo de los temas, porque el control al que aquí se hace referencia no es el de la alternancia y la prioridad de los temas, sino de su supresión.
Llama la atención que aquello que era un debate abierto hace poco tiempo, hasta comenzada la crisis con el campo en marzo de 2008, haya desaparecido de los grandes medios. Existía una polémica acerca de los efectos del monocultivo de la soja y de sus consecuencias en una diversidad de ámbitos, tanto naturales como sociales.
Ahora nadie discute sobre la conveniencia de sembrar soja hasta en las banquinas de las rutas. Es un tema soslayado, olvidado, anacrónico. Los problemas de la desertificación y la erosión de los suelos, de la tala indiscriminada de los bosques, de la desaparición de producciones tradicionales como la carne y la leche o el trigo, el de la expulsión de la mano de obra –mucho más extensiva en otras producciones rurales como la lechera, y muy reducida en la producción de soja– han sido corridos del escenario.
El Gobierno a veces recurre al problema, pero como es parte de todos los chanchullos que inventa semanalmente en su lucha contra los sectores agrarios, se pierde en el maremágnum de argumentos encimados.
Por lo visto nos morimos sin el monocultivo. Sin soja a raudales en los silos, sin el poroto totalmente desgravado, parece que el país se va a pique. Si el Gobierno accediera al pedido de la Mesa de Enlace –retenciones cero para la soja–, dicen que la economía volvería a crecer, las industrias metalmecánicas a reiniciar con intensidad actividades paralizadas y a tomar personal recientemente despedido o suspendido, los pueblos del interior de nuevo a florecer, y las provincias a apaciguarse.
Es probable que todo esto sea otra gran mentira. El país está en crisis y seguirá en crisis, porque no todo es soja, una gran parte es política, la de siempre, la suicida. La responsabilidad de esto no es sólo del Gobierno. No será la primera vez que por estos callejones sin salida en el que se meten personajes enloquecidos y acelerados, la carrera termine en donde terminan estos pasajes urbanos, en el choque contra un muro. Resultado: el país nuevamente en el hospital.
En mayo de 2006 fui orador de un congreso de la Federación Agraria cuando Buzzi era amigo del gobierno. Me pidieron en los pasillos que no fuera muy duro con los K.
De todos modos, mi crítica al gobierno era puntual, ya que descreo de las oposiciones en nuestro país porque por lo general son incapaces de gobernar. Me refería a la necesidad en la Argentina de un control sobre los manejos de los fondos públicos, de la urgencia de construir un Estado medianamente confiable, que esa confianza partía de la transparencia del uso de los dineros que se extraen del trabajo social, y que, finalmente, hasta que no asumiera el poder constitucional un personal gubernamental que representara esta realidad de honestidad a la vez que de eficiencia, ni la sociedad ni los ciudadanos mejorarían colectivamente mientras exista un Estado corrupto.
Desde ese punto de vista, me parecía que entre Menem y Kirchner había una línea de continuidad.
El público compuesto por pequeños productores dedicados a las actividades más diversas, horticultores, productores de frutas, de la industria láctea, etc., se expresaron y, entre otras cosas, decían que si había algo que realmente no les preocupaba era el tema de las retenciones a la soja. Por el contrario, recuerdo que decía uno del sur: “Mejor que cobren retenciones a los grandes y que esa plata la redistribuyan en créditos para nosotros”.
La verdad es que el tema de las retenciones a la soja no parecía preocuparles lo más mínimo a los representantes de la Federación Agraria ahí reunidos, mientras Buzzi no se sentía muy a gusto con mis críticas al uso y abuso de los fondos públicos de parte del gobierno de Kirchner.
Y ahora cambio de tema. Hablemos de algo más complejo que la astrofísica, hagamos un posgrado en comunicación para estar a la altura del asunto, me refiero a la Ley de Radiodifusión.
Desde mi punto de vista, la cuestión nada tiene que ver con la libertad de prensa ni con la captura de las mentes de los argentinos. A mí, Clarín nunca me engañó, pero no porque sea un gran vivo ni un ilustrado en estado de alerta, sino porque los diarios no engañan a nadie. Los lectores eligen los diarios de acuerdo con lo que los entretiene, según su opción política, aspiración cultural y medio social. El señor que toma su lágrima en La Biela lee La Nación, mientras en un café de Villa Lugano no se ven diarios en la mesa como en Starbucks. El futbolero va a Clarín a ver cuántos puntos le puso Pagani a Montenegro, el porteño setentista compra Página/12, mi familia lee PERFIL, y el noventa por ciento de la gente no lee los diarios.
Tampoco la tele engaña, la tele cautiva, pero sólo hipnotiza cuando estamos sentados en casa o mientras pinchamos un raviol. Los medios pueden hacer una campaña estruendosa sobre la inseguridad, hablar de Susana Giménez veinte horas por día, montar una operación clamor sobre la pena de muerte, y juntan apenas la mitad de la gente en Plaza de Mayo que un recital de Los Piojos, y con resto a favor del grupo.
La Ley de Radiodifusión es un asunto de dinero y de poder, pero nada tiene que ver con nuestra capacidad o interés informativo. Por eso es un negocio, podrán reducir poder económico a unos, entregárselo a otros, aumentar frecuencias, licitar lo que fuere, pero no nos usen a nosotros, a los clientes, a los ciudadanos, como cebo para los negocios del poder. Oficialismo y oposicion se disputan nuestra protección en nombre de la libertad; en vano, pueden descansar, no la perderemos por un cambio de bolsillos.
Hace tiempo que la información hay que buscarla y aprender a leerla. El problema de los sistemas comunicacionales y de la recepción de la información que circula en la actualidad debe ser parte de una política educacional. Buscar, cotejar, diversificar, pensar, multiplicar, eso ya podríamos hacerlo, hace rato que tenemos los recursos técnicos y culturales para estudiar la información.
La lectura de la actualidad debería ser una asignatura imprescindible del sistema escolar. Tan importante como la enseñanza de la historia. Requiere profesores con coraje intelectual, sin pereza ni esclerosis ideológica.
No se trata sólo de semiótica sino de filosofía, de los dilemas de la acción y de la argumentación en las tensiones entre la verdad y el poder.
Ninguna ley frenará el poder de los medios ni ningún predicador nos hará creer que un observatorio o un grupo de asesores o burócratas vestidos de progresistas nos garantizarán el pluralismo. La garantía del pluralismo está en nosotros, los lectores.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...