8.4.06

Periodismo de hoy

Por Tomás Eloy Martínez (Diario La República, Perú)

Hace tres décadas, durante el apogeo de la investigación de The Washington Post sobre el caso Watergate, lo que ya entonces se conocía como nuevo periodismo alcanzó su punto de máxima influencia y credibilidad.
Se puede disentir con lo que después hicieron Carl Bernstein y Bob Woodward, autores de aquellos memorables relatos impecablemente investigados, pero no con la decencia, la tenacidad, la eficacia en la información y la calidad en la narración que exhibió el Post al anudar los hilos de aquella historia.
Desde entonces, el periodismo narrativo ha tropezado y ha caído más de una vez, en los Estados Unidos y en otras latitudes, acaso por haber olvidado que narración e investigación forman un solo haz, una alianza de acero indestructible.
No hay narración, por admirable que sea, que se sostenga sin las vértebras de una investigación cuidadosa y certera. Así como tampoco hay investigación válida, por más asombrosa que parezca, si se pierde en los laberintos de un lenguaje insuficiente o si no sabe cómo retener a quienes leen, la oyen o la ven.
Solas, una y otra son sustancias de hielo. Para que haya combustión, necesitan ir aferradas de la mano.
Véase lo que sucedió con la historia de Watergate. Dos periodistas jóvenes, en pocos meses, alcanzaron notoriedad universal al desatar algunos nudos de corrupción y abuso de poder. Todo empezó por algo en apariencia insignificante: un robo en las oficinas del partido político de oposición. Y terminó con un hecho notable: la renuncia forzada del presidente de los Estados Unidos. El punto de partida era ínfimo; el resultado, en cambio, fue espectacular.
Una lectura superficial de ese fenómeno hizo que muchos llegaran a conclusiones también superficiales. Si un incidente pequeño podía, por obra y gracia de los medios, transfigurarse en una historia mayor, entonces, pensaron algunos, había que salir en busca del escándalo.
El periodismo narrativo parecía perfecto para alcanzar ese fin. Los dramas bien contados podían conmover e hipnotizar a millones.
En cuanto a la investigación, se llegó a pensar que era legítimo tejer trampas aquí y allá, corregir sutilmente la dirección de ciertos hechos, agrandar otros, inventar testigos, multiplicar las gargantas profundas. Así el periodismo fue convirtiéndose en mercancía lo que es, esencialmente, un servicio a la comunidad.
Suele evocarse con melancolía y con la admiración que se siente por lo que no se tiene aquel periodismo revolucionario de los tiempos en que empezó todo, hacia fines de los años 1950s. Creo decididamente que ese periodismo no era tan bueno como el que se podría hacer ahora, porque hay más talentos que entonces y, los que hay, están intelectualmente mejor preparados.
Lo que sucede es que hemos caído, todos a la vez, en las trampas de la fiesta neoliberal. No sólo van quedando pocos lugares donde publicar lo que se quiere escribir, sino que a la vez (y lo uno va con lo otro) cada vez hay menos empresarios dispuestos a arriesgar la paz de sus bolsillos y la de sus relaciones creando medios donde la calidad de la narración vaya de la mano con la riqueza y la sinceridad de la información.
Informar bien cuesta mucho dinero, porque requiere invertir un tiempo para el que a veces no basta una sola persona, e informar con honestidad roza con frecuencia intereses ante los que se preferiría estar ciego.
Lo que está enfermando a la profesión periodística es una peste de narcisismo. Una inmensa parte de las noticias que se exhiben por televisión están concebidas sólo como entretenimiento o, en el mejor de los casos, como diálogos donde las preguntas no están sustentadas por información.
Y entre las radios y los periódicos se ha creado un atroz círculo vicioso, que empieza o termina con entrevistas que las radios hacen a personajes destacados por los periódicos, para que éstos publiquen, a su vez, las reacciones de esos personajes, y así hasta el infinito.
Por supuesto, hay periodismos brillantes a los que nadie les ha encontrado mancha alguna. Un modelo a imitar es el de Seymour Hersh, del semanario The New Yorker, que fue el primero en desenmascarar las atrocidades del ejército norteamericano en Vietnam al contar la matanza de los aldeanos de My Lai y el primero también en sacar a la luz los abusos de la cárcel de Abu Ghraib.
Seymour Hersh ha salido airoso de todos los intentos por desprestigiarlo, y ha demostrado, una vez y otra, que el mejor periodismo narrativo se fundamenta en la investigación. Esa señal de eficacia superlativa sólo es posible cuando los textos se trabajan con tiempo y con recursos.
Los diarios de América Latina son, en su mayoría, reticentes a ese cambio mayúsculo. Conozco a empresarios que se afanan en competir con la televisión e Internet, lo que me parece suicida, publicando píldoras de información ya digeridas u ordenando infografías para explicar cualquier cosa, como si tuvieran terror de que los lectores lean.
La necesidad de cortejar a los poderes de turno para asegurar el pan publicitario ha convertido a muchos periódicos en meros reproductores de lo que dicen los edictos de los gobiernos u ordenan las empresas de propaganda.
Algunos de los mejores medios en los Estados Unidos olvidaron esa lección elemental cuando empezaron los abusos de la cruzada contra el terrorismo, y las historias de torturas en Abu Ghraib y en Guantánamo fueron lavadas por muchas aguas antes de saltar desde sueltos menudos en la décima página a crónicas bien informadas en la primera.
Narrar fue lo primero que hicieron los periódicos en el espacio que dejaban las noticias telegráficas. Narrar es todavía su razón de ser, porque para comunicar los hechos de la vida es necesario que las palabras estén impregnadas de vida, y eso se consigue sólo con un cuento bien contado.

7.4.06

ENCUENTRO CON FIDEL CASTRO: 'ESTE PAÍS PUEDE AUTODESTRUIRSE'.

ENTREVISTA DE IGNACIO RAMONET PUBLICADA POR EL DIARIO ´EL PAÍS´, DE MADRID.
IGNACIO RAMONET, DIRECTOR DE 'LE MONDE DIPLOMATIQUE', PUBLICA EN UN LIBRO SUS CIEN HORAS LARGAS DE CONVERSACIÓN CON EL PRESIDENTE DE CUBA.

Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia, ha concedido pocas entrevistas, y sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a lo largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel Castro, biografía a dos voces, resumen de la vida y el pensamiento del jefe de Estado de Cuba en cien horas de conversación. La primera se inició a finales de enero de 2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas páginas se publica un extracto de la entrevista acerca de la sucesión de Castro, de 79 años. Como dice el comandante, seguirá ahí "mientras lo decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo cubano".
El libro, de próxima aparición, se edita en Debate.Pregunta. ¿Cómo se encuentra de salud?Respuesta. Bueno, me encuentro bien. Por lo general, sí me siento bien, sobre todo me siento con energía, me siento con entusiasmo por las cosas. Me siento muy bien física y mentalmente. En esto seguramente ha contribuido el hábito del ejercicio; yo creo que el ejercicio físico no sólo ayuda a los músculos, ayuda también a la mente. (...)
P.El 23 de junio de 2001 sufrió usted un desmayo durante un discurso público, y el 20 de octubre de 2004 tuvo usted una caída, también en público, que le causó la fractura de una rodilla. ¿Cómo se ha repuesto usted de esos dos percances físicos?
R. Mire, como siempre, se ha especulado mucho con eso. Es cierto que, aquel 23 de junio de 2001, en un barrio de La Habana, en El Cotorro, bajo un calor intenso y durante un discurso que duró más de tres horas, transmitido en directo por televisión, conocí una ligera pérdida de conciencia. Algo muy venial. Fue un desvanecimiento ligero de apenas unos minutos, debido al calor y al sol excesivos. Unas horas después, los que allá, en Miami, ya lo estaban celebrando, se llevaron la sorpresa de verme reaparecer en un programa televisivo donde pude darle al pueblo, directamente, la versión auténtica de lo sucedido. (...)
P. ¿Y su caída en Santa Clara?
R. Sobre lo del 20 de octubre de 2004 ya he tenido ocasión de contarlo en una carta enviada el día siguiente al pueblo. Al finalizar un discurso en Santa Clara, fui afectado por una caída accidental. Algunas agencias y otros medios divulgaron varias versiones sobre las causas del accidente. Como protagonista, le puedo explicar con toda precisión lo ocurrido.Yo había concluido mi discurso alrededor de las diez de la noche. Varios compañeros subieron a la tribuna para saludarme. Estuvimos allí varios minutos y bajamos a reunirnos de nuevo por una misma pequeña escalerita de madera que usamos para acceder a la tribuna. Yo iba a sentarme en la misma silla que me habían asignado antes de que llegara mi turno en la tribuna, y caminaba sobre el pavimento de granito a la vez que, de vez en cuando, saludaba a los invitados al acto.
Cuando llegué al área de concreto, a unos quince o veinte metros de la primera hilera de sillas, no me percaté de que había una acera relativamente alta entre el pavimento y la multitud. Mi pie izquierdo pisó en el vacío, por la diferencia de altura. El impulso y la ley de gravedad, descubierta hace tiempo por Newton, hicieron que, al dar el paso en falso, me precipitara hacia adelante hasta caer, en fracción de segundos, sobre el pavimento. Por puro instinto, mis brazos se adelantaron para amortiguar el golpe; de lo contrario, mi rostro y mi cabeza habrían chocado contra el piso. (...)
Alrededor de las once de la noche, tendido sobre una camilla, me trasladaron en ambulancia hacia la capital. Algunos analgésicos, en cierto modo, aliviaron mis dolores. (...)La operación duró tres horas quince minutos. Los ortopédicos se dedicaron a reunir y ubicar cada uno de los fragmentos en los sitios que les correspondían a cada uno de ellos y, como tejedores, proceder a unirlos, cosiéndolos con fino hilo de acero inoxidable. Un trabajo de orfebrería.
Solicité a los médicos que no me aplicaran ningún sedante, y utilizaron anestesia por vía raquídea, que adormece la parte inferior del cuerpo y mantiene intacto el resto del organismo. Dadas las circunstancias, era necesario evitar la anestesia general para estar en condiciones de atender asuntos importantes. (...)
P. Yo quisiera, a este respecto, abordar el tema del porvenir. ¿Ha pensado usted en algún momento en retirarse?
R. Mire, sabemos que el tiempo pasa y que las energías humanas se agotan. Pero le voy a decir lo que les dije a los compañeros de la Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003, cuando me reeligieron presidente del Consejo de Estado. Les dije: "Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida". Y les prometí estar con ellos, si así lo deseaban, todo el tiempo que fuera necesario mientras tuviera conciencia de poder ser útil. Ni un minuto menos, ni un segundo más. (...)
P. La CIA ha anunciado, en noviembre de 2005, que usted padece la enfermedad de Parkinson. ¿Qué comentario le inspira esa "información"?
R. Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso, me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo: asesinarme. Si yo fuera un vanidoso, podría estar incluso orgulloso de que esos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera. Todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que inventaron es que tengo Parkinson. Dice la CIA que descubrió que yo tenía Parkinson. Bueno, no importa si me da Parkinson. El papa Juan Pablo II tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo el mundo. (...)
P. Usted va casi siempre armado, y como consecuencia de esa caída perdería, me imagino, el uso de su brazo derecho y la posibilidad de usar su arma. ¿Le preocupó eso?
R. (...) Dispongo de una Browning de 15 tiros. He disparado mucho en mi vida. Siempre he tenido buena puntería, fue una suerte, y la he conservado. En cualquier circunstancia, no temo al enemigo. Lo primero que quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo siempre usé. Ésa está al lado de uno. Moví el peine, la cargué, le puse el seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y dije: "Tranquilo". Eso fue al día siguiente. Me sentía con fuerza para disparar.
P. Usted, en varios de sus discursos y de sus entrevistas, ha evocado la cuestión de su eventual sucesión, de lo que ocurrirá en Cuba el día que usted no dirija este país. ¿Cómo ve usted el porvenir de Cuba sin Fidel Castro?
R. Bien, voy a tratar de ser breve sobre eso. Ya le conté los planes de eliminación física. Al principio, mi papel era más decisivo porque había que librar una batalla de ideas muy importante, había que persuadir mucho. Le dije que había prejuicios y que las leyes revolucionarias los fueron transformando. Había prejuicios raciales, prejuicios antisocialistas, todo el veneno sembrado durante mucho tiempo.
P. ¿Quiere decir que desde hace mucho tiempo ha pensado en una eventualidad de que pudiesen asesinarlo y ha tenido que pensar en lo que podría pasar?R. Ya casi me está preguntando por la sucesión.
P. Sí, sí, por la sucesión.R. Bueno, mire, al principio, con todos esos planes de atentados, yo tenía un papel decisivo, papel decisivo que no tengo hoy. Hoy tengo, tal vez, más autoridad y más confianza de la población que nunca.Nosotros, ya se lo dije, estudiamos todos los estados de la opinión pública. Seguimos con un microscopio los estados de opinión. Y le podemos decir los estados de opinión en la capital, por ejemplo, y en el resto del país, y le puedo presentar todas las opiniones. Aunque sean adversas. La inmensa mayoría nos son favorables.
El nivel de autoridad, después de cuarenta y seis años de lucha y experiencia, es más alto de lo que era. Es muy alta la autoridad de aquellos que luchamos y que hicimos la guerra, condujimos al derrocamiento de la tiranía y a la independencia de este país. (...)
P. Si usted, por cualquier circunstancia, desapareciera, ¿Raúl sería su sustituto indiscutible?
R. Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el buró político y lo eligen.Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación. Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas... Mucha gente con muchos méritos. (...)
P. Es decir, usted piensa que su verdadero sustituto, más allá de una persona, más allá de Raúl, sería más bien una generación, la generación actual...
R. Sí, ya son unas generaciones las que van a sustituir a otras. Tengo confianza, y lo he dicho siempre, pero estamos conscientes de que son muchos los riesgos que pueden amenazar un proceso revolucionario. Están los errores de carácter subjetivo... Existieron errores, y tenemos la responsabilidad de no haber descubierto determinadas tendencias y errores. Hoy, simplemente, se han superado algunas y se están combatiendo otras.Ya le dije lo que pasaría mañana; pero ya son nuevas generaciones, porque ya la nuestra va pasando. Ya el más joven, digamos, le he mencionado el caso de Raúl, es apenas cuatro años y tantos más joven que yo.
Esta primera generación todavía coopera con las nuevas que acatan la autoridad de los pocos que vamos quedando... Está la segunda; ahora, la tercera y la cuarta... Yo tengo una idea clara de lo que va a ser la cuarta generación, porque tú ves a los muchachos de sexto grado haciendo su discurso.
¡Qué talento hemos descubierto! Hemos descubierto miles de talentos, esos niños impresionan, impactan. No se sabe cuánto genio y cuánto talento hay en el pueblo. Yo albergo la teoría de que el genio es común, si no para una cosa es para otra, es para la computadora o es para la música, es para la mecánica; el genio es común y unos lo tienen para una cosa y otros para otra. Ahora, desarrolla y educa a una sociedad completa -eso es lo que estamos haciendo- y veremos entonces lo que da. Ésos son los ocho millones que después del primer año de "periodo especial" suscribieron: "Soy socialista".
Yo tengo mucha esperanza, porque veo con claridad que estos que yo llamo de la cuarta generación van a tener tres, cuatro veces más conocimientos que nosotros los de la primera y, más o menos, más de tres veces los conocimientos de la segunda. Y la cuarta debe saber, con todo lo que se está haciendo ahora, por lo menos, dos veces y media lo de la tercera. (...)
P. ¿Usted está diciendo que esta revolución no está agotada?
R. No hemos terminado ni mucho menos. Vivimos en la mejor época de nuestra historia y la de más esperanza de todo, y usted lo ve en todas partes. Es cierto, es correcto, yo estaría dispuesto a aceptar la crítica de que cometimos algunos errores de idealismo, quizá quisimos ir demasiado rápido, quizá subestimamos fuerzas, el peso de los hábitos y eso. Pero ningún país se ha enfrentado a ningún adversario tan poderoso, tan rico, a su maquinaria de publicidad, a su bloqueo, a una desintegración del punto de apoyo. Desapareció la URSS y nos quedamos solos, y no vacilamos. Sí, nos acompañó la mayor parte del pueblo, no le digo que todo, porque algunos se desalientan, pero nosotros hemos sido testigos de las cosas que ha hecho este país, cómo resistió, cómo avanza, cómo se reduce el desempleo, cómo crece la conciencia. (...)P. ¿Usted cree que el relevo se puede pasar sin problema ya?
R. De inmediato no habría ningún tipo de problema; y después tampoco. Porque la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La revolución se basa en principios. Y las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo.
P. Veo que no está usted preocupado por el porvenir de la Revolución Cubana; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos años del derrumbe de la Unión Soviética, del derrumbe de Yugoslavia, del derrumbe de la revolución albanesa, Corea del Norte en esa situación tan triste, Camboya, que se hundió también en el horror, o la propia China, donde la revolución ha tomado un cariz muy diferente. ¿No le angustia a usted todo eso?
R. Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la URSS, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crea que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás. (...)
En cuanto a China, es otra cosa, una gran potencia que emerge y una gran potencia que no destruyó la historia, una gran potencia que mantuvo determinados principios fundamentales, que buscó la unidad, que no fragmentó sus fuerzas. (...)
P. Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso revolucionario, socialista, en Cuba, puede también derrumbarse?
R. ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos.Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos.
Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos muy difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Y lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso.Habrá una participación cada vez mayor y seremos el pueblo que tendrá una cultura general integral. Martí dijo: "Ser cultos es el único modo de ser libres", y sin cultura no hay libertad posible, Ramonet.

6.4.06

INFORME SOBRE "RED BULL", ¿Te da alas?

POR TRATARSE DE UN TEMA DE SALUD PÚBLICA ANEXO INFORME DE KHALET GEBARA

Por Jorge Mier Hoffman, especial para Babilonia Periodística

RED BULL fue creado para estimular el cerebro en personas sometidas a ungran esfuerzo físico y en "coma de estrés" y nunca para ser consumido comouna bebida inocente o refrescante.
RED BULL ES LA BEBIDA ENERGIZANTE Que se comercializa a nivel mundial con sueslogan: Aumenta la resistencia física, agiliza la capacidad de concentración y la velocidad de reacción, brinda más energía y mejora el estado de ánimo. Todo eso se puede encontrar en una latita de RED BULL, la bebida energética del milenio..
Red Bull ha logrado llegar a casi 100 países de todo el mundo. La marca del TORO ROJO tiene como público a jóvenes y deportistas, dos segmentos atractivos que han sido cautivados por el estímulo que causa la bebida.
Fue creada por Dietrich Mateschitz, un empresario de origen austriaco que descubrió la bebida por casualidad. Sucedió en un viaje de negocios a Hong Kong, cuando trabajaba para una empresa fabricante de cepillos de dientes.
El líquido, basado en una fórmula que contenía cafeína y taurina, causaba furor en ese país. Justamente, imaginó un rotundo éxito de esta bebida en Europa, donde todavía no existía el producto, además de ver una oportunidad inmejorable de convertirse en empresario.
PERO LA VERDAD DE ESTA BEBIDA ES OTRA, FRANCIA y DINAMARCA la acaban de prohibir por ser un cocktail de muerte, que ocasionan sus componentes de vitaminas mezcladas con "GLUCURONOLACTONE", químico altamente peligroso, quefue desarrollado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante los años 60 para estimular la moral de las tropas acantonadas en VIETNAM, pues actuaba como una droga alucinógena que calmaba y paliaba el stress de la guerra. Pero sus efectos en el organismo fueron tan devastadores que fue descontinuado ante el alto índice de casos de migrañas, tumores cerebrales y enfermedades del hígado, que mostraron algunos soldados que la consumieron.
Y, a pesar de ello, en la lata de RED BULL aún se lee que entre suscomponentes está el GLUCURONOLACTONE, catalogado médicamente como un estimulante.
Pero lo que no dice la lata de RED BULL son las consecuencias de su consumo,que obligan a colocar una serie de ADVERTENCIAS:
1. Es peligroso tomarlo si después no haces un ejercicio físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardiaco y te puede
ocasionar un infarto fulminante.

2. Corres el peligro de sufrir una hemorragia cerebral, debido a que el RED BULL contiene componentes que diluyen la sangre para que al corazón le cueste mucho menos bombearla, y así poder hacer un esfuerzo físico con menos agotamiento.
3. Está prohibido mezclar el RED BULL con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una "Bomba Mortal" que ataca directamente al hígado provocando que la zona afectada no se regenere nunca más.
4. Uno de los componentes principales del RED BULL es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en un coma etílico; de aquí la hipertensión y el estado de excitación en el que te encuentras después de tomarla, como si estuvieras en estado de embriaguez.
5. El consumo regular del RED BULL desencadena la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles.

3.4.06

´CIENTOS DE PALABRAS´, UN ANÁLISIS SOBRE EL FENÓMENO JOAQUÍN SABINA.

Por Sergio Pujol, especial para Babilonia Periodistica

EL FENÓMENO SABINA NO SOLO SE VE REFLEJADO EN LA VENTA DE ENTRADAS PARA SUS CONCIERTOS.

Desde que irrumpió en el horizonte argentino, allá por finales de los 80, Joaquín Sabina no ha hecho otra cosa que afirmar sus vínculos con un público que lo agasaja hasta lo indecible. El hombre está en todas partes: en afiches fotocopiados anunciando “tributos” a su repertorio. En la radio y la tevé, obviamente (“La noche del 10” supo tenerlo ahí, puteando con salero). En discos de su amiga Chavela Vargas - él tuvo algo que ver en la recuperación de la gran cantante - y en uno que hizo, peleas y maledicencias de por medio, con Fito Páez.
Es cierto que su influencia sobre cantautores argentinos no es relevante, más allá de las bandas que lo recrean textualmente y alguna que otra referencia en el cancionero de Andrés Calamaro. Pero sobre el público argentino, Sabina ejerce un gran magnetismo. Como todo el mundo sabe, las entradas para su regreso, después de una ausencia prolongada y bastante dramática, se agotaron en pocas horas, y no hubo agregado de fecha suficiente para saciar la sed de Sabina que parece haber atacado a miles y miles de argentinos. (Si uno llama por teléfono para comprar tickets para cualquier evento musical o teatral de marzo, lo primero que escucha es una grabación que advierte que “Las entradas para Sabina están agotadas”).
¿Por qué pasa esto con Sabina? Para los que no compartimos los fervores por el autor de “Alivio de luto”, la pregunta es válida, acaso necesaria. Indudablemente, Sabina no es Arjona: ni sus canciones ni sus públicos parecen tener muchas cosas en común. Tampoco los usos sociales de uno y otro son los mismos. En ese sentido, Sabina no responde al modelo de cantante romántico popular. No es Arjona, entonces. No es el típico galán sonoro que circunvala el “te quiero, te querré”, y su llegada entre chicas de condición humilde es muy escasa. Sus canciones tienen otra aspiración: buscan perdurar - y evidentemente lo han logrado - por la felicidad de sus versos. En ellos observamos siempre un cierto valor literario, que él mismo se ha encargado de remarcar en artículos, poemas sueltos y entrevistas. (Cuando lo han ido a entrevistar a su casa, Sabina ha elegido la biblioteca como pintura de fondo). Decía hace poco al diario “El País”: “Como yo no tenía una gran voz ni era un excelente guitarrista, a los veinte años decidí que lo que podía aportar a la canción eran cientos de palabras”.
De este modo, Sabina se inscribe en un doble linaje: el de sus pares españoles y el de los maestros de la canción francesa. No es casual que de vez en cuando cite a Brassens o que en algunas de sus baladas rockeras recuerde un poco al último Gainsbourg. También admira, como puede imaginarse, a Bob Dylan y a Leonard Cohen (de este último tomó la idea para “Pie de guerra”, de su nuevo CD). Consciente como sus modelos de las dificultades de hacer poesía en los dominios de la canción, agregaba Sabina: “En estos dos años que he estado retirado de los escenarios he estado escribiendo sonetos, e incluso versos en revistas de actualidad, y me he dado cuenta de que las canciones no son sonetos, y no son poemas; si no nacen con la música puesta, no nacen. Ahora tengo claro, desde el primer verso, qué cosa es una canción y qué cosa no será jamás una canción”.

Después de Serrat
La apoteosis Sabina responde a una primera historia de amor: la de la clase media argentina con la canción española. Serrat, Victor Manuel, Paco Ibañez, Luis Eduardo Aute... Pasaron los años, se renovaron las generaciones, pero nunca faltó algún referente peninsular entre los más vendidos. Recientemente, lo hemos tenido a Ismael Serrano. Podríamos considerar esto como un pequeño triunfo de la lengua, y bien haría la Real Academia en premiar a estos cantantes solitarios que supieron filtrarse entre los géneros vernáculos y las tendencias internacionales. Recordemos: otras tradiciones cancionísticas tuvieron su cuarto de hora (la italiana, la francesa) y hoy son apenas disparadores de nostalgia. Los españoles, en cambio, se hicieron un lugar más estable.
A esa serie de cantautores más poetas que músicos - si bien Serrat fue, al menos en sus primeros discos, un melodista superior - Sabina se suma como expresión del Madrid post-franquista. No encontramos en su lírica los tonos de la resistencia cultural, ni las asignaturas de una España rota en dos, ni los modos elusivos para decir por medio de la canción lo que no podía decirse directamente. Por ejemplo, cuando Serrat cantaba “Poco antes de las 10” planteaba valientemente una realidad que la moral burguesa se resistía a aceptar : la chica le hacía creer a sus padres que seguía virgen, porque respetaba los horarios paternos. Sabina, en cambio, ya no tiene esos límites: pocos padres y ningún hogar hay en sus canciones. Y cuando le dedica una canción a una de sus hijas le dice, cariñosamente, “hija de puta” (“Ay Rocío”). ¿Escandaliza? No, él sabe cómo decirlo, calcula el efecto de sus palabras. La frontera que separaba lo que podía o no podía decirse se ha corrido, en un proceso de acelerada modernización: cocaína, erección, amantes despechados, eyaculación, hijas de puta...Pero esas licencias de modernidad - o de posmodernidad, con algunos guiños al cine de Almodovar - no son radicales, no incomodan, no perturban, porque las fábulas que canta Sabina son a la vez románticas y desprejuiciadas, privadas y emblemáticas. Esa medianía entre la vida burguesa y el corazón bohemio resulta seductora, y en algún punto indulgente: el cantante es como los tiempos que corren, como los tiempos que le ha tocado vivir. Sólo que él intenta seguir cantándole a los sentimientos, por más camuflados que estos estén: “En el diario no hablaban de tí...” es tal vez su mejor verso, de su mejor canción (“Eclipse de mar”), porque allí cruza con ingenio el mundo exterior de las noticias con la confesión más privada.
Esto no significa que sus canciones hayan encontrado eco rápidamente. Cuando aparecieron los primeros discos - Inventario, en 1978, y luego Malas compañías y Ruleta rusa - hubo algún malestar por esos retratos de vida finisecular que Sabina solía entonar en los pubs madrileños. De modo equidistante, el cantautor empezó su carrera irritando tanto a los abultados sectores conservadores de su país como a los rockeros más intransigentes. Para los primeros, se trataba de un pícaro moderno, pecador confeso y zumbón, indiferente ante los símbolos de la España de sacristía, que se alimentaba de la nocturnidad del destape español. Para el público más joven, en cambio, el cantante de Mentiras piadosas y Física y Química era un falso transgresor, un falso rocker, un “blando” que coqueteaba aquí y allá con los riffs y la crudeza del rock sin perder de vista el gusto de una audiencia amplia y un tanto amorfa. En estos términos fue juzgado y condenado en 1987 por la revista “Rock de Lux”: “Todo cargado de un trascendentalismo casero muy asequible al gusto de la generación PSOE, embobada ella con el adocenamiento más simplón”.
Sin embargo, para el público argentino aquellas acusaciones no hicieron mella, y Sabina, como una generación antes Serrat, encontró en Buenos Aires la mejor recepción, en parte favorecido por la chatura de los cantautores locales, y en parte porque supo combinar distintos registros culturales, del pop flamenco al rock and roll ; de las guajiras y sones al tango ; de la balada romántica a la balada blusera, todo con dicción y retórica bien españolas y sin generar mayores tensiones ni conflictos. Con bases instrumentales variadas, Sabina creó un mundo cancionístico inclusivo, amplio y tolerante, bastante pobre en términos musicales y con algunos hallazgos literarios. En una época de subculturas y ofertas musicales muy fragmentadas, el español logró llegar a una audiencia hispanohablante con una idea de canción moderna “bien escrita” y de indudable instinto etnográfico: su comedia humana rescató tipos y situaciones axiales de su país y de sus reflejos rioplatenses. En ese sentido, las “chicas” de Sabina son más universales que las de Almodovar.

Cerca del tango
La relación de Sabina con el tango resulta central en toda hipótesis que se tenga en relación a su éxito. No porque sus canciones ni su estilo interpretativo pertenezcan ex profeso al género porteño, sino porque sus historias, y las maneras empleadas para contarlas, son tangueras. ¿O acaso no es tanguero el angustioso balance que hace el personaje de “19 días y 500 noches”, una canción central en el corpus del español? ¿Cómo no encontrar empatía tanguera “Quién se ha robado el mes de abril” o en “Camas vacías”? También en sus peores canciones (“Así yo estoy sin tí”, por ejemplo) hay una voz que enuncia desde la soledad existencial del tango. En todos estos temas, los puntos de vista - el confesional de la primera persona y el apóstrofe de la segunda - nos resultan familiares, se acoplan fácilmente a nuestra literatura popular. Lógicamente, Sabina no apela al lunfardo, pero emplea su propio glosario y “malas palabras”, en un constante cruce de registros lingüísticos. Le gusta decir con Brassens: “Cada vez que se canta mierda asoma una flor por detrás”. ¿No es esa la flor de fango?
Mientras una nueva generación de poetas intenta renovar el tango-canción con resultados aún poco convincentes, y se sigue especulando sobre las continuidades entre la canción de Buenos Aires y el rock, Sabina ha sabido colarse entre el público argentino con su personaje de humo y alcohol y su repertorio de “corazón en los huesos”, como dice en “19 días y 500 noches”. Por ahora, todo parece indicar que sus canciones no serán desalojadas fácilmente.

1.4.06

Este es el estreno cinematográfico recomendado de la semana para Babilonia Periodística:

Por Fernando Neira

Historias de familia (The Squid and the Whale)

Ficha Técnica:
Director: Noah Baumbach
Protagonistas: Jeff Daniels, Laura Linney
Género: Drama
Nacionalidad: Estados Unidos
Duración: 88 mins.

Sinópsis:
Ubicada en Brooklyn en 1986, la película captura el funcionamiento interno de la familia Berkman. Bernard, novelista en cierta época exitoso, y su esposa Joan, una escritora que recién empieza a publicar con mucho éxito, han decidido separarse y romper el matrimonio. Sus dos hijos, Walt, de 16 años y Frank, de 12, tendrán que enfrentar solos sus confusos y conflictivos sentimientos.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...