13.3.08

HOMBRE CON SONRISA DE ABUELO

El predicador Luis Palau, un amigo de las dictaduras

Nació en Maschwitz pero vive en EE.UU.. Apoyó regímenes en América latina, a Bush padre e hijo. Aquí, reunirá a miles.

Por Alejandro Seselovsky

"Cuando hay un violador en el barrio y llamamos a la policía y la policía viene y le pega, no decimos ‘uh, pobre violador, cómo le pegan’. Por el contrario, nos alegramos de que la policía actúe. Bueno, yo veo la intervención norteamericana en Irak desde ese punto de vista, desde el punto de vista de la seguridad”.
En enero de 2004, Luis Palau le dijo estas palabras a Fernando Carnota en la mañana de radio Mitre. Y no era la primera vez que este predicador estelar le daba oxígeno a la violencia de Estado amparada en las derechas militares.Palau, que nació en 1934 en Ingeniero Maschwitz pero vive en los Estados Unidos desde 1961, ya había apoyado a las dictaduras latinoamericanas de los 70, a la regresión cultural reaganeana de los 80, a Bush padre en los 90 y a Bush hijo desde que asumió en enero de 2001.
Ya en una nota de la revista Time del 7 de noviembre de 1977, bajo el título “Palau Power in Latin America”, el señor que ahora sonríe desde los afiches en las calles de Buenos Aires sostenía que la única ideología que podía detener al marxismo en la región era el cristianismo evangélico. Debió ser esa idea la que lo había llevado, en 1974, a darse la mano con Hugo Banzer, el dictador más feroz en la historia de Bolivia, y a repartir juntos un millón de ejemplares del Nuevo Testamento con la banderita tricolor en la solapa.
El plan era cristianizar a los bolivianos, y Banzer y Palau hicieron equipo. Por esos días, Banzer dejó para la historia de la retórica latinoamericana una frase de colección: “Dios es nacionalista”, dijo. Supongo que Palau estaba allí para certificarlo.

5.3.08

Estados Unidos rompe récord de presos

Uno de cada 36 hispanos mayores de edad están encarcelados, según el Departamento de Justicia.

Por Grupo Reforma

Por primera vez en la historia de Estados Unidos, más de uno de cada 100 ciudadanos mayores de edad se encuentra en prisión, de acuerdo con un reporte de Pew Center on the States difundido por The New York Times. A nivel nacional, la población carcelaria creció en 25 mil personas el año pasado, llevándola a un total de casi 1 millón 600 mil reos. Otras 723 mil personas están en prisiones locales.
El número de adultos estadounidenses es de aproximadamente 230 millones, lo que significa que uno de cada 99.1 adultos está encarcelado.La tasa de encarcelación es superior en algunos grupos. Uno de cada 36 hispanos mayores de edad están encarcelados, según cifras del Departamento de Justicia de 2006. Uno de cada 15 adultos de raza negra está en la cárcel y uno de cada nueve hombres negros entre los 20 y los 34 años.
El reporte también halló que una de cada 355 mujeres blancas entre 35 and 39 años está tras las rejas, mientras que entre las mujeres negras son una de cada 100.La metodología del reporte difirió de la utilizada por el Departamento de Justicia, que calcula la tasa de encarcelamiento usando el total de la población, en lugar de la población adulta, como el común denominador.
Al usar la metodología de la dependencia gubernamental, aproximadamente 1 de cada 130 estadounidenses está encarcelado.

4.3.08

De las armas a la batalla con las palabras

FIDEL CASTRO CAMBIA DE TERRENO, PERO NO DE BANDO

Recibida con acentos apocalípticos por la mayor parte de la prensa occidental, la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de su país no implica forzosamente cambios abruptos en Cuba. De donde podría provenir un vuelco significativo es de su principal enemigo, Estados Unidos, si en las próximas elecciones se impusiera el demócrata Barack Obama.

Por Ignacio Ramonet (*)

El martes 19 de febrero, a través de un “Mensaje del Comandante en Jefe” publicado en el diario Granma de La Habana, Fidel Castro anunciaba que ponía punto final a su larga y extraordinaria carrera política, renunciando a ser candidato a su propia sucesión en la Presidencia de Cuba.
Sigue siendo –al menos, por el momento– Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), lo que dista de ser una función menor en un sistema político de partido único. En principio, anunciaría su eventual dimisión durante un Congreso del PCC, pero no lo ha habido desde 1997. Hasta ahora, el cargo de Primer Secretario nunca estuvo disociado del de jefe del Ejecutivo en ningún país comunista. Es pues poco probable que Fidel Castro conserve su puesto en el seno del Partido, dado que también renunció a ser Presidente del Consejo de Ministros (Primer Ministro).
De todos modos, su inmensa influencia en la opinión pública cubana perdurará. En la medida en que aunque abandonó la presidencia, tal como dijo en su mensaje, fue también para dedicarse, de alguna manera, al “4º poder”: seguirá escribiendo en el diario de mayor tirada de la isla, Granma, “órgano central del Partido”. En su nuevo cuartel general clandestino, sigue siendo pues el combatiente que siempre fue, aunque sus armas sean ahora exclusivamente las palabras, y su batalla más que nunca la de las ideas. Es un terreno –el de la hegemonía cultural, como diría Gramsci– por el que siempre luchó.
Los artículos que publica regularmente, y que no dejó de escribir durante su larga convalecencia, seguirán pues apareciendo. Sólo la rúbrica debería cambiar: en lugar de “Reflexiones del Comandante en Jefe”, se leerán en adelante simples “Reflexiones del camarada Fidel”. Es muy probable que los cubanos, al igual que los observadores internacionales, sigan leyéndolo con la mayor atención, porque Fidel Castro no es reemplazable.
En la historia de su país, su trayectoria es única, no sólo debido a sus cualidades de líder, sino también porque las circunstancias históricas ya no serán más las mismas. Fidel Castro atravesó todo: la guerrilla en Sierra Maestra, la Revolución de 1959, las agresiones armadas de Estados Unidos, la crisis de los misiles de octubre de 1962, el apoyo a las guerrillas (entre ellas, la del Che Guevara en Bolivia), la desaparición de la URSS y décadas de enfrentamiento con Estados Unidos.
El hecho de que abandone el poder en vida debería permitir una evolución pacífica de Cuba. En su mayoría, los cubanos aceptan ver a su país dirigido de la misma manera y en el mismo camino socialista por un equipo diferente. Después de todo, Raúl lleva las riendas del poder desde hace ya más de un año y medio, y la vida siguió su curso sin sobresaltos. Con pragmatismo, puso en el centro de la acción de su gobierno las cuestiones que preocupan a la gente: la alimentación, el transporte, la vivienda, el costo de vida.
Los ciudadanos tuvieron tiempo para acostumbrarse a la idea de que Fidel Castro abandonaría el poder. En sus recientes artículos, se ocupó de que se filtraran, con pedagogía, informaciones muy claras que anticipaban la decisión que acaba de tomar. Así, en diciembre de 2007, había escrito: “Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene del hecho de que tuve la oportunidad de vivir una época excepcional”.
Más tarde, tras haber sido reelecto diputado en el Parlamento que sesiona desde el domingo 24 de febrero, agradeció a sus electores y se disculpó ante ellos por no haber podido hacer campaña en el terreno, debido –explicó– a su condición física que sólo le permite escribir. Finalmente, en su mensaje del 19 de febrero, agregó: “Traicionaría pues a mi consciencia ocupando un cargo que exige poder desplazarse y entregarse a fondo, condiciones que mi actual estado físico no me permite cumplir”.
Lo que más sorprende en este hombre, cuando uno tiene la ocasión de verlo actuar y trabajar en lo cotidiano (1) es cuán modesto, discreto y respetuoso es de su entorno. Tiene un sentido ético y moral muy elevado. Es una persona con principios rigurosos y cuyo modo de vida es de una gran frugalidad. También es, y a menudo se lo ignora, un apasionado de las cuestiones ecológicas y ambientales. No es ni el monstruo que describen algunos medios de comunicación occidentales, ni el Superman que presentan a veces los medios de comunicación cubanos. Dotado de una increíble capacidad de trabajo, es por añadidura un estratega notable, un dirigente que vivió, frente a la hostil potencia estadounidense, una vida entera de resistencia. Sin haber cedido, ni haber sido vencido. Ésa es su gran victoria.
Fidel Castro es una curiosa mezcla de idealismo y pragmatismo. Sueña con una sociedad perfecta sabiendo que las condiciones materiales son extremadamente difíciles de transformar. Abandona su cargo presidencial, convencido de la estabilidad del sistema político cubano. Su principal preocupación hoy no es tanto el socialismo en su propio país como una mejora de la calidad de vida en un mundo desigual donde millones de niños siguen siendo analfabetos, padeciendo hambre, enfermedades que podrían curarse fácilmente.
Fidel Castro está hoy convencido de que su país debe mantener buenas relaciones con todas las naciones, cualquiera sea la naturaleza de sus regímenes o sus orientaciones políticas. Le ha pasado la posta a un equipo que ha probado, en el que confía plenamente, y ello no debería generar reformas espectaculares. Mal que le pese a Washington, la mayoría de los cubanos, incluso aquellos que critican algunos aspectos del sistema, no avizoran ni desean un cambio de rumbo radical. No quieren perder ciertas ventajas que el socialismo les ha dado: educación gratuita incluso en el nivel superior; cobertura médica universal; pleno empleo; vivienda gratuita; agua; electricidad y teléfono casi gratuitos; y una vida tranquila, segura, con un bajo índice de delincuencia en un país en paz.
No cabe duda, ya que todo cambio de hombres genera cambios de métodos, que el socialismo cubano evolucionará. ¿Lo hará a la manera de China o de Vietnam? Probablemente no. Cuba seguirá su propio camino. Las nuevas autoridades introducirán seguramente cambios a nivel económico, pero es poco probable que asistamos a una “Perestroika cubana”, o a una “apertura política”, o a elecciones multipartidarias. Las autoridades siguen convencidas de que el socialismo es la elección correcta aunque pueda –y deba– perfeccionarse. A corto y mediano plazo, su preocupación principal será, más que nunca, mantener la unidad.
En momentos en que Fidel Castro eligió convertirse en periodista de tiempo completo, la tarea principal que espera a sus herederos es recoger el eterno desafío de las relaciones con Estados Unidos. Es un asunto determinante. En varias oportunidades, Raúl Castro anunció públicamente que estaba dispuesto a sentarse a una mesa de negociaciones para discutir con Washington el conjunto de conflictos entre ambos países.
Porque es probable que sea de Estados Unidos de donde provenga la señal política más importante para la evolución de Cuba. El candidato que encabeza actualmente las internas del Partido Demócratal, Barack Obama, ¿no anunció acaso claramente su intención de discutir con todos los países considerados “enemigos” o “adversarios” de Estados Unidos, entre otros, con Cuba? Sería un giro copernicano en la política exterior de Estados Unidos desde 1961.
Aunque no se avizore pues un cambio político inmediato y radical en La Habana, es preciso sin embargo saber que las elecciones de noviembre próximo en Estados Unidos podrían de todas maneras modificar el clima de las relaciones cubano-estadounidenses. Según Fidel Castro, la de George W. Bush habrá sido para Cuba, pero también para el pueblo estadounidense y para el mundo, la más perjudicial de las diez administraciones que conoció. La partida de Bush en un año debería conducir a Washington –vapuleado por las desastrosas lecciones de Irak y Medio Oriente– a una revisión de la política exterior estadounidense, y a reenfocarse en América Latina.
Estados Unidos descubrirá entonces una situación drásticamente diferente de la que había forjado en los años 1960-1990. Cuba ya no está sola. En el terreno de la política exterior, los cubanos reforzaron en gran medida sus lazos con los Estados latinoamericanos. Por primera vez, La Habana tiene allí verdaderos amigos en el poder, principalmente en Venezuela, pero también en Brasil, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Panamá, Haití, Ecuador y Bolivia. Algunos de estos gobiernos no son particularmente pro-estadounidenses. Washington debería pues redefinir sus relaciones con cada uno de ellos. Relaciones que ya no pueden ser neocoloniales o basarse en la explotación, sino fundarse en el respeto mutuo. Cuba reforzó particularmente sus vínculos con los países de la organización económica y política ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas) y firmó acuerdos de asociación económica con los Estados del Mercosur.
Es importante reiterar que la evolución interna en La Habana dependerá, en gran medida, de la actitud que el próximo presidente de Estados Unidos adopte respecto de la isla. Mientras que la retirada, previsible en última instancia, de Fidel Castro no modifica en absoluto el rumbo de la revolución cubana, una eventual elección en Estados Unidos de Barack Obama podría provocar, en la evolución de Cuba, un pequeño sismo.


(*) Director de Le Monde diplomatique.

15.2.08

Medios

2007 fue el año más mortífero para los periodistas desde 1994

En el año que acaba de terminar, un total de 64 periodistas perdieron la vida en todo el mundo en el cumplimiento de su deber. Este fue el año más mortífero en más de una década y casi la mitad de ellos murieron en Irak, informó hoy el Comité para la Protección de los Periodistas (CPP) con sede en Nueva York.

El CPP dijo que está investigando otros 22 fallecimientos para determinar si estuvieron relacionados con el trabajo. Por quinto año consecutivo, Irak siguió siendo el sitio más peligroso para los periodistas. Los 31 periodistas muertos en ese país representan cerca de la mitad del total de 2007. De estos 31, 30 fueron nacionales iraquíes. El año pasado 32 periodistas murieron en Irak.La mayoría de las víctimas fueron seleccionadas y asesinadas, como el reportero del Washington Post, Salih Saif Aldin, quien fue muerto de un solo balazo en la cabeza en Bagdad. En total, 24 muertes registradas en Irak fueron asesinatos y siete se debieron al fuego cruzado relacionado con el combate, dijo el CPP.


El CPP tiene registrado solamente un año con un número de muertos más elevado: 1994, cuando 66 periodistas perdieron la vida, muchos en los conflictos de Argelia, Bosnia y Ruanda. 'Trabajar como periodista en Irak sigue siendo uno de los empleos más peligrosos del planeta', dijo el director ejecutivo del CPP, Joel Simon. 'Los miembros de la prensa están siendo perseguidos y asesinados con una regularidad alarmante. Son secuestrados a punta de pistola y encontrados muertos más tarde o bien son baleados en el lugar. Quienes mueren casi siempre son iraquíes y muchos trabajan para agencias noticiosas internacionales', dijo Simon. 'Estos periodistas dieron la vida para que todos nosotros pudiéramos estar informados sobre lo que está ocurriendo en Irak'.

Desde que comenzó la guerra en Irak en marzo de 2003, 124 periodistas y 49 trabajadores de los medios han perdido la vida, con lo que se convierte en el conflicto más mortífero de la historia reciente para la prensa. Somalia fue el segundo país más mortífero para los medios en el 2007 con siete periodistas muertos. El CPP, fundado en 1981, reúne y analiza los fallecimientos anuales de periodistas. La lista final de periodistas muertos en el 2007 será dada a conocer el 2 de enero de 2008.

Informe publicado por la Agencia Isa (www.agenciasa.com.ar)

11.2.08

PJK


El 10 de febrero de 1996, cuando lanzó la frase que encabeza esta página, el hombre era gobernador de Santa Cruz. A la frase, sin embargo, le falta un cuarto modo de convencer a propios o extraños que Kirchner conoce (y aplica) muy bien.

Por Edi Zunino

En política hay tres métodos. Uno: convencer naturalmente. Dos: convencer por el temor. Y si no se puede con ninguno de esos dos, hay otro método: se terminó, andate.”
Néstor Carlos Kirchner.

El 10 de febrero de 1996, cuando lanzó la frase que encabeza esta página, el hombre era gobernador de Santa Cruz. A la frase, sin embargo, le falta un cuarto modo de convencer a propios o extraños que Kirchner conoce (y aplica) muy bien. Se trata de una variante intermedia entre el punto 1 (“convencer naturalmente”) y el punto 2 (convencer por temor”). Podría sintetizárselo así: “Billetera mata rival”.
Lo concreto es que, hace hoy 12 años exactos, Kirchner venía de ser reelecto como parte de la ola reeleccionista encabezada por Carlos Saúl Menem a nivel nacional y recién empezaba a diferenciarse del caudillo riojano, anticipándose a su previsible desgaste. Entonces ya era un obsesivo del PJ, esa estructura apabullante que pasa a ser un “aparato pasado de moda” cuando lo manejan otros y que, en breve, se dará el gustazo de comandar. Decía el Pingüino, por aquellos días: “La conducción del partido implementa procedimientos feudales, parece tener sólo un jefe y un empleado.” “Somos la minoría testimonial dentro del PJ, un espacio sólido alternativo.”
El “jefe” era Menem. Y Eduardo Duhalde, el empleado. En dicha “minoría testimonial” empezaban a brillar Kirchner, su esposa, el porteño Gustavo Beliz y el mendocino José Octavio Bordón, quien quería volver al calorcito pejotista tras conseguir 5.000.000 de votos, aliado a Chacho Alvarez contra Menem. Recién a partir de 2003, tras el tole-tole heredado de la Alianza armada por Chacho con la UCR, se sabría que los Kirchner manejaban su provincia con criterios feudales demasiado similares a los que cuestionaba.
En 2003, Kirchner llegó casi de carambola a la Presidencia de la Nación, gracias al apoyo por descarte de Duhalde, quien poco después pasó a ser otra vez uno de sus grandes enemigos y ahora quizá vuelva a convertirse en uno de sus más caros aliados, Roberto Lavagna mediante, por convicción, por temor o por lo que sea. Gustavo Beliz fue su primer ministro estrella, hasta que Kirchner le dijo “se terminó, andate”. Y Beliz se fue, como se había ido del gobierno de Menem: denunciando corrupción. Sería interesante recordar que, hace 12 años exactos, cuando Kirchner se acercó a Beliz para diferenciarse de Menem, tampoco se diferenció tanto.
Pese a los desplantes de Beliz, Kirchner sostuvo hasta último momento que Menem era “totalmente ajeno a esas cosas”. Se excusaba así: “Yo no sé nada de eso, estoy a 3.000 kilómetros. Si no, honestamente lo digo, haría todas las denuncias que correspondan”. Después parece que supo algo. O le resultó conveniente saberlo. Qué más da... Lavagna también se fue del gobierno de Kirchner hablando pestes, aunque sin énfasis, de una supuesta “cartelización de la obra pública” en favor de un presunto “capitalismo para los amigos”. Pero como Lavagna no suele poner énfasis a prácticamente nada, todo el mundo entendió que se estaba revelando ante una manera bastante mafiosa de administrar los fondos del Estado.
Así fue como Lavagna se coló en la segunda elección presidencial consecutiva con tres candidatos de cuna peronista: tal como en 2003 habían competido Menem, Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, en octubre pasado el ex ministro se anotó para peleársela a la señora de Kirchner y al hermano de Rodríguez Saá. Todos divididos, triunfó Cristina. Los Kirchner están haciendo todo lo que hacen (sobre todo él, hay que decirlo, porque es el que más hace de los dos) en pos de una estrategia a esta altura inocultable: ganar las elecciones de 2011 con la mayor cantidad de votos posible por encima del 51%, lo cual, desde su omnímodo punto de vista, significa: Garantizar que, llegado el momento, el voto peronista no vaya disperso.
Lograr que la UCR se reorganice en torno a los radicales K. Encolumnar a las dos principales identidades políticas argentinas tras un mismo proyecto les permitiría, según sus planes, edificar ese “nuevo movimiento popular” que no supieron conseguir ni Raúl Alfonsín, ni Carlos Menem, ni, mucho menos, Fernando de la Rúa. Hay una condición ineludible: que la gestión Cristina pueda soportar cualquier clase de eventuales zozobras (sobre todo económicas), merced al férreo control del Congreso, los sindicatos, los movimientos piqueteros y las gobernaciones, y a la inexistencia fáctica de una oposición sensata.
En ese sentido, Lavagna le resta más a la oposición de lo que le suma al oficialismo, donde sólo aquilata pergaminos de economista apto para las tormentas. Semejante acumulación de poder sólo sirve para nublar un hecho que el matrimonio presidencial estaría en condiciones de adjudicarse: la democracia necesita de partidos fuertes y los Kirchner parecen ser los únicos interesados en recrear un sistema basado en ellos. A este paso, el único partido fuerte será el PJ y su único líder, el esposo de la Presidenta y principal candidato a sucederla.
En el mejor de los casos, la UCR revivirá como apéndice de ese esquema. Del otro lado, al menos en el mediano plazo, quedarán Elisa Carrió y sus amigos (que cambia seguido), Mauricio Macri y los suyos (entre los cuales hay varios “pejotistas”) y los devaluados Menem aliados a los excéntricos Rodríguez Saá, que se autocondenan a llegar tarde a todos lados, porque en San Luis se levantan una hora después que en el resto de la República Argentina. Por convicción, por susto o por interés, el que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen. Lo dice el manual del PJK.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...