4.10.08

Una valija por aquí y nada por allá
COMO POR ARTE DE MAFIA

Por Juan Carlos Camaño (*)

No pocos capitalistas se preguntan, también dentro de las pantallas de los televisores, si estamos asistiendo al desplome del imperio. ¡Qué momento! Hasta ayer mismo era impensable semejante interrogante en las filas de los dueños del dinero. Tiembla la tierra y oscurece el horizonte.
La magnitud de la crisis no permite, ni siquiera a los expertos, de aquí y allí, armar fuegos de artificio, cortinas de humo, distracciones masivas. A tal punto que hasta los más empecinados en agitar la famosa valijita del soplón del FBI y la CIA , Antonini Wilson, han tenido que achicar el espacio en los medios de comunicación con el temita de los ochocientos mil dólares. No es para menos, el cimbronazo del capitalismo, en su recamara –EE.UU.- es, dicen, admiten, aseguran, e intentan convencernos, de setecientos mil millones de dólares. Sin embargo, las malas lenguas, de los “perros comunistas”, hablan de algo más: una cifra aproximada al millón de millones de dólares.
Entonces, claro, toda prestidigitación alrededor de la valijita de Antonini se desvanece frente al despatarre financiero producido en el centro del universo, punto neurálgico de las más refinadas corrupciones a escala planetaria. La valijita del soplón del FBI y la CIA se reduce a cenizas. Pero ni así deja de ser alumbrada por el foco de la “transparencia”. Empeño emprendido por hombres, mujeres y organizaciones que, con el estandarte de la “ética” y la “moral” dominante, rinden tributo, directa o indirectamente, a lo que EE.UU, hace aparecer y desaparecer como por arte de mafia: una valijita –la de Antonini- que sale, incesante, de la galera y otras dos sepultadas bajo siete llaves.
La valijita del soplón del FBI y la CIA , vale recordar, cobró un impulso inusitado, mientras por otra parte otras dos valijas, de alto poder explosivo, no alcanzaron ni remotamente un tiempo horario considerable en el espacio mediático. Ambas valijas, con cargamento letal, se perdieron detrás del telón de la “ética” y la “moral” que riegan por el mundo la Casa Blanca y el Pentágono, con sus líneas informativas comunicacionales y sus organismos transnacionales de espías y torturadores.
Recordemos: en la valijita del soplón del FBI y la CIA había ochocientos mil dólares. En las dos de escasa prensa: quinientas balas, en una, y seis detonadores nucleares, en la otra. Dos valijas, dos cargamentos, con implicados de alto rango del actual gobierno de Estados Unidos y el Pentágono. Reiteramos: tiembla la tierra y oscurece el horizonte. ¿Alguien dio la orden de callar? Puede que sí y puede que no. La mentira y el silencio conforman una unidad de sentido en el proceso de reproducción del capital, tanto material como simbólico.
Con la valijita del soplón, Antonini Wilson, se mantiene el asedio –política de desgaste- sobre la presidenta de la Argentina , Cristina Fernández de Kirchner y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías. En cambio con la valija que contenía 500 balas –enviada desde Nueva York a La Paz-, y la que transportó 6 detonadores nucleares –desde EE.UU. a Taiwán, para ponerlos delante de las narices de China- ningún acoso, nada de alboroto, ningún desgaste. Sí, asquerosas censuras y autocensuras.
El cargamento con las 500 balas, que pasó diferentes controles aéreos sin dificultades, se topó en el Aeropuerto de La Paz con un retén aduanero y al quedar descubierta la señorita encargada de la encomienda, apareció un justificativo irrisorio y ofensivo: “Los proyectiles son para la práctica deportiva” (Autor: Philip Goldberg, quien por muchos otros motivos más graves todavía, fuera expulsado, como embajador de EE.UU. en Bolivia, a instancia de una firme decisión del gobierno de Evo Morales).
Acerca de la valija, con el sello de la “guerra preventiva” y, por ende, con olor a sangre humana, el Pentágono dijo, de manera escueta, que los militares a cargo del operativo –apuntar a China desde Taiwán-, habían incumplido con algunas de sus responsabilidades. ¿Tan sólo eso?
Philip Goldberg se fue de Bolivia advirtiéndole a Evo Morales que había cometido un error al expulsarlo. Lo que en buen romance, en el diccionario de la diplomacia yanki, significa hacer explícita, a los cuatro vientos, una amenaza, también con olor a sangre humana.
Por su parte el Pentágono, “contrariado” por las “irregularidades” de algunos de sus miembros, afectos al terrorismo nuclear, presenta excusas de ocasión, sin modificar un ápice su despliegue guerrerista. El que, es de sencilla deducción, se intensificará siguiendo los pasos del descalabro financiero. A más crisis interna, más barbarie externa. Regla de oro de las metrópolis imperialistas.
En síntesis: la valijita de Antonini Wilson, las valijas de la muerte –una en La Paz , otra en Taiwán-, la amenaza de Philip Goldberg a Evo Morales y las insultantes “disculpas” del Pentágono, son conejos de una misma galera. Todo, como por arte de mafia.


(*) Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP)

25.9.08

Ignacio Ramonet: “El parto que está teniendo
Bolivia no es posible sin dolor”

Por Grover Cardozo Alcalá (*)

Sentado en una banca de la avenida Nobelvagen de Malmo en Suecia y en medio del V Foro Social Europeo, el escritor Ignacio Ramonet realiza una mirada a los duros sucesos que tuvieron lugar en Bolivia en las últimas semanas: “es normal lo que está pasando en Bolivia porque es normal que las clases sociales que dominaron el país se resistan a admitir que ese período tan feliz para ellos se terminó”.

En medio de activistas de toda Europa, Ramonet debate y comparte largas conversaciones sobre los desafíos que en el orden social esperan a Europa, en momentos en que el neoliberalismo duro empieza a hacer aguas en América Latina y otras regiones del planeta. Por unos minutos sacamos a Ramonet del Jesus parken, un espacio en el que resaltan las whiphalas donde tiene lugar el Encuentro Latinoamericano, que es parte gran Foro Europeo.

“Bolivia es parte de una serie de sucesos que conforman un fenómeno histórico que mueve a Latinoamérica a crear la sociedad que los latinoamericanos se merecen”, afirma mientras los organizadores lo buscan nerviosos para llevarlo al próximo seminario.
Lacónico y directo reclama para Bolivia el sentido común que es necesario a todo sistema político: “Para que una democracia funcione democráticamente, la minoría debe respetar a la mayoría, porque en eso consiste el pacto sobre el que funciona la democracia. Las minorías no tienen el poder, no ejercen el poder pero tienen el respeto del poder”, dice el autor de “La tiranía de la comunicación”.

-¿Qué lectura tiene Ignacio Ramonet de los problemas políticos y de violencia que sacudieron a Bolivia en las últimas semanas?

A pesar de las tergiversaciones que introdujeron los medios, yo diría que en definitiva es normal lo que está pasando en Bolivia porque es normal que las clases sociales que han dominado el país, que se han apropiado la riqueza y que explotaron a los trabajadores de Bolivia durante siglos se resistan a admitir que ese período tan feliz para ellos se terminó. Les cuesta reconocer que el gobierno actual tiene toda la legalidad porque ha sido elegido democráticamente y que ese apoyo ha sido reiterado en el referéndum con un resultado que no admite discusión.Por consiguiente Bolivia es un país que está en busca de justicia social hace mucho tiempo. El gobierno de Evo Morales aporta la esperanza de responder a esas aspiraciones de las masas bolivianas. No se trata de hacer nada extraordinario, sino sencillamente de repartir un poco mejor la riqueza, establecer avances que la mayoría de los países desarrollados conocen hace siglos: alfabetización generalizada, cuidado médico generalizado, derecho para los ancianos de tener una vejez igualmente digna, justicia para todos y fin de la discriminación étnica en particular hacia la mayoría indígena.

-¿El gobierno se mueve en los márgenes de la ley y entre aquello que le permite el estado de derecho?

Todos estos proyectos son perfectamente legítimos. Son proyectos que el pueblo boliviano está reclamando hace muchos anos y que el gobierno lo está aplicando tranquilamente con la fuerza que le da la legalidad democrática. Como siempre este es el enfrentamiento de los que llevan tanto tiempo reclamando justicia y los que no quieren perder sus privilegios.

-¿Hablas de que es normal lo que está haciendo el gobierno, y en esa consideración incluyes el costo de 30 muertos y muchos heridos?

Cuando digo normal, estoy señalando que no se puede poner en marcha un proceso de esta envergadura -dando por fin justicia a los reclamos de la sociedad boliviana- sin que ese proceso suscite reticencias, reservas y protestas por parte de aquellos que pierden sus privilegios de manera histórica y definitivamente, porque Bolivia está viviendo un momento en que la historia bascula, en que la historia cambia, porque ahora la historia se divide en dos. Antes de Evo Morales y después de él y por consiguiente ese parto no se puede hacer sin dolor. Es un parto que cuesta. El gobierno de Evo Morales y la autoridades que están llevando a cabo este cambio saben que habrá obstáculos en la marcha de semejante proyecto. Lo que pasa es que se trata de un cambio histórico que tendría que ser pacífico porque es legal, porque no ha transgredido ninguna legalidad y tampoco ningún principio fundamental. El gobierno está aplicando el programa para que el que ha sido elegido, que es un programa de reposición de la soberanía nacional. Un programa de repartición de la riqueza nacional un poco más equitativo y busca reducir el nivel de discriminación y racismo que existe en la sociedad boliviana. Todas estas, son aspiraciones perfectamente legítimas y normales que tendrían que haberse producido mucho antes. Eran las raíces de la Revolución del 52 abortadas por todo lo que paso después y se producen con 50 años de retraso. Por consiguiente la voluntad de la mayoría de la población de que esta vez no se falle, también es muy fuerte. Entonces la responsabilidad de estas muertes (30 campesinos) la tienen las fuerzas sociales que se resisten a este cambio y lo hacen utilizando métodos que no son compatibles con el debate democrático.

-¿Es un problema que se produce en Bolivia, pero alentado desde dentro y fuera de Bolivia?

Las fuerzas que se resisten el cambio tienen apoyos en el exterior del país. Muchas oligarquías latinoamericanas apoyan a estas fuerzas conservadoras porque otras oligarquías también están conociendo este proceso en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y en cierta medida en Brasil, Uruguay y Argentina. Estas oligarquías se dan cuenta que hay un fenómeno histórico poderoso que está moviendo a los ciudadanos latinoamericanos a que por fin se dé paso hacia un tipo de sociedad que los latinoamericanos merecen. Una sociedad de justicia, desarrollo, crecimiento y oportunidades para todos. El problema es que algunas personas, porque nacen en un tipo de familia o clase social, tienen más oportunidad que otras y eso no es normal.

-¿Que la desigualdad en América Latina va desde el punto de partida, lo que no es nada justo ni razonable?

Como punto de partida ya hay una desigualdad que no es normal. Eso no ocurre en una democracia verdadera, por lo menos no tan acentuadamente porque no se debe olvidar que en América Latina el abismo que separa a los más ricos de los más pobres es el más grande como en ninguna parte del mundo.

-¿Lo que sucede en Bolivia no sólo es efecto de fuerzas internas, sino también del exterior?

Todas las fuerzas progresistas y muchos ciudadanos y ciudadanas de buena voluntad, esperan que Evo Morales prosiga con cambios pacíficos sin que ninguna fuerza exterior contribuya a agravar y envenenar las cosas y desestabilizar a este gobierno.

-¿Algunos sectores en Bolivia, en la prensa y en la política, incluidos los prefectos opositores, afirman que quienes antes eran excluidos en Bolivia, ahora tienen la tentación de excluir a otros. A eso atribuyen sus movilizaciones incluida la que acabó en una tragedia?

Para que una democracia funcione democráticamente, la minoría debe respetar a la mayoría, porque en eso consiste el pacto sobre el que funciona la democracia. Las minorías no tienen el poder, no ejercen el poder pero tienen el respeto del poder, entonces las mayorías siempre tienen que tener el cuidado de guardar respeto a las minorías.Por otro lado el argumento que consiste en decir que aquellos que han sido discriminados durante siglos y siglos y que ahora están en el poder, “ahora nos van a discriminar a nosotros”, es un argumento clásico de todos los cambios históricos. Lo que ocurre es que antes estaban en mayoría y ahora son minoría y de repente estiman y piensan que los que llegan ahora al poder los van a discriminar, porque piensan que se van a comportar como ellos. Lo que están haciendo con ese tipo de pensamiento y lógica es confesar que cuando ellos tenían la mayoría no respetaban a la minoría y los discriminaban porque eran mayorías electorales en situaciones donde muchas personas no votaban, como sucedía en Bolivia. Entonces ese tipo de argumentación no se puede recibir porque nadie puede acusar a una personalidad como Evo Morales, cuya integridad moral, ética y tradición de lucha indican bien que es una personalidad muy respetuosa con todo lo que pueden ser minorías y personas. El sentimiento al que pertenece Evo Morales es un sentimiento humanista de respeto al ser humano. Entonces no lo pueden acusar de eso. Mas que acusaciones parecen acusaciones preventivas, como hay guerras preventivas, porque no se ha producido un racismo al revés. Lo que Bolivia ha conocido es el racismo de siempre y en particular contra los de siempre.

-¿La Cumbre de Unasur dio un sólido respaldo a la democracia boliviana y a Evo Morales, pero también recomendó que se instale el diálogo entre oficialismo y oposición? ¿Qué otros elementos debería tener ese diálogo que ayuden a superar la situación que se vive en Bolivia?

Yo creo que la reunión de Unasur ha sido un éxito para el gobierno boliviano porque el voto fue unánime. En América Latina nadie desea una desestabilización política o una intervención exterior. Eso pasó a la historia, a la historia de los gorilatos y América Latina afortunadamente está en otras vías y otras direcciones. Ahora la necesidad de dialogo es importante porque no se puede estar en contra y el hecho de que el presidente Lula haya estado de moderador es una garantía para todo el mundo de manera que se pueda avanzar dentro de la serenidad y la cordura. Bolivia no necesita más tragedias humanas porque ha conocido mucho de eso en su historia. Más bien necesita que de manera pacífica y solo con justicia social se llegue a la paz y sólo la paz permitirá la prosperidad para todos.

(*) Grover Cardozo Alcalá es periodista boliviano.

8.9.08

De festivales, ciclos y ferias

Por Maximiliano Tomas

No son tiempos sencillos para la industria editorial. Luego de años de bonanza, la inflación disparó el precio del papel, lo que, a su vez, impactó de forma directa en el costo de los libros. Así, mientras las grandes editoriales miden mejor la asignación de sus recursos, los sellos independientes debieron posponer para 2009 buena parte de sus lanzamientos de 2008 –en este contexto se supo, por ejemplo, que la editorial Interzona, que construyó uno de los catálogos más interesantes de las últimas temporadas, puso la marca y su catálogo en venta. Pese a todo, la oferta de eventos culturales y literarios de la segunda parte del año no sólo no decae, sino que se multiplica. Por un lado, Fernando Pérez Morales (Boutique del Libro de Palermo) y Damián Tabarovsky (Interzona) anunciaron una nueva edición del ciclo “Talando árboles”: tres días –miércoles 10 y martes 23 de septiembre; y el miércoles 8 de octubre, siempre a las 19– en los que se discutirá sobre medios y actualidad literaria.
En la primera jornada Alan Pauls, Fabián Casas y Alberto Díaz hablarán sobre narrativa argentina; en la segunda, Jorge Aulicino, Pedro Rey y Fernando Fagnani pensarán los relatos mediáticos; y en la última, el centro de reflexión será la edición independiente, con la presencia de Fogwill, Leonora Djament y Ernesto Skidelsky. Pero tal vez la mayor novedad del calendario 2008 sea la edición del Primer Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, presentado por el MALBA del 12 al 16 de noviembre y dirigido por Soledad Constantini y Pablo Braun (dueño de la librería Eterna Cadencia y del sello homónimo). Con el título de “Circuitos” –y a desarrollarse tanto en las instalaciones del museo como en una carpa para cuatrocientas personas que se montará especialmente–, se trata de un encuentro bianual que pretende, según sus organizadores, “reunir y acercar al público local con escritores, pensadores y artistas consagrados y emergentes de todo el mundo” a través de conferencias, debates, entrevistas públicas, lecturas, performances y proyecciones.
Si bien ya suenan objeciones que parecen atendibles –que un festival de literatura sea inaugurado por un filósofo, aunque sea de la talla de Gianni Vattimo; pero sobre todo que la entrada no sea libre y gratuita–, lo cierto es que la lista de invitados no es para nada despreciable: Pedro Lemebel, Alberto Fuguet y Alejandro Zambra (Chile), Nicole Krauss (Estados Unidos), Claire Keegan (Irlanda), Juan Villoro y Mario Bellatín (México), Santiago Roncagliolo (Perú) y Tomasz Piatek (Polonia) entre los extranjeros; y de la Argentina estarán Cristian Alarcón, Juan José Becerra, Eduardo Berti, Carlos Gamerro, Gonzalo Garcés, Martín Kohan, María Moreno, Andrés Neuman, Hugo Padeletti y Matilde Sánchez, entre muchos otros.
En el marco del festival se realizará un homenaje a uno de los escritores con más consenso y fanáticos de la actualidad, Roberto Bolaño (foto), en el que se analizará tanto su obra como su influencia en la literatura latinoamericana actual. Finalmente, la semana pasada, Horacio García, Carlos Alberto Pazos y Marta Díaz, de la Fundación El Libro, anunciaron el lema de la Feria del Libro de Buenos Aires 2009: “Pensar con libros”. Adelantaron que es probable que sea inaugurada por una mujer, y que intentarán invitar a Claudio Magris y Alessandro Baricco. Además, confirmaron que la nueva narrativa argentina tendrá una presencia destacada en la programación, con al menos tres mesas dedicadas a los escritores nacidos después de 1970. A pesar del contexto, entonces, se vienen meses agitados.

18.8.08

CHINA Y LA HISTORIA UNIVERSAL

Por José Pablo Feinmann

Y durante unos días, en China, los hombres jugarán a que se aman, a que el deporte todo lo puede, a que, después de todo, formamos parte de una humanidad que comparte un hogar común: la Tierra. China ha entrado definitivamente en ese espacio que Hegel le negaba, la Historia Universal. Lo hizo por medio de un desarrollo tecnológico (que es el alma del siglo XXI) que consiguió lo que buscaba: ser apabullante. El espectáculo de Beijing buscó decir: “Ahora venimos nosotros. Somos muchos y poderosos. Somos capitalistas de mercado y somos comunistas. Somos autoritarios. Somos agresivos. En menos de diez años dominaremos la economía mundial”.
Cierta vez, en los sesenta, Mafalda preguntó a su padre: “¿Qué pasaría si un día todos los chinos a la vez dieran una patada en el suelo?” ¿Qué pasaría? O reventarían el planeta. O el planeta saldría de órbita. O los mares se desbocarían. El poder de China siempre impresionó. Impresionó lo que impresiona a Mafalda: son muchos. En ningún lado son tantos como en China. Tiene 1300 millones de habitantes. Ahora se ha consolidado. Su economía tiene una pujanza de la que carecen casi todas las otras. Y este espectáculo de Beijing fue mucho más que la exultancia de un nuevo rico (como pudo parecer el de Barcelona en los ’90).
Fue, en muchos de sus pasajes, una exhibición de belleza. Le recordaron al mundo la riqueza, la densidad de su milenaria cultura. Porque los chinos son geniales en el arte del diseño y eso los convierte en uno de los pocos pueblos que pueden utilizar el avance tecnológico para hacer arte. Cuando los norteamericanos hicieron sus Juegos Olímpicos sentaron a 40 pianistas ante 40 pianos blancos. Todos tocaron la Rhapsody in Blue. Fue la peor versión de la historia de una partitura que casi no puede sonar mal de ninguna manera. Gershwin, en su tumba, no sólo ha de haberse revolcado, debe haber insultado gravemente a sus compatriotas. Fue la apoteosis de estética-Liberace. China, por el contrario, alcanzó, con el talento y la sutileza de sus diseñadores, momentos de exquisitez, de alto refinamiento.
Tengamos en cuenta que la finalidad última del espectáculo era decirle al mundo que ellos son poderosos y que se vienen con todo y nadie los detendrá. Pero supieron expresar esa voluntad de poder no sólo por medio de la aparatosidad, de la grandiosidad técnica, sino que se dieron el lujo de llegar a los niveles del arte, en ceremonias en las que casi nunca ocurre eso. Posiblemente haya sido la mejor fiesta de inauguración de los Juegos Olímpicos en toda su historia.
¿Qué sabemos de los chinos? ¿Por qué Occidente los mira como a invasores, peligrosos o no? Pero China vivió siglos encerrada en sí misma. Era un imperio que miraba hacia sí, solamente. Su Gran Muralla se hizo para frenar a los mongoles, pero es también un símbolo de ese Imperio: que nadie entre aquí. Nos bastamos solos. Este volverse sobre sí fue interpretado por los grandes filósofos de Occidente como una negación a participar de la Historia. Al ser Occidente una cultura colonialista siempre consideró que la Historia era su Historia. Que aquel que no se ligaba a su rumbo permanecía, no fuera de la historia occidental, sino fuera de la Historia, sin más. “La China y la India se hallan, por decirlo así, fuera de la historia universal (...) Ni en la China ni en la India hay progreso, tránsito a otra cosa (...) Desde que el mundo existe, estos imperios sólo han sabido desenvolverse dentro de sí. Son (...) los primeros y a la vez los inmóviles” (Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Alianza, Madrid, p. 221).
Para Hegel, “la historia debe comenzar por el imperio chino” (Ibid., p. 220). Pero este Imperio se de-senvuelve dentro de sí, es inmóvil. Sólo participa de la historia aquello que forma parte de su dialéctica. Si China no se une a la historia universal, si no entra dentro de esa dialéctica, queda condenada a la inmovilidad, se encierra y se mira meramente a sí misma. De aquí que la Muralla china tiene una significatividad más abarcativa: es una Muralla levantada contra la historia: no entrará en nuestro Imperio. Pero la historia habrá de jugar duro con ese Imperio. Porque habrá otro –gran productor de mercancías– que tendrá hambre de mercados, que fabricará tantas mercancías en sus ciudades industriales de Manchester y Liverpool que, si algún mercado se le niega, si alguno tiene la osadía de negarse a comprar sus mercancías, lo abrirá a cañonazos si es necesario. Esto hizo Inglaterra con China.
En 1840, los cañones ingleses “abatieron la autoridad del emperador y obligaron al Celeste Imperio a entrar en contacto con el mundo terrenal. El aislamiento total era la condición fundamental para la preservación de la antigua China. Como tal aislamiento tuvo un fin violento por intermedio de Inglaterra, la disgregación era tan inevitable como la que espera a una momia, cuidadosamente conservada en un ataúd hermético, cuando entra en contacto con el aire” (Karl Marx, La Revolución en China y en Europa, en New York Daily Tribune, junio de 1853). Sarmiento llamaba al Paraguay “la China de América”. Se sabe que la pequeña nación de Francisco Solano López se había cerrado al comercio con Inglaterra y buscaba un desarrollo propio. Esto le era intolerable a los liberales del Plata y armaron una guerra que fue la de la Triple Alianza.
Sarmiento (en Facundo) habría de decir que así como Inglaterra había abierto a cañonazos al viejo Imperio chino, los países de la Triple Alianza abrirían a cañonazos el obstinado encierro paraguayo. La verdadera financista de esa guerra fue la banca británica, que no toleraba mercados cerrados. Paraguay no era China, pero era un pésimo ejemplo en una América latina que Inglaterra requería abierta a sus intereses comerciales. En suma, China hace su entrada en Occidente para que Inglaterra introduzca en ella sus mercancías y para que el opio del Celeste Imperio se comercialice sin trabas.Pero los chinos vuelven a apartarse de Occidente con la experiencia maoísta y principalmente con la Revolución Cultural que esa experiencia promueve. Una Revolución Cultural china señala un camino autónomo, diferenciado del de Occidente.
Esta experiencia se recorre y fracasa y China pasa varios años en un segundo plano. No más, ahora ocupa el primero. Y tal vez debiéramos llamar a ésta otra Revolución Cultural. No es sencillo entender qué pasa en China. No parece haberse “occidentoxicado” como muchos creen. Su declarado “comunismo”, su autoritarismo, unidos a su economía de mercado dan un producto original, al que habrá que seguir observando porque la mayoría de sus aristas son fascinantes. De lo que no hay duda es de que, no sólo ya no está fuera de la historia, sino que ambiciona con ser la historia. Su vanguardia, su potencia más avanzada, o, en el menor de los casos, la única y verdadera competencia de Estados Unidos en el dominio estratégico del planeta.Entre tanto, abre en Beijing los Juegos Olímpicos con un espectáculo sin parangón alguno. Y uno de sus atletas más venerados, Li Ning, un hombre que ha ganado seis medallas en los juegos de Los Angeles en 1984, corre con la antorcha en su mano derecha para encender la llama que inaugurará los Juegos Olímpicos.
De pronto, inesperadamente, da un salto y vuela para llegar hasta ella, que está en lo alto, que parece inalcanzable, pero no: hacia ahí va Li Ning, volando, con su antorcha en ristre y enciende el fuego olímpico. Sin embargo, nada ha impedido que veamos unas cuerdas sosteniéndolo. Que descubramos que Li Ning no voló en realidad sino que lo hizo porque unas cuerdas lo elevaron hasta donde debía llegar. Ah, no: así cualquiera.
Creeremos verdaderamente en China el día en que Li Ning vuele como Superman. Pero no en los comics o en las películas. Eso ya lo hicieron los yanquis. Es en la realidad donde lo queremos ver volar a Li Ning. Hasta ese día, no estaremos convencidos del absoluto poder de la China del siglo XXI.

28.6.08

ACERCA DE LOS 16 DIARIOS MATUTINOS QUE SE OFRECEN EN LOS KIOSCOS DE BUENOS AIRES
SU MAJESTAD, EL DIARIO

Por Alvaro Abós (*)

Cuando se me ocurrió la idea de escribir este artículo, fui al quiosco y le pedí al diariero:

-Déme el diario.
-¿Qué diario?
-Todos.

Me entregó dieciséis ejemplares por los que aboné treinta y cuatro pesos con cincuenta centavos. Todo ese papel, que pesaba exactamente cuatro kilos ciento doce gramos, lo guardé en dos bolsas de plástico, que el quiosquero me regaló como atención. Así pues, cada día de la semana llegan a los quioscos de la ciudad de Buenos Aires dieciséis diarios matutinos. Ocho, son de interés general. Uno es deportivo; cuatro son económicos, aunque contienen información de otras áreas; uno sale en inglés, redactado e impreso en Buenos Aires; otro, en italiano, reproduce un diario de Milán y se vende junto al diario argentino que el lector tiene en sus manos; otro es la reimpresión para América latina de un diario de Madrid.
Por la tarde, se reparte gratis un diario a los viajeros del subterráneo: este único vespertino hace, pues, el número diecisiete. Los fines de semana, los diarios económicos no salen, pero lo hacen otros dos, en realidad semanarios, a los que el público llama diarios.
Algunos venden cientos de miles de ejemplares; otros... tan pocos que más vale ni mentar el tema. No está mal para un formato, el periódico diario, al que le pronosticaron mil veces su inminente defunción. Sobre el diario se han desencadenado las plagas de Egipto. Reinaba soberano en el siglo XIX. Pero en el siglo XX debió lidiar con la radio, el cine, la televisión. Ultimamente, con Internet y su blogosfera y el auge de la telefonía. El diario sobrevivió. El diario es como el libro, uno de esos muertos que gozan de buena salud. No sólo es actor de la vida social, puede ser protagonista de ella. El diario encierra una paradoja. Es un objeto a la vez trascendente y banal. Un diario puede provocar una crisis de gabinete, una corrida bancaria o directamente cambiar la historia.
Pero su vida es fugaz como la de algunas rosas que florecen y se agostan en pocas horas. El jueves 13 de enero de 1889, el diario L Aurore, de París, publicó el artículo Yo acuso , de Emile Zola, que desencadenó el affaire Dreyfus y marcó un hito en la historia de Francia. Al día siguiente, las verduleras del mercado de Les Halles envolvían la lechuga con esa página gloriosa. Un diario puede serlo todo durante 24 horas. Al siguiente amanecer, lo reemplaza la nueva edición. Pasa entonces a cumplir su segunda función: ser fuente de la historia, que no es, sino la reconstrucción de la vida que ha quedado apresada en ciertos documentos, y sobre todo en un inmenso mar de papel de diario. Esa función ya la cumplían los antiguos papiros, que Plutarco escrutaba para reconstruir lo sucedido siglos atrás. Hace poco releí Bel Ami , la novela de Guy de Maupassant, que narra la fundación de un diario en el París de 1870.
La actualidad del relato es asombrosa: crear un diario, entonces y hoy, es una aventura económica, política y humana. Una conjunción de riesgos y cálculos, de lectura de la realidad y predicción del futuro. Una mezcla de locura e inteligencia. A veces, un diario es la respuesta a un fracaso.
Bartolomé Mitre, a fines de 1869, se encontraba en una situación difícil. Había terminado su presidencia muy cuestionado, sobre todo por la guerra con Paraguay. Su economía personal, como lo cuenta el libro Bartolomé Mitre (1998), de Miguel Angel de Marco, estaba deteriorada. Con los mil ejemplares de LA NACION, el diario que salió a la calle el 4 de enero de 1870 y del que Mitre fue director y hasta tipógrafo, quiso reorientar su acción política y también obtener un medio de vida.
En 1913, Natalio Botana, de 25 años, había sacado Crítica , un vespertino que vegetó durante años sin pena ni gloria. En 1922, vendía 9000 ejemplares, muy poco frente a los 90.000 de La Razón . Entonces se le presentó una alternativa: o cerraba o se arriesgaba a sacar una quinta edición a las tres de la tarde, en abierto desafío a La Razón. Botana lo hizo y triunfó. Crítica no dejaría de crecer hasta el pico de 800.000 ejemplares, hazaña que consumó en 1939. Roberto J. Noble, antiguo diputado socialista, había sido muy criticado por ocupar un ministerio en el gabinete del controvertido gobernador de la provincia de Buenos Aires Manuel Fresco (1936-1939). Tanto fue así que, tras esa experiencia política, Noble se refugió en su campo y sólo al cabo de varios años volvió a Buenos Aires para, a manera de revancha, fundar en 1945 un diario al que bautizó Clarín.
Un paseo por el Buenos Aires de hoy nos muestra que la gente lee el diario mientras viaja en taxi, en colectivo y en subte, pero, sobre todo, lo lee en los cafés. Es una vieja costumbre con raíces en los cafés de Viena, Praga, París, Madrid y otras urbes europeas con las que Buenos Aires siempre tuvo sintonía. A veces, los cafés de Buenos Aires más parecen bibliotecas que lugares de tertulia. Miles de personas leen los diarios en Internet, lo que demuestra una vez más que los nuevos medios técnicos no se excluyen, sino que pueden convivir, y hasta aprovechar unos de otros.
¿Por qué ha sobrevivido el diario, un medio que es lento, costoso y difícil de producir en relación con la radio o Internet? Porque su capacidad sintetizadora para ordenar el caótico flujo de la información no ha podido ser reemplazada. En cierto sentido, los defectos del diario son sus virtudes. Un diario no es, sino una cabeza -o varias cabezas- que se han apartado, por lo menos durante unas horas, para pensar la realidad. Esa pausa es invalorable. Decía Walter Benjamin, en la segunda década del siglo XX, que la lectura del diario es la oración del hombre burgués. Hay gente que dice: yo no compro más el diario. Pero si no lo compra, lo leerá de ojito en el café, o escuchará sus contenidos por la radio o lo verá dramatizado en la TV. O se lo regalarán a la tarde en el subte.
El diario se ha convertido él mismo en una noticia. Sin ir más lejos, una huelga de redactores que privó a las tardecitas de París de esa costumbre que se llama Le Monde , fue recogida hace unas semanas como noticia por los medios de todo el mundo. Entre nosotros, también los diarios se convierten en noticia. La actual presidenta y su antecesor no parecen gustar mucho de los diarios y han erigido a algunos en contrincantes; pero, si los combaten, es que los han leído.
¿Puede un diario ser independiente del poder económico y del poder político, y subsistir? Me refiero a tener vida propia, no a vegetar. ¿Debe un diario limitarse a informar o debe opinar, involucrarse y criticar? No pretendo dar respuesta a estas cuestiones sobre las que se han escrito bibliotecas enteras. Sin embargo, daré mi opinión: la centralidad de un diario como actor social será proporcional a la tensión crítica que instale en su relación con el poder. No por un determinismo ideológico, sino porque esa tensión está en la naturaleza misma de un diario: el poder humano es falible y lo que hace un diario es iluminar con un foco de atención el entramado cotidiano del poder.
Un diario, si es bueno, si está bien escrito, si informa con rigor, si investiga, si opina con coraje, si recoge los debates de su tiempo y escucha lo que dice la calle, y también lo que la calle no dice porque circula por debajo de ella, será crítico incluso más allá de la ideología de sus editores o sus redactores.
* Escritor. Entre sus libros están "Cautivo" y "Cinco balas para Augusto Vandor"

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...