18.4.09

ARTURO CARRERA: ‘LA POESÍA ES ARTE DE ESPERANZA; RESTAURAR UNA ESTACIÓN DE TREN, TAMBIÉN’

A VECES, LOS SUEÑOS Y LOS DESEOS NO QUEDAN SÓLO ATRAPADOS EN LA ESCRITURA. EN EL CASO DE ARTURO CARRERA, INVOLUCRADO EN CUERPO Y ALMA EN EL RESCATE DE LA CULTURA DE UN PUEBLO DE LA PAMPA HÚMEDA, LAS UTOPÍAS SON POSIBLES.

Por Claudio Martyniuk


Algunos pueblos chicos conservan el gesto antiguo, una luminosidad tenue, un ritmo marcado por el contraste insistente de la pausa. Antes el silencio y la geografía eran cortadas por el tren. Pero las estaciones vacías se convirtieron en monumentos nostálgicos. Aunque no siempre, no en todos los pueblos, ya que algunas han encontrado nuevas formas de respirar, con poéticas y políticas que desde la nada residual prefiguran otros modos posibles de existir. La recuperación, el aliento vital, tienen procedencias a veces extrañas, que rozan lo imposible y toman por asalto las ruinas.
El poeta Arturo Carrera es protagonista de la historia de una estación que atravesó su infancia -Quiñihual, en la zona agrícologanadera de la Provincia de Buenos Aires-, se hizo poesía y ahora deviene espacio cultural, centro de traducción, lugar de hospitalidad.

- El ferrocarril ha sido un emblema de la civilización. En medio de ramales clausurados o que apenas son transitados, quedan estaciones, como Coronel Pringles o Quiñihual. Estos espacios, ¿qué guardan, qué conservan, qué alimentan?

- Estos últimos años, en mi recorrido por las cuatro estaciones que signaron mi infancia (Lartigau, Quiñihual, Pringles y Krabbe), todas en ruinas (abandonadas, saqueadas, vacías), experimenté, acaso tarde, lo que me pone en alerta contra la poesía como "trabajo artístico". Contra la poesía como la leí en ciertos contemporáneos. Contra la poesía alejada de la vida. Como si la comprensión, para mí, al evaluar el sentido de un lugar donde hubo un "atisbo de civilización" -vos hablás de emblema de la civilización y las estaciones lo eran- llegara desde ese vacío. Es lo que el poeta Giorgos Seferis vivió en Asiné, el lugar de cuyo rey se habla una sola vez en la Ilíada, y donde Seferis concluyó que aquel páramo, después de la civilización, como aquel otro que había visto en Seleucia, no era para él sino una "invigorating emptiness", el vigor que da el vacío, y la posibilidad que éste abre para el que busca una verdad nueva. En mi caso, esa verdad es la poesía de la acción.

- ¿Por ejemplo?

- La comprensión de esa idea nueva también se la debo a Chiquita Gramajo -musa o Gradiva para mí- quien desplazándose por entre las ruinas de la estación Quiñihual dijo: "aquí hay que hacer un centro de traductores". Y eso fue como buscar en la herrumbre, una vez más, el ferrocarril, su movimiento; e insistir como la poesía misma, contra la memoria de lo "ignoto". Fue como nutrir allí, en Quiñihual, el aoristo de los momentos e "ilusión poética", el deseo simple de ser.

- Aoristo, un tiempo verbal del griego, significa "sin horizonte". ¿Pero todavía puede haberlo?

- La poesía, como yo no la entiendo pero es, en esta distracción discontinua de los días, es un arte de esperanza, o para utilizar el título de un poema de Yves Bonnefoy, es la tarea de la esperanza. De las utopías. Las utopías están sobre todo como el polvo vestigial sobre las cosas, sellando imperceptiblemente su apariencia. Fourier y sus mundos utópicos parecían disolverse y desaparecer al cerrar sus libros; pero fue el efecto de esa disolución lo que creó luego la magnífica cita de Italo Calvino cuando escribe: "La utopía que yo busco hoy no es más sólida que gaseosa: es una utopía pulverizada, corpuscular, en suspensión." Las utopías actuales quizá sean eso: pura energía corpuscular en suspensión.

- ¿Cómo es esta utopía suya?

- Nuestra asociación Estación Pringles, que presido con Juan José Cambre, fue planteada como una utopía corpuscular, una utopía realizable en la pampa húmeda. El abanico de proyectos que impulsa incluye actividades con escuelas rurales, otra utopía que está en marcha.

- ¿Por qué habría que ir a Pringles, si no es Delfos?

- Esa es la conclusión de mi poema: "Vengan a Pringles; ya sé, no es Delfos." Claro, no es Delfos pero al escribir ese poema, Casa del fauno, pensé en la idea del xenófilo (el que ama al extranjero) opuesto al xenófobo (el que odia a los extranjeros). Para los griegos la palabra 'xenos' quiere decir a la vez extranjero e invitado, amigo que se recibe por hospitalidad en la casa de uno. En eso pensé para nuestro lugar, en Pringles, como un anhelo. Que lleguen invitados, que lleguen extranjeros. La diferencia con Pringles está en la ausencia de templos para un oráculo, como fue el caso de Delfos. Siempre me gustaron esas palabras de Eurípides cuando dice que para los griegos es costumbre recibir a los "arruinados por el mar" y entregarles regalos de hospitalidad, incluso ropas. Me contó el poeta Arnaldo Calveyra (en Pringles) que visitando Delfos de muy joven quiso pasar la noche al lado del templo, y así lo hizo. Al despertar, alguien había dejado a sus pies una bandejita con leche, pan y queso de cabra.

- ¿Una posta poética puede ser popular?

- Es interesante tu pregunta porque a veces suele confundirse nuestra apuesta con una invasión, con una "colonización". Entender todo el proyecto como una estetización de lo popular es un error o una tergiversación maliciosa. Desde el comienzo buscamos todo lo contrario. Una acción poética que no descontara la vida. Acaso porque la cultura y lo popular como entendieron también Eliot o Pasolini o Giacometti no son sino la manera de volver a centrar nuestra conciencia en los gestos mínimos de la vida humana.

- ¿El compromiso con Pringles es un modo de hacer justicia con el pasado?

- No se trataría de eso. La escritura, según creo, trabaja con el aoristo. El aoristo era el tiempo verbal que le asignaba un valor instantáneo al ahora, como una especie de carpe diem, cosecha el momento. ¡Carpe el día, piensa vagamente en el venidero! Pero aquí se trata de momentos: ¡Carpe el momento! El aoristo convierte todo en momentos, es decir, considera la acción como un momento: mira una acción entera como algo que sencillamente ha sucedido para siempre, como la infancia para Pavese. Ahora, en la acción, este verano, trabajamos en el aoristo de las tareas de restauración de la estación Quiñihual. ¿El aoristo puede apartarse de la acción verbal? A mi juicio, sí. La tarea misma de la infancia revisitada continuamente es eso. El aoristo está allí donde no hay horizonte, pero alguien habla. Donde bastaría dibujar el invisible horizonte en diferentes mapas, como lo hacía Joyce según su hermano Stephen.

- Los trenes, las estaciones, ¿qué pueden decir de esa infancia que desapareció?

- El tren, para todos, las estaciones, para nuestras infancias, si puedo decirlo así, fueron lo maravilloso mismo, una especie de linterna mágica lentísima sobre la ajena velocidad de los caminos y los viajes. Me acuerdo de mi primer viaje en tren, con mi padre, a Bahía Blanca. Había visto su partida tantas veces desde la terraza de mi casa, con el humo de la locomotora del tren que lo llevaba a Lartigau, entre el azul de las sierras, al atardecer y me entristecía. Pero ahora estaba yo en la boca de esa giganta de hierro que escupía vapor. Estaba en ese ruido, en esa despedida sospechosa y feliz, en esa inquietud de la llegada, en la campana y silbato de cada estación. En fin, hasta el coche mateo y su caballo que tomamos al llegar a Bahía Blanca son la infancia y el ferrocarril.

- ¿Qué se hace en Quiñihual?

- El nombre Quiñihual proviene del arroyo que surca las tierras donde está la estación y donde dicen que vivió y murió el cacique Quiñihual, un indio fuerte y tozudo que no quiso abandonar su lugar ante el embate cristiano. Hacia los años 30, Quiñihual contaba con varias viviendas, una escuela, destacamento policial, comercios de diversos rubros y dos herrerías. Después del cierre del ferrocarril se produjo un despoblamiento del lugar. En la actualidad sólo funciona un antiguo almacén atendido por Pedro Meier. Nuestra "utopía realizable", porque ya se está realizando, es crear un centro descentrado: ni Buenos Aires ni Bahía Blanca sino Quiñihual, prueba de soledad en el paisaje. El Espacio Quiñihual, como se llama, se propone fomentar la producción literaria y artística y el intercambio creativo con la comunidad. También estimular la producción de los jóvenes escritores de la provincia de Buenos Aires (lo que está ya sucediendo con nuestro Premio literario Indio Rico) y generar (con la estación y sus viviendas) un lugar físico para recibir visitantes nacionales y extranjeros mediante un programa de residencias.

- Aira, Piglia, usted ..., ¿por qué la escritura argentina más exquisita se compromete en esta "fijación efímera" del proyecto que promueven?- Creo que tanto ellos como asimismo Daniel Link, Sebastián Freire, Edgardo Cozarinsky, Diana Aisenberg, Prior, María Moreno, Alan Pauls, Sergio Chejfec, Mario Bellatin, Kuitca entre los "amigos famosos" que nos ayudan con su presencia, comprendieron que no sólo a los "insignes artistas" roza este proyecto, sino que sus diferentes ramales (valga la metáfora ferroviaria) han producido ya muchísimo interés y participación en la región y en el exterior.

- Este compromiso que vincula y hace de manera muy local, ¿es un culto a la amistad?, ¿es una forma mínima y posible de política?

- Todo eso junto. Si esto fuera más que un sueño escrito, cabría recordar esas palabras de Barthes de que todo adjetivo lleva, como una hormiga, su carga de ideología. Y esto es un baile en piso de tierra para el hormiguero de los adjetivos: ¡Qué maravilla inmigrante! ¡Qué utopía descamisada! ¡Cuánta felicidad irrefutable!.-

28.3.09

De eso no se habla (y de lo otro, demasiado)

Por Tomas Abraham

Uno de los componentes primarios del funcionamiento de los medios masivos de comunicación es el manejo de los silencios. No digo de los temas, porque el control al que aquí se hace referencia no es el de la alternancia y la prioridad de los temas, sino de su supresión.
Llama la atención que aquello que era un debate abierto hace poco tiempo, hasta comenzada la crisis con el campo en marzo de 2008, haya desaparecido de los grandes medios. Existía una polémica acerca de los efectos del monocultivo de la soja y de sus consecuencias en una diversidad de ámbitos, tanto naturales como sociales.
Ahora nadie discute sobre la conveniencia de sembrar soja hasta en las banquinas de las rutas. Es un tema soslayado, olvidado, anacrónico. Los problemas de la desertificación y la erosión de los suelos, de la tala indiscriminada de los bosques, de la desaparición de producciones tradicionales como la carne y la leche o el trigo, el de la expulsión de la mano de obra –mucho más extensiva en otras producciones rurales como la lechera, y muy reducida en la producción de soja– han sido corridos del escenario.
El Gobierno a veces recurre al problema, pero como es parte de todos los chanchullos que inventa semanalmente en su lucha contra los sectores agrarios, se pierde en el maremágnum de argumentos encimados.
Por lo visto nos morimos sin el monocultivo. Sin soja a raudales en los silos, sin el poroto totalmente desgravado, parece que el país se va a pique. Si el Gobierno accediera al pedido de la Mesa de Enlace –retenciones cero para la soja–, dicen que la economía volvería a crecer, las industrias metalmecánicas a reiniciar con intensidad actividades paralizadas y a tomar personal recientemente despedido o suspendido, los pueblos del interior de nuevo a florecer, y las provincias a apaciguarse.
Es probable que todo esto sea otra gran mentira. El país está en crisis y seguirá en crisis, porque no todo es soja, una gran parte es política, la de siempre, la suicida. La responsabilidad de esto no es sólo del Gobierno. No será la primera vez que por estos callejones sin salida en el que se meten personajes enloquecidos y acelerados, la carrera termine en donde terminan estos pasajes urbanos, en el choque contra un muro. Resultado: el país nuevamente en el hospital.
En mayo de 2006 fui orador de un congreso de la Federación Agraria cuando Buzzi era amigo del gobierno. Me pidieron en los pasillos que no fuera muy duro con los K.
De todos modos, mi crítica al gobierno era puntual, ya que descreo de las oposiciones en nuestro país porque por lo general son incapaces de gobernar. Me refería a la necesidad en la Argentina de un control sobre los manejos de los fondos públicos, de la urgencia de construir un Estado medianamente confiable, que esa confianza partía de la transparencia del uso de los dineros que se extraen del trabajo social, y que, finalmente, hasta que no asumiera el poder constitucional un personal gubernamental que representara esta realidad de honestidad a la vez que de eficiencia, ni la sociedad ni los ciudadanos mejorarían colectivamente mientras exista un Estado corrupto.
Desde ese punto de vista, me parecía que entre Menem y Kirchner había una línea de continuidad.
El público compuesto por pequeños productores dedicados a las actividades más diversas, horticultores, productores de frutas, de la industria láctea, etc., se expresaron y, entre otras cosas, decían que si había algo que realmente no les preocupaba era el tema de las retenciones a la soja. Por el contrario, recuerdo que decía uno del sur: “Mejor que cobren retenciones a los grandes y que esa plata la redistribuyan en créditos para nosotros”.
La verdad es que el tema de las retenciones a la soja no parecía preocuparles lo más mínimo a los representantes de la Federación Agraria ahí reunidos, mientras Buzzi no se sentía muy a gusto con mis críticas al uso y abuso de los fondos públicos de parte del gobierno de Kirchner.
Y ahora cambio de tema. Hablemos de algo más complejo que la astrofísica, hagamos un posgrado en comunicación para estar a la altura del asunto, me refiero a la Ley de Radiodifusión.
Desde mi punto de vista, la cuestión nada tiene que ver con la libertad de prensa ni con la captura de las mentes de los argentinos. A mí, Clarín nunca me engañó, pero no porque sea un gran vivo ni un ilustrado en estado de alerta, sino porque los diarios no engañan a nadie. Los lectores eligen los diarios de acuerdo con lo que los entretiene, según su opción política, aspiración cultural y medio social. El señor que toma su lágrima en La Biela lee La Nación, mientras en un café de Villa Lugano no se ven diarios en la mesa como en Starbucks. El futbolero va a Clarín a ver cuántos puntos le puso Pagani a Montenegro, el porteño setentista compra Página/12, mi familia lee PERFIL, y el noventa por ciento de la gente no lee los diarios.
Tampoco la tele engaña, la tele cautiva, pero sólo hipnotiza cuando estamos sentados en casa o mientras pinchamos un raviol. Los medios pueden hacer una campaña estruendosa sobre la inseguridad, hablar de Susana Giménez veinte horas por día, montar una operación clamor sobre la pena de muerte, y juntan apenas la mitad de la gente en Plaza de Mayo que un recital de Los Piojos, y con resto a favor del grupo.
La Ley de Radiodifusión es un asunto de dinero y de poder, pero nada tiene que ver con nuestra capacidad o interés informativo. Por eso es un negocio, podrán reducir poder económico a unos, entregárselo a otros, aumentar frecuencias, licitar lo que fuere, pero no nos usen a nosotros, a los clientes, a los ciudadanos, como cebo para los negocios del poder. Oficialismo y oposicion se disputan nuestra protección en nombre de la libertad; en vano, pueden descansar, no la perderemos por un cambio de bolsillos.
Hace tiempo que la información hay que buscarla y aprender a leerla. El problema de los sistemas comunicacionales y de la recepción de la información que circula en la actualidad debe ser parte de una política educacional. Buscar, cotejar, diversificar, pensar, multiplicar, eso ya podríamos hacerlo, hace rato que tenemos los recursos técnicos y culturales para estudiar la información.
La lectura de la actualidad debería ser una asignatura imprescindible del sistema escolar. Tan importante como la enseñanza de la historia. Requiere profesores con coraje intelectual, sin pereza ni esclerosis ideológica.
No se trata sólo de semiótica sino de filosofía, de los dilemas de la acción y de la argumentación en las tensiones entre la verdad y el poder.
Ninguna ley frenará el poder de los medios ni ningún predicador nos hará creer que un observatorio o un grupo de asesores o burócratas vestidos de progresistas nos garantizarán el pluralismo. La garantía del pluralismo está en nosotros, los lectores.

21.3.09

"La derecha se quedó sin su norte"

Según Sader, la derecha latinoamericana dejó de tener una alternativa para ofrecer y perdió la orientación de Estados Unidos. El experto brasileño señala que los gobiernos progresistas de la región tienen como más férreo opositor a los medios.

Por María Laura Carpineta

Emir Sader pertenece al reducido grupo de pensadores latinoamericanos que prefieren ver el vaso medio lleno. Aunque en su rostro se nota que no es un ferviente defensor, no le gusta criticar a los gobiernos más moderados de la región, especialmente el de Luiz Inácio Lula da Silva y Cristina Fernández. “La oposición a esos gobiernos no está a la izquierda, sino a la derecha. El intelectual puede decir lo que se le dé la gana, pero la realidad te polariza”, señaló el filósofo brasileño, en su oficina en la sede porteña de Clacso, el centro de estudios latinoamericanos que dirige.

–Usted habla de tres monopolios en América latina: el de las armas, el dinero y la palabra. Este último, según su análisis, es el más sólido.
–Es más que el control de la palabra y la información; es el monopolio de un estilo de vida. Es el estilo de vida Hollywood, que nos dice quién es bueno, quién es malo, qué debemos consumir... nadie le disputa la hegemonía a ese enorme aparato. La mayor fortaleza de Estados Unidos no es su fuerza militar ni su fuerza económica... es su cultura.
–Pero el monopolio de la palabra también se refiere a los grandes medios de comunicación locales.
–Sí. En Brasil casi toda la prensa cotidiana es parte de una oposición sólida al gobierno de Lula. Sin embargo, el presidente tiene 84 por ciento de apoyo y sólo cinco por ciento de rechazo. Para los gobiernos progresistas de la región, los medios son hoy el frente opositor más sólido. En muchos países, Argentina entre ellos, son unos puñados de familias que se pasan las empresas de padres a hijos. Identifican la libertad de prensa con la prensa privada; determinan si un país es democrático si tiene elecciones, partidos políticos y... empresas privadas.
–Ante el aparente debilitamiento de la derecha, ¿esos medios de comunicación están ocupando el rol de opositores?
–¡Es que son políticos! Las derechas latinoamericanas se quedaron sin su Norte. No tienen una alternativa clara para ofrecer y perdieron la orientación de Estados Unidos. Localmente sólo les queda el enfrentamiento con los gobiernos, con el proyecto de integración regional. Como no tienen planteamientos propios, sólo pueden combatir e inviabilizar los avances de los gobiernos, que a pesar de no ser iguales la mayoría comparte un rechazo abierto a los Tratados de Libre Comercio. Además, hoy más que nunca, Estados Unidos no es un buen socio.
–¿No hay posibilidad de un acercamiento comercial con Estados Unidos bajo el nuevo gobierno de Barack Obama?
–Lo que plantearon Obama y Lula en la reunión en Washington fue el saneamiento de los bancos y la expansión del crédito, no la promoción del comercio. Y en la reunión de Trinidad y Tobago tampoco va a ser el tema central. La cumbre va a empezar así: “Good morning mister president... and Cuba?” Ahí veremos qué tipo de estadista es el nuevo presidente norteamericano.
–Para usted, Venezuela y Bolivia están viviendo un posneoliberalismo. ¿Argentina también?
–Brasil, Argentina y Uruguay tienen hoy gobiernos contradictorios. Menem era absolutamente coherente, como lo era Cardoso. Hoy son más contradictorios; heredan modelos y los mantienen en parte. Conservan el modelo financiero, los agronegocios; pero no el modelo económico porque retoman las políticas de desarrollo, que habían sido sustituidas por la estabilidad monetaria. En lo que cambian –política exterior, programas sociales– son mejores. Frente a esto, en Brasil la izquierda adoptó dos opciones. Una es decir que Lula es el mejor administrador de neoliberalismo y, por lo tanto, hay que destruirlo para poder construir una izquierda sana, pura... Esa es una posición derrotada porque pelea contra la realidad. Lula no es Cardoso. La otra posición es que es un gobierno contradictorio, con un sector progresista y un sector conservador. Uno tiene que sumarse a uno de ellos y pelear porque ese predomine. La oposición a esos gobiernos no está a la izquierda, sino a la derecha. El intelectual puede decir lo que se le dé la gana, pero la realidad te polariza.

2.2.09

Dos a entenderse

Por Rafael Bielsa

El 10 de enero se posó sobre mi correo electrónico un texto del señor Federico Morgenstern, titulado “Querido Mundo”. Leí: “… entiendo que estés molesto con nosotros los judíos, y sobre todo desde que tenemos Israel”. Se refería a la ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza: “…hoy te molesta la represión a los palestinos. Mucho antes hemos molestado a los señores feudales, a los cruzados, a los reyes de España, a la Iglesia Católica de Roma, a Martín Lutero, a todos los gobernantes de Europa, al pueblo alemán... Fue debido a que nos sentimos molestos por molestarte, que decidimos establecer un Estado judío. Entretanto, y siendo apenas el 0,02% de tu población, te dimos más del 20% de los premiados con el Nobel. Aparentemente, querido Mundo, sos muy difícil de complacer. Nunca antes te habías mostrado tan interesado por la suerte de nadie como por la de los palestinos. ¿Por qué esta solidaridad cuando se enfrentan con Israel? ¿Por qué, querido Mundo, tus prestigiosos intelectuales comparan el Holocausto con un levantamiento armado que en dos años ha causado más de mil víctimas israelíes? Estás muy enojado porque no renunciamos a las tierras ganadas en 1967, a las que accedimos venciendo con nuestra sangre a la agresión de todo el mundo árabe. Ponete por un momento en la piel de un judío. El mismo odio, el mismo grito que oímos hoy: ¡Itbaj-el-iahud! (‘¡masacrar a los judíos!’), fueron escuchados muchas veces. Luego de la Conferencia de Evian, en 1938, cuando la mayoría de los países puso excusas para no recibirnos, Chaim Weizmann, el primer presidente de Israel, dijo con tristeza: ‘El mundo parece estar dividido en dos partes: una donde los judíos no pueden vivir y la otra donde no pueden entrar’. Ahí aprendimos que dependemos de nosotros mismos. Todas aquellas matanzas, todo aquel viejo antisemitismo, toma hoy la forma de antisionismo donde subyace la misma judeofobia de siempre. Pero no lo dudes, haremos todo lo posible para permanecer en nuestra propia tierra. En cualquier caso, Mundo, si te molestamos, acá hay un judío al que no le importa”.

El 11 de enero le envié una respuesta: “¿Y qué pasa, señor Morgenstern, con un individuo al que lo consternan las matanzas en Gaza, y le sucede lo mismo con el Holocausto, con el exterminio del pueblo armenio, con los niños de Sierra Leona, con el aplastamiento en el Tíbet? ¿Qué pasa con un individuo que lee a Primo Levi, a Semprún, a Agamben, a Assouline, tratando de entender lo que no debe suceder nuevamente? ¿Qué pasa con quien puede decirle de corrido lo que les hicieron los ‘nacionales’ a los judíos republicanos? ¿Forma parte de ese mundo que se calló desde Versailles hasta la Segunda Guerra ante lo que pasaba en Alemania? ¿Puedo sentirme molesto, pero no debo criticar una decisión del Estado de Israel? El Estado de Israel no es el pueblo judío inmemorialmente supliciado. Ni es el heredero de lo que no se hereda, de lo que por su excepcionalidad no tiene heredero. Sólo por eso puede dar la espalda a lo que de otro modo sería su herencia: las mejores enseñanzas humanistas de Spinoza, Kafka, Arendt, y miles de otros que nunca usarían el argumento de que los palestinos se escudan detrás de sus hijos. Baremboim también es judío, y Chomsky, y Juan Gelman. Lo que opino es que esta carnicería debe cesar”.

11 de enero; Morgenstern: “… convengamos en que la inmensa mayoría de los críticos de Israel no son humanistas a su modo y que el doble estándar al cual se somete a Israel es evidente. Las críticas equiparándolo con el régimen nazi serían risibles si no fueran demenciales y peligrosas. Sabemos que los árabes israelíes gozan de mayores derechos en Israel que en cualquier otro país de Medio Oriente. Además, ¿qué guerra es proporcional? Si yo le pego a Tyson un codazo en la nuca mientras él mira para otro lado, obviamente me va a moler a trompadas después. Si saben que Israel tiene el poder bélico que tiene, ¿para qué tiran misiles a través de los años a una población civil desarmada? A la mayoría de la gente no le pido que discrimine entre una foto de un chico ensangrentado y un contexto histórico y político-militar complejo, pero a usted se lo exijo. A usted le pido que no sea un homo videns más, sino el homo sapiens que debe ser. ¿Es un invento que los palestinos se escudan detrás de sus hijos? ¿Algún otro ejército en la historia tomó tantas precauciones para minimizar las bajas civiles del otro bando? Se les dio Gaza hace más de tres años y lo único que hicieron fueron túneles para ingresar armas. No logro explicarme por qué no fueron capaces de construir refugios para la población civil, como en Ashdod o Sderot o Ashkelon. ¿No será que les interesa que muera la mayor cantidad de mujeres y niños posibles? No le escuché a usted decir nada respecto de los miles de misiles que cayeron en Israel”.

12 de enero; Bielsa: “… quizás habría que comenzar por una pregunta: ¿cuál es, según su modo de ver, una solución para el conflicto, algo que sea diferente de echar una de las fuerzas armadas mejor equipadas de la Tierra encima de los millares de personas que viven en la Franja de Gaza y que votaron mayoritariamente por Hamas? Sólo pido algo distinto de lo que dijo John Bolton: ‘La opción de los dos Estados es imposible’. No hay diferencia entre Bolton y Hamas, salvo la vereda en la que se colocan. Si la tesis consistiera en que Israel fue provocado para que pasara lo que está pasando, y que Mahmoud Ahmadinejad, Bashar al-Assad, Al Qaeda y decenas de personas y grupos añadidos se están frotando las manos, la pregunta sería: ¿por qué cae en la trampa Israel? ¿Por qué en este momento? ¿Maimónides es comparable con Benjamín Netanyahu? ¿Hannah Arendt con Tzipi Livini? ¿Los de ahora han heredado las mejores tradiciones o la peor lectura de la experiencia? Ashdod o Sderot o Ashkelon no tienen punto de comparación con Jabalya. Vea las fotos”.

12 de enero; Morgenstern: “…tengo conocidos en Sderot que me cuentan cómo es vivir allí. Para el resto del mundo tal vez sea aceptable que un judío tenga que vivir así y si tenemos que esperar que la civilización occidental y las Naciones Unidas hagan algo para protegernos, el final está cantado. El Estado de Israel es un país como los demás que tiene derecho a contraatacar cuando es atacado. Nuestro deber no es solamente recordar a los muertos, sino proteger a los vivos. ¿Spinoza o Arendt dejarían que la lluvia de misiles palestinos les caiga encima sin hacer nada? ¿Lo considerarían ‘humanista’ los habitantes del sur israelí?”.

Epílogo efímero. Barenboim, en la Argentina, agosto de 2004, homenaje del Centro Islámico local: “… no me puedo imaginar un centro islámico, no sé, en Inglaterra o en Alemania, que tenga este gesto (…) y los felicito a ustedes y me felicito a mí mismo y a todos, de que esta característica sea parte de la Argentina. Esa es la primera razón por la que me conmueve mucho estar aquí hoy y que me honren de esta forma”.

Si hay que recordar, recordémoslo todo.

3.1.09

Casi nada



Por Rafael Spregelburd


Un vendedor de fósforos, como un cordero extraviado, se instala en el jardín donde desayunan Edward y Flora. Su mudez desata el derrumbe, una caída en cámara lenta que incluye un pony que emerge sigiloso de las nieblas del pasado.

Rose y Bert alquilan una habitación. A Rose le gustaría que esta pieza fuera el refugio donde el pasado –informe y huidizo como las palabras– no pudiera alcanzarla. Pero un hombre que vive en el sótano la llama por su nombre, incitando a las cosas a ser otras, otras que tal vez nunca hayan sido.

Albert Stokes es humillado por su madre y por unos invitados en una fiesta, así que opta por desquitarse, tan erráticamente como les es dado a los perdedores, con una prostituta que atesora una foto propia de cuando era niña, y la presenta como su hija.

Dos asesinos a sueldo esperan en un sótano las instrucciones para matar, pero sólo reciben pedidos de comida a través de un montaplatos. Deeley está casado con Kate. De pronto reciben la visita de Anna, una vieja amiga de ella. Esposo y amiga compiten por construir una versión de Kate que los incluya, porque el pasado ocurre todo el tiempo, y es probable que el presente se desvanezca, y ellos con él.

Harold Pinter se ha ido. No voy a despedirlo. Opto por mencionar esos rincones oscuros que vuelven a mí cada vez que pienso que el teatro es algo grandioso, imprecisable y balbuceante frente a la inmensa, tosca y pétrea injusticia del mundo. Se lo rotuló hace tiempo como “un teatro de amenaza”. Supongo que fue peyorativo. Una manera de decir: es un teatro que “amenaza” con acontecimientos que nunca ocurren. Pinter hizo mucho más que eso: le dio al teatro la posibilidad de la sutileza, algo sin lo cual nuestra actividad sería hoy una pieza de museo. ¿Por qué escribía Pinter una nueva obra? “Para corregir los errores de la anterior.”
Simple y cautivante. Implica saber que cada obra es imperfecta e inacabada, y que lo importante no tiene que ver con la producción de mercancías (u obras) sino con el proceso irracional que nos lleva a querer depurarlas. Sin ser religioso, Pinter le ha prestado al teatro de este siglo la capacidad de trascendencia que se basa en el carácter amorfo y sagrado de lo no dicho y de lo que ocurre fuera de las palabras. Pinter se retira. El autor vivo más importante de mi época empieza a vivir eternamente en cada silencio de Kate, en cada balbuceo de Rose. Pinter ya es infinito, y allí a donde va lo esperan Beckett, Chejov, Williams. Imagino que no se dirán nada. O casi nada. Ya entregados a la contemplación pura. Y sin el estorbo fútil de las palabras.

Se fue un tipo extraordinario

Su documento de identidad decía que mi viejo nació un 25 de agosto de 1933, aunque en realidad su cumpleaños era el 23 de agosto, se ve que ...